En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

Facebook / Twitter

Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

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20100728

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El decálogo de Café y Twitts

Con motivo de la publicación del libro Líneas desde el páramo y la celebración del III Café y Twitts el administrador de este blog y autor de dicha obra propone a los participantes en el evento un experimento. A partir del artículo Manual de supervivencia, que se encuentra recogido en el libro y que se reproduce a continuación, se pide a los asistentes al III Café y Twitts que de cara a la próxima cita, en septiembre salvo impedimentos de última hora, escriban su propio decálogo acerca de la ciudad que en alguna ocasión les acogió, o aquella en la que nacieron.


Con el conjunto de textos se confeccionará un libro colaborativo que se publicará en la plataforma digital o editorial que se estime oportuna, y bajo un título que habrá de decidirse durante este III Café y Twitts.


Manual de supervivencia fue escrito durante la etapa albaceteña del administrador de Al mismo que me condena, durante la cual ejerció como periodista en diversos medios y fue editor de su propio proyecto web, la primera etapa de Confidencialba.


Mi muy querido amigo: enterado quedo de tu próxima visita a las llanuras manchegas, y sorprendido doblemente. Primero, porque unir como elección Albacete y mes de agosto es una unidad de destino más friki que la que proponía Falange “en lo universal”. Segundo, porque por mucho bombo y platillo que le hayamos dado al súper-híper-mega futuro Centro de Recepción de Visitantes, cual Faro de La Moncloa retro-chic, me parece demasiado pronto para que sus efectos pudieran justificar tu viaje. Sea como fuere, hete aquí que me veo obligado a transmitirte mis escasos conocimientos para sobrevivir al estío –que no hastío– albaceteño. Si ves que tal, toma nota.

20100716

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Con estas marcas no hay quien haga negocio

La última vez que recibí un meme corría el año 2006 y administraba entonces el blog ContraTitulares, hoy en estado latente, aunque algunas voces me piden de forma insistente que regreso a él. En 2010 he recibido dos vía Twitter. Uno lo tengo aparcado. Al segundo, que recibo de Iván Fánego, no puedo negarme. Se trata de citar mis tres marcas favoritas.

Me produce una pereza terrible citar tres marcas de las que sea fan. Directamente, no consumo marcas. Y si lo hago, es por un motivo tan concreto, como un perfume recomendado, que elevarlo a la categoría de marca que idolatro me parece indigno, no tanto por mí como por la propia marca, pues seguro es que cuenta con fans de mayor categoría y adicción. Así que me propongo no tanto hablar de marcas comerciales, como sí de marcas vitales: tres espacios de mi vida sin los cuales no sería lo que soy.

20100521

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Váyase usted también ahí, ahí mismo, a la P.M.

Recibo en el e-mail esta carta de un funcionario en un foro, y no puedo hacer otra cosa que tratar de redifundirla.

Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.

20100426

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Corresponsal en la calle Velázquez

Publicado en Confidencialba como Columna del editor el 25 de abril

La crónica imposible del III Café&Periodismo, en 1.612 palabras


(Más información: Twitter @cafeperiodismo, organizado por Bárbara Yuste, @byuste, y Millán Berzosa @mberzosa)

Dos horas para contrastar. Misma ciudad, Madrid; misma fecha: sábado 24 de abril de 2010. La calle acoge dos citas: una para defender a un juez al que le quieren buscar las cosquillas de la prevaricación, y otra, enfrente, en esta España cainita y sin cura de guerracivilismo, convocada por quienes buscan dichas cosquillas. A escasos metros, en un pequeño local en el 39 de la calle Velázquez, se celebra la III edición del Café y Periodismo.

En la calle están las pancartas, las consignas, los coros, las disputas, el agitprop, las banderas, los "y tú más", los derechos secuestrados y los privilegios añorados. El siglo XX. O el XIX. En el reducido espacio del Loft 39, que así se llama el local, conviven teléfonos móviles de tarifa plana Internet (smartphones), profesionales de todo pelaje y edad variada, estudiantes, curritos, parados, funcionarios, veteranos juntaletras, la primera agencia de noticias digital bajo demanda (Ágora News), el debate, la reflexión, las dudas, la reinvención de un oficio. El siglo XXI.

El siglo XX, o el XIX, reúne a miles de personas. El XXI no llega al centenar... más otros cuantos miles que desde sus casas, sus oficinas o sus smartphones, en la misma ciudad o a cientos de kilómetros de distancia, siguen la emisión en directo. Y además la comentan, la ponen del revés, la discuten, la incentivan. Todo a través de esa red de microblogging llamada Twitter. Al poco de comenzar la sesión, el organizador del evento, Millán Berzosa (@mberzosa), da la buena nueva. La etiqueta o hashtag #cafeperiodismo es "trending topic" número uno en el cibermundo en español. Muy por delante de Garzón. O #garzon. Es decir, en el espacio del futuro, el siglo XXI se lleva la partida.

Ojo. En esa penitencia lleva también su pecado. El III Café&Periodismo provoca a Internet porque está, sobre todo, en Internet. Porque se discute el futuro comercial de una profesión de capa caída, porque de ella participan quienes se mueven o se interesan en la misma. Tiene un algo de endogámico. Como corresponde al mundillo, también aquí se deja notar el toque narcisista: quienes bucean en Twitter, siguen la señal en directo o asisten en vivo al evento creen estar, en su mayoría, liderando un proceso de revolución. Por si acaso tienen razón, sírvase aquí la crónica imposible de un evento de dos horas a ritmo de 140 caracteres por pensamiento. El que pauta, precisamente, la dictablanda de la red de microblogging.

Los protagonistas de la jornada son Ramón Lobo (@ramonlobo), corresponsal por medio mundo hoy en las filas de El País; y Mathieu de Taillac (@blogal), corresponsal del francés Le Figaro en España y, contradicciones de la vida, uno de los primeros resultados de la búsqueda por "periodista madrid" en el imperio Google, acotada la búsqueda al sitio Twitter.com. Si no se lo creen, hagan la prueba en este enlace. El tema del que se trata, con estas credenciales, es el que resulta fácil adivinar: corresponsales.

Taillac se arranca con sinceridad. El corresponsal escribe para su país. Tiene que contextualizarlo todo. Hable las veces que hable de ETA, por poner un ejemplo, debe recordar que acumula 800 muertes en la grupa de su historia criminal. Olvidarse de lo que leerían las audiencias en el país que le acoge. Este sería el tweet de su reflexión.

@blogal Hay que tener cierto cuidado porque se puede padecer síndrome de Estocolmo y escribir para el público español que no es el que me va a leer


ETA, decíamos. Papeleta histórica la de los corresponsales franceses. ¿Grupo separatista, grupo armado, banda terrorista? "Cuando dices que han matado a 800 personas, la gente no es tonta. O decir que usan métodos violentos para fines políticos... Eso se acerca bastante a la definición de terrorismo; pero se ha usado tanto, y tan mal, no aquí, pero sí en otros lugares, que ha perdido valor", afirma Taillac.

@blogal Aquí está muy claro que ETA es "grupo terrorista", pero luego el mismo periódico habla de Hamás, paramilitares, FARC; es un adjetivo fuerte


Ramón Lobo, que ha probado la medicina de haber viajado, antídoto para cientos de diagnósticos de estrechez mental, remacha el comentario. Y el tweet.

@ramonlobo Estoy en contra de los adjetivos, y hay sitios conflictivos: si Hamás es terrorista, ¿qué es un ataque israelí con niños y civiles muertos?


Como no cree en los adjetivos, tampoco cree que exista un "periodismo de investigación". "Todo periodismo debe ser investigación", afirma; y lamenta la poca tradición de esa máxima en España, excepción hecha de notables salvedades. Y añade una confidencia: todas las grandes investigaciones (¿a alguien le suena el caso Watergate?) son "algo que te cuentan". La labor del periodista, corresponsal o local, blanco o negro, hombre o mujer, guapo o feo, es contrastar. Que lo dicho sea cierto. Y verificable. Y hoy en día, ya que estamos, twitteable.

@ramonlobo No creo en el periodista ciudadano; ni el mecánico ciudadano o en el bombero ciudadano. La relación periodista-lectores siempre ha existido


Es decir, y "sin talibanismos", que los inventos del "yo periodista" tienen un marcado carácter economicista: si los editores se ahorran el trabajo del profesional de los medios, la jugada les sale redonda. Entiéndase la profesionalidad según Lobo, al margen de corporativismos, titulitis y demás parafernalia proteccionista. "Es un trabajo que puede hacer cualqueira, pero también requiere cierta preparación, manejar unos códigos, contrastar las fuentes". Esa línea delimita al profesional del ciudadano. Lo cual no resta valor a la inmensa fuente de información que constituye la red.

@ramonlobo Hay gente que dice que en Internet hay mucha basura, pero si vas a un quiosco también, y si vas a una libería también; hay que saber buscar


Esa permanente búsqueda acerca culturas, lima fronteras, y arroja luz sobre los matices del conocimiento. Como el que se establece entre la aconfesionalidad del Estado español, y la laicidad del francés, República construida "contra la iglesia" y con un sentido transversal de lo laico, explica Taillac. Así, la conversación fluctúa entre las vivencias de los corresponsales para con su público, incluso asuntos del día...

@blogal Explicar lo de Garzón es "sencillo": hay una cuestión jurídica, pero en España lo que se oye más ahora mismo son los argumentos políticos


@ramonlobo En una guerra la información puede ser mucho más brillante que en el Congreso de los Diputados, porque es brutal lo que estás contando


...y una profesión instalada en la sempiterna precariedad, que conoce Taillac en primera persona: "salvando los corresponsales únicos, los demás tenemos que pelear por vender un tema". Y de ahí a la falta de profundidad hay un paso. Riesgo que pretende conjurar su contertulio de El País...

@ramonlobo Hacer buen periodismo es el buen camino; cómo se va a pagar, si se va a pagar o no, o tendremos que ir por la calle convenciendo, eso no sé


@blogal La crisis financiera económica es un problema de empresarios, no de periodistas; que encuentren la forma de hacerlo rentable, con publi o...


...o en todo caso con el necesario rescate de fórmulas de credibilidad que se han visto sacudidas por las vicisitudes de las nuevas tecnologías. Y por un "cuarto poder" demasiado sujeto a la información "de corbata", institucional; una dinámica que no duda en calificar con un sustantivo con voz de figura penal:

@ramonlobo Estafa: si divides el número de corbatas que salen en el periódico por el número de páginas, tiene el índice de aburrimiento del periódico


El local de la calle Velázquez, instalado en el siglo XXI, también deja hueco para las viejas batallas. Las que se cuentan junto la máquina de café, por más que el café de máquina en este país de países sea imbebible, bromea el español y ríe su auditorio. En esta liza, venezolano de origen y con 55 eneros a sus espaldas, Lobo se lleva el gato al agua. Tiene tela para cortar. Recuerda cómo su primer jefe tiró a la papelera una entrevista con Antonio Gala, sin leerla siquiera. El entonces joven gacetillero lo intentó una segunda vez. Y su jefe le espetó: ¿tú quieres que se publique como está, y si no me gusta te despido, o quieres que la corrijamos juntos?. Lo segundo, jefe, acertó a responder Lobo. Y su superior, lapiz bicolor en mano (rojo por un lado, azul por otro), no tuvo piedad: "un adjetivo, ¡fuera!; una coma, pero ¿esto que es?, una coma es una mierda, ¡fuera!". Asaetado a rojos por los cuatro costados, el zagal de la redacción preguntó si debía reescribirlo. "¡Pues claro! Hale, hale, venga". Jefes de los de antes. De los que enseñaban. Y que ambos echan de menos.

@ramonlobo Ahora no hay ningún redactor jefe que te tire la página a la papelera, que te dé el libro de Herodoto como a Kapuscinsky para ir a la India


@blogal Uno de los dramas de esta crisis de los medios es que yo quero que me vengan periodistas con experiencia y me digan: esto es mejor así


El local donde se aborda el siglo XXI echa de menos, en última instancia, las herramientas más válidas del siglo XX. Incluso del XIX. En la calle se oyen consignas que también echan de menos las órdenes recias o la memoria histórica. O el derecho. O el revés. Taillac se lo contará a su público. Lobo nos contará las lágrimas de una familia asesinada por un misil israelí, el dolor de unas manos agrietadas por la codicia occidental en el África negra, o el error del último gurú que pronostique la desaparición del papel: "morirá antes de que el papel desaparezca".

Aquí finaliza esta crónica imposible de 1.612 palabras. Que son 9.520 caracteres, es decir, 69 tweets.

Extras
A.n.n.y.e. Secuencia fotográfica del III Café & Periodismo
mberzosa.com Café & Periodismo, trending topic nº.1
Rascar el cielo: III Café & Periodismo
Guerreando: Nuestro trabajo sigue siendo el mismo
Vídeo completo del III Café & Periodismo, aquí.

(Los tweets atribuidos a sus autores no son reflejo de lo que se puede leer en sus perfiles públicos de Twitter, sino mera recreación a partir de extractos de sus intervenciones en el III Café & Periodismo)

20100308

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8-M: el feminismo como fin

Confidencialba. La columna del editor


A ver cómo se lo digo para que me copien rápido. Mi menda con su mecanismo se va a meter él solito en un follón de mucho cuidado, ¿vale? Así que no dejen después que me vaya lamentado por las esquinas de mi mala sombra. Esta calavera ya ha sobrevivido a alguna crucifixión, así que una más tampoco creo que vaya a ser para apagar las luces e irnos. Pero ya que se lo anuncio, tómense también la molestia de no quedarse en la superficie, como hizo el jueves Julia Otero con Arcadi Espada con lo de Rosa Díez y los gallegos –si no lo oyeron búsquenlo en Internet–. Quiero hablarles de ese apaño que es el 8 de marzo.

Sí, apaño. Digo bien. A ver si de primeras dejo claro lo que pienso del machismo en general y de los machitos en particular: pueden meterse por donde les quepa su complejo de inferioridad, sus fobias, sus hormonas, sus deportes televisados, sus María que son las diez, sus Gertrudis el cuello de la camisa cuántas veces te lo voy a decir, sus aspavientos, sus botellines en el bar, sus “mujeres…”, sus “todas sois iguales” y sus “en el fondo lo que buscan es alguien que les dé caña”. A esos, los pasamos por la cámara de gas y el mundo no pierde gran cosa –salvo, obviamente, un sentido universal de justicia que impone la desaparición de toda forma de pena capital, y que también suscribe este articulista–.

Pero con la misma, dejen que me ponga como una moto y hecho un basilisco con la tontería políticamente ignorante y velozmente correcta –o viceversa, tanto da–, que ha contaminado la memoria de tantas mujeres que lucharon por tener voz, y la ha transfundido en una feria de gangas, en un todo a cien con etiqueta del Corte Inglés ministerial –me disculpen los de don Isidoro, no va con ellos la cosa–, en un ágape febril de oportunidades políticas de bajo coste, discursos de saldo, fingimientos hiperactuados y trapicheos de ademanes impostados. Amén, que esa es otra, de una neolengua que ni en sus peores pesadillas habría imaginado el bueno de Eric Blair, conocido como literato George Orwell. Lean a Pérez-Reverte, y sabrán de qué les hablo.

El triunfo del feminismo como doctrina absorbida, y espoleada en su versión de bata y pantuflas por la clase política, es la mejor muestra de dos verdades incómodas: una, que el feminismo no ha sabido actualizarse para plantar cara y permanecer a la vanguardia social; dos, que ningún contrapoder puede amancebarse con el stablishment si quiere sobrevivirse a sí mismo sin convertirse en mono de feria. Debe combatirlo, abrirse hueco en él y desde dentro cambiar las estructuras, pero no para situar al contrapoder como nuevo foco de poder, sino como mosca cojonera y con un algo de Elliot Ness; es decir, incorruptible –si bien corren tiempos propicios para darle la vuelta a la tortilla y que los imputados denuncien a los garzones–.

El feminismo lleva en su actual definición sociogenética el virus que lo convierte en fenómeno de referencia mediática pero de irrelevancia ciudadana: su conversión en fin político indubitado, en axioma y en tótem, ha arruinado su histórica condición como medio. Como medio de control, como medio de modificación de patrones, de inquietud, de contestación al sistema o a sus derivas. El feminismo actual, al igual que el socialismo reconvertido en socialdemocracia –y si me apuran el cristianismo travestido en misa del gallo, comunión de la niña, boda desvirgada ante el altar y limosna "si ves que tal"–, es poco más que un grano de mosquito: una hinchazón de egos con tintes rosáceos que si un buen día le da por fastidiar, con aplicarle pomada, caricias y no hacer mucho caso, aquí paz y después gloria. Lo van pillando, ¿no?

En lo tocante a los posicionamientos institucionales del 8 de marzo, conviene no fiarse de ninguno: los que proceden de bastones de mando, porque jamás se van a pillar los dedos; los de oposiciones de tinte conservador, porque bastante tienen con parecer de centro reformista; los de oposiciones de tinte progre, porque les va en el ajo no dejar de apuntarse los tantos que regala este espléndido 8 de marzo; y los del feminismo mal llamado “radical”, los de color morado y mucho alambique simbolista, porque hablan para su propio mercado interno, sin dominar las claves de la comunicación social, y sin dejar que nadie les aconseje al respecto porque dicha comunicación es “márketing concebido en una época y un mundo de hombres”. Para orinar y no echar gota, oigan.

En cuanto a la desnutrición del mensaje original del feminismo, en este Occidente cargado de moralina y falto de ética, y en esta España abotargada de flojera mental y atonía intelectual, basta con ver cómo se han copiado los peores registros del machismo para darles la vuelta: hoy lo más in son los chulazos en lugar de las buenorras, la caracterización de hombres torpes donde hubo rubias tontas, el desprecio a lo masculino tras siglos de confinamiento de lo femenino. Y toda una generación hasta ahora inexistente de chonis cuyos méritos como mujeres son hablar, conducir, mascar chicle y despreciar la materia gris igual que sus poligoneros del alma. Así nos va, queridas; y queridos.

En cuanto a los spots televisivos, cruzada sin igual del feminismo oficial –Institutos de la mujer y sacacuartos por el estilo, ¿dónde están los Institutos del Hombre?–, cierto es que perdura el uso y abuso de estereotipos “macho alfa versus belladonna" –planta venenosa–. Pero a falta de una respuesta inteligente, también se ha impuesto el arquetipo hombre metrosexual dispuesto a todas horas para atender a una mujer ejecutiva, altiva, exigente y hasta displicente. ¿No sería conveniente cargar también las tintas contra esos roles de la dictadura publicitaria, que sólo intoxican la convivencia entre hombres y mujeres?

Que si defiendo algo del feminismo, me preguntarán a estas alturas. Claro que sí. Defiendo ir a decirle a las mujeres de nuestros pueblos y nuestras aldeas que hay más futuro que la vida limitada de los niños, el piso, la compra y el chicharreo al fresco o a la lumbre. Defiendo los valores de la escuela mixta y los equipos mixtos frente a los nuevos embistes del puritanismo disfrazado de ciencia bajo la etiqueta de “diferenciación”. Defiendo que las mujeres estén presentes en el habitual mundo de los hombres, de la crítica social y política mediante la polémica, la discusión y la argumentación lógica, de igual modo que los hombres han de saber incorporarse al mundo atribuido a las mujeres –intimidad, acuerdo, hogar, psicología–. Pero sin necesidad de renunciar a ningún rol, que es la buena nueva que nos ha vendido el triunfo del feminismo como fin, y no como medio.

Y no me fustiguen con banalidades lingüísticas de violencia de género –es al revés: género de violencia– o de invisibilidad. Mi menda no es más invisible por ser periodista en lugar deperiodisto, aunque todo se andará: la estulticia es así de invasora. La “invisibilidad” es otro concepto acuñado por y para los virtuosos del eufemismo, que sirve para referirse a mujeres, a niños soldado, a mendigos, a pobres y a presos. No me vendan motos. Pongámonos a trabajar en serio. Y ahora sí, si quieren, me muelen a collejas, pero no me sean soplacirios –ni soplacirias– con este tema, que es mucho más serio que el festival flower power del 8 de marzo.

20100304

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Carta "cerrada" y con lacre

De Confidencialba. La columna del editor.


Hola, Josemari. Me permites el tuteo, ¿verdad? Es que va a ser entre tú y yo, así, de mí para ti por ser tú, si tú quieres. La carta la pongo en público en vez de enviártela a Fuensalida, por motivos que ya si eso te cuento después. No pretendo hacer un remake de la carta abierta que te escribió días atrás el zagal éste de Ciudad Real, Otto-Reuss. No. No tengo necesidad ni ganas de ponerme en plan Émile Zola con el caso Dreyfus, y además es que creo que eso queda muy efectista y todo lo que tú quieras, pero no va a parar a ninguna parte. Así que te escribo en confidencia. Y en Confidencialba. Para que sea como más amable, más cercano y quizá, quién sabe, hasta más eficaz.

El motivo de mi carta, Chema, es que no sé a qué carallo (modismo gallego, la sangre siempre tira), estáis jugando. Sí, vosotros, los del socialismo obrero y español de La Mancha. No todos, sino los que tenéis la sartén por el mango y no la queréis soltar ni a perdigonazos. Que, ojo, lo entiendo y así te lo digo: si yo estuviera en tu lugar seguro que mi deseo sería el mismo, por una sencilla razón: a quienes llevamos en la genética la preocupación por la res pública, lo que más nos puede poner del concepto “poder” es la posibilidad de organizar la convivencia conforme a criterios ideológicos que consideramos los más válidos y apropiados para el progreso común. Es decir, eso tan manido y desgastado del “servicio al ciudadano”.

Ya ves que huyo de la crítica facilona y previsible: que si no trabajas, que si estás sólo por pillar cacho, que si seguro que te lo llevas crudo… Paparruchas: las mentes chicas critican a las personas, las mentes promedio polemizan con los hechos, y las grandes mentes discuten sobre las ideas. Y en el terreno de las ideas quiero situarme. Con la misma intensidad quiero huir del halago almibarado, pero debo reconocer que embelesas, tío. Tienes un don para cautivar al auditorio, y bien lo sabes. Y se pongan como se pongan, en esta tierra no tienes rival a la altura (todavía, le falta una primavera y alguna lección de telegenia). Además, parece que te crees lo que dices. Eso, así en general, es todo un puntazo. Adminístralo.

Pero con la misma, me vas a permitir que te diga que no entiendo tu obsesión, o la de tu Gobierno, por evitar que se critique vuestra gestión. Ni tú ni nadie sois perfectos y cometéis vuestros errores, como todo “hijo de cristiano”, Bono incluido. Y la verdad es que ahí, cuando tratáis de tapar lo que huele mal, patináis con estridencia. Que la gente no se chupa el dedo y bien está que, técnicas de marketing mediante, intentéis darle la vuelta a lo negativo para ponerlo en positivo. Pero tenéis que cortaros en lo tocante a soltar vuestros perros de presa allí donde se levantan voces críticas. O directamente cambiar el chip, colega.

Mira, no estoy por la labor de creerme las leyendas que circulan acerca de tus orígenes ideológicos. Eso es pornografía rosa del personaje, que como todo lo de los comebabas del corazón, me parece propia de mentes chicas. Así que doy por hecho que eres un demócrata integral, sin tacha; y como tal habrías de saber que nada es más estimulante para el ejercicio del poder en democracia que una crítica saludable. Porque la otra crítica, la que no es constructiva, se cae por su propio peso cuando el poder admite, y fomenta, cierto grado de contestación. Cuanto más amplio, mejor. Además, todas las vanguardias de la sociopolítica apuntan en esa dirección: más open Government y más transparencia. ¿O crees que lo de la Administración Obama es casualidad?

Lo que no puede ser es que en esta región haya tantos mecanismos aparentes de participación ciudadana, de información pública y de protección social, pero que en cuanto cualquiera de ellas se mueve un mínimo del guión “correcto”, lo mejor que puede pasarle es que no releven a sus dirigentes, aunque se les castigue el hígado en el ring de la esfera pública. Sobran ejemplos, pero no quiero caer en los hechos (mentes promedio). En particular, y porque lo conozco de cerca y lo he vivido, vuestra política para con los medios de comunicación llega al puntito de lo abrasador. ¿De verdad se necesita tanta presión, tanta advertencia y tanta moneda de cambio con la publicidad institucional a editores y periodistas que, sólo con que levantarais el pie del pedal, fomentarían un debate público más enriquecedor?

Es más, José María. Conozco, con nombres y apellidos, a hombres y mujeres de esta tierra, o que no lo son pero llegaron a ella para quererla y amarla, con tanta o más pasión que le echas tú al defender los derechos de la cuenca cedente, la potencia en energías renovables o tus 101 planes estratégicos. Hombres y mujeres que son socialistas desde la punta del flequillo hasta el juanete del pie izquierdo, de carné indestructible, de los de sangre roja y el corazón a la izquierda. Hombres y mujeres que participan en los centros donde se toman decisiones para la cosa pública, hombres y mujeres con formación en sus alforjas, cientos de lecturas como respaldo intelectual operativo, y bocanadas de conciencia social en cada uno de sus más livianos gestos.

Son también hombres y mujeres que en privado, con languidez en la mirada, pesadez en la conciencia y tristeza en la experiencia, hablan de las losas que todavía el caciquismo tardofranquista impone en La Mancha; amparadas, cuando no consentidas, ampliadas o protegidas por casi 30 años de Gobierno de tu partido. ¿Qué te parece? Hombres y mujeres que, sin querer queriendo, explican con rubor que lo mejor en esta tierra es guardarse las espaldas, andarse con mil ojos, traficar con la doble intención de las palabras y, hablando en plata, mirar por el culo de uno mismo antes que por el de los demás. Casi siempre, qué cosas, cuando se habla de asuntos referentes a tu Gobierno o a tu partido. O a sus adlátares. O a los negocios. O a la cultura. O a casi cualquier cosa. Porque lo tenéis invadido casi todo (casi).

Y eso cansa, Chemari. Aburre, hastía, y aunque la gente no se rebele en sus cuitas de a diario, provoca el peor cáncer que puede padecer una democracia: la indiferencia, el pasotismo, el “esto no va conmigo”. Y te quiero proponer algo que sé que da miedo, mucho miedo; pero no tienes ni idea del enorme favor que te harías a ti mismo y a tu Gobierno si mañana (o pasado, tómate el tiempo que necesites para decidirte), salieras a la palestra a reconocer una pifia en una entidad financiera, un despropósito en una infraestructura de 12 millones de metros cuadrados, un carajal de desvergüenzas en ciertas fundaciones, más de un ayuntamiento que se pasó de listo y de frenada con el becerro de oro de la especulación inmobiliaria, los flirteos de esta tierra con la industria militar, o algún contratillo de esos en los que no se cumplen plazos de entrega, precios o condiciones, y que terminan por dejar hecho un cirio pascual el perfil de contratante.

Sería la bomba si añadieras, así como guinda, que se acabaron la tontería, el trapicheo, el cachondeo, la corruptela, el abuso, la chulería y el despotismo. Que en ello pones tu cargo y tu credibilidad. Que vas a ir de frente, sin demora ni complejo, a por quienes hablan en tu nombre para vaya usted a saber para qué tipo de intereses espurios. Y que decretas el fin del peloteo, del mameneo, del colegueo y del enchufismo, con no sé qué herramientas legales que amparen de manera recia a cada uno de tus administrados. Para que puedan criticar, con transparencia, con libertad. ¿Tú sabes los puntos que ganarías?

Si tuvieras una más mínima idea de la afección ciudadana que eso te generaría, te pondrías mañana mismo a ello. Y aunque se te echaran encima ciertos dinosaurios, que están en esto por la pasta o por cualquier cosa peor… ¡Pues al cuerno con ellos! ¿Son acaso aliados fiables? No, compadre, son rémoras, sabandijas de la política. Lastres del entusiasmo. Deshazte de esa chusma (la misma que llama chusma a quienes tratan, desde la crítica, de mojarse e implicarse por el bien común), que nada bueno trae bajo el brazo. Respeto, ya te lo digo, que te dé pavor. A casi todos los gobernantes, seáis de izquierdas o de derechas, os pasa lo mismo, criaturicas. Pero una vez que te decidas lo único que lamentarás es no haber dado antes el paso.

En tus manos está. Y te lo cuento así, en carta cerrada, que no “abierta” como haría un Otto-Reuss o un Zola del montón, sino en sobre virtual y con su lacre digital. Lo de que sea pública es lo de menos, que una carta es como un regalo: la intención es lo que cuenta.

20100210

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Penélope y Telémaco... por lo menos

Confidencialba, la Columna del Editor



Si no eres tú, lector –y me permites esta vez el tuteo–, tiene que ser tu pareja. Y si no tu padre. Y si no tu tía la que se fue a vivir a Cádiz. Pero a uno de los cuatro os toca, por ley estadística, haber estado la semana pasada pegadico a la pequeña pantalla formándose, abriendo la mente, recorriendo mundo, invirtiendo su tiempo en todos los verbos en gerundio que signifiquen adquirir cultura, educación, ideas críticas, dimensión global, pensamiento constructivo, acción ciudadana, compromiso vital y lucidez filosófica. Esto es. Pendientes de la nosecuántis reposición de ese paradigma de discernimiento e historia de la evolución titulado Gran Hermano.

No se preocupen. Al menos 18 de ustedes están disculpados de antemano –ya ven, ahora les trato de usted–. Porque estadísticamente están libres de semejante sindiós de decencia televisiva. Se lo digo porque los otros seis de la estadística, los correspondientse espectadores enganchados a la morfina de la bazofia de las vidas ajenas, ya me los topé yo. Comiendo. En un restaurante de esos tan modernos y tan nuevos en los que apenas tienes intimidad. Que uno podrá ser probe pero tiene sus euros para clavarse un menú de los de 300 duros. Y allí estaban. Espléndidos. Encorbatados ellos y de tacón ellas. Finos, jóvenes, aparentes y con hambre. Lobos de las finanzas. O de la administración, tanto me da, pero con la misma pinta de lobos que se gastan los antaño engominados señoritos de la madrileña zona de Azca.

La situación se veía venir. Antes o después. Tal nivel de civilización preclara hemos alcanzado en la perra España de los más de cuatro millones de parados –"nunca alcanzaremos esa cifra y nos quedaremos muy por debajo", dijo Corbacho hace menos de un año–, que el premio gordo estaba cantado. El refectorio en cuestión cuenta con dos pantallas de plasma de esas de rebajas del Mediamáster, o de la Cadenamarket, o de por ahí. Que hoy por hoy si no tienes semejante artilugio en un negocio no eres nada. Ni te comes un rosco.

Y se lo juro por mi santísima, en una emitían el Tal Cual Pascual me es Igual, de la cadena de Lara; y en la otra el Sálvame de los inoperantes, el programa de Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, que de no ser porque ya tienen papel asignado en esta vida, habrían encontrado acomodo, sin duda, en cualquier novela de Umberto Eco, de José Luis Sampedro o de Juan Marsé. Qué digo, en el mismo Quijote de Cervantes. Qué tontería: el Telémaco y la Penélope de Homero, como mínimo. De ahí para arriba, si se puede.

Ante tanto derroche de ingenio, era inevitable que alguna mesa hiciera alguna referencia a alguno de los nudos gordianos que se tratan en sus debates de altura: la jubilación a los 67 años, el despido libre, el incremento del periodo de cotización para el cálculo de las pensiones, el sobeteo y manoseo de la clase política con las cajas de Ahorro (Barreda CCM, Esperanza Caja Madrid), o el envío de 500 desgraciados de la soldadesca española a Afganistán, de los que –la estadística manda– se debería ir encargando ya los epitafios, flores y lápidas o féretros de medio centenar. Ea. Pues casi. Por muy poquito. Ya lo verán.

El programa de Mermelada y de "la mujer que se hizo famosa por tocarle la chorra a un torero" –impagable Ángel Martín, Sé lo que hicisteis, La Sexta–, se arranca con el resumen del reestreno de Gran Hermano. "Mira el Kiko, ya la lió otra vez ayer", dice una torda de los tacones. "¿Y ese quién es?, que no m'acuerdo", replica un encorbatado. "¿Pos si es que no te acuerdas, muchaaaacho? ¡El del primer Gran Hermano!", responde una segunda fulana. ¿No les decía yo? Intensidad, altura de miras, elevación del espíritu. Olé nuestros huevos, compadres.

Y en estas me acuerdo de la época en la que fui corresponsal de la Agencia Notimex. Cuando mi buen César Velázquez me agarró por banda y me dijo: "Oye, pues, pinche Piñeiro, tú que le echas ingenio, qué onda wey, por qué no hases las crónicas de estos pendejos del Gran Hermano, que los editores del de-efe no hasen más que pedirme la chingadera esta para los medios de allá; ya les digo que no mamen, pero ni modo, así que pues te lo ofresco, tú me dises". Qué bien lo pasé, recristo. Tirando de metáforas y relecturas del 1984 de George Orwell, novela distópica de la que sale esa figura del Gran Hermano, y que con que conociera la décima parte de la tropilla de reemplazo que se sienta ante su televisor para ver a estos héroes posmodernos, ya me daría con un canto en los dientes.

Por cierto. Dice la leyenda urbana de la literatura que Orwell –es decir, Eric Blair– escogió ese título al darle la vuelta a los dos últimos dígitos del año en que la terminó de escribir, 1948. También el año de máximo apogeo de la represión estalinista, que quedaba retratada en la neolengua, la reinvención del pasado, la arbitrariedad del gobierno, la policía del pensamiento y el omnipresente Gran Hermano. Es decir, el Estado. Quién le iba a decir al bueno de George que 60 años después el narcótico social no vendría en forma de represión, sino del reblandecimiento de las neuronas de todo bicho viviente. Sobre todo si es español. Y que encima le usurparían sus conceptos. Mira que somos.

Y luego, que si la crisis. Amos ya, cohone.

20100118

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Una cortina de humo

Confidencialba, la columna del editor


Resulta que mañana lunes –u hoy, o ayer, vaya usted a saber cuándo lee este texto–, el presidente de los empresarios de hostelería provincial, Juan Sánchez, sus homólogos castellano-manchegos, y su presidente regional, contarán en Toledo "toda la verdad" sobre la futura ley que prohibirá fumar en los bares. Y a mí como que me entra la risa floja. Una risita de esas entre histérica e indolente. No por el negocio de estos empresarios, que al parecer se va a ver seriamente afectado, y la divinidad me libre de desearles mal alguno; sino porque en el fondo todo este asunto me parece un brindis al sol de la hipocresía.

Aclaro en primer lugar que no soy objetivo en este análisis. Ni yo, ni nadie. Mi menda lerenda porque es fumetis, por tanto tan subjetivo y cargado de razones como los que no le dan al vicio, o lo dejaron por las razones que fueran. Tampoco pretendo convencer a nadie de las virtudes de fumar. Es más, en este Confidencial he autorizado algún artículo –Jorge Laborda, concejal de Sanidad y Consumo– contando las virtudes de la prohibición y lo malo malísimo que es el tabaco. Que lo es. Pero, se insiste en ello, todo este asunto no deja de ser una pantomima políticamente correcta. Incluso meapilas.

Primero, porque los hosteleros ya pueden ponerse más gallardos que la tropa reclutada para combatir junto a Villeneuve frente a los ingleses. Que va a ser que les va a dar igual. Con rebote o sin rebote van a tener ley. Más que nada porque el siglo XXI se estrenó en Europa con una sarta de leyes en las que con más o menos retraso, con más o menos matices, con más o menos revueltas, fumar es más perjudicial que "acariciar" a fulanos de piel morena en las cárceles de Abu Grahib o Guantánamo –nótese la finísima ironía con la que se traza que además, en esto, Europa no hace sino una copia vulgar y sonrojante de sus primos de gringolandia–. Así que, Sánchez y compañía: ajo y agua.

No sólo Europa. Es una fiebre global. Cada época tiene su dios particular. Los jacobinos tuvieron a la Diosa Razón, y los bienestarinos –así nos estudiará el futuro, fijo– tenemos a la Diosa Salud. Vean si no las parrillas matinales de televisión, las páginas centrales de los suplementos de fin de semana, los programas de radio más especializados, las páginas web y los foros de Internet más participados –casi siempre con datos a la ligera–, la obsesión por disfrazar el culto al cuerpo como incentivo saludable, la hiperinflación de productos dietéticos sin los que un supermercado hoy no se come un colín, los servicios de urgencias hospitalarios saturados por culpa de una población que a la mínima se pone nerviosa –servidor incluido–. Vamos, estamos como para una gripe A de las buenas, no de las de coña marinera como la última.

La Diosa salud está encima por incluso del dinero, bastante adelantada a las neosectas religiosas, y ni te cuento a qué distancia de una afectividad sincera, una ciudadanía comprometida –ay, la risa floja, que me vuelve–, una clase política honesta –me mondo lirondo–, o una banca transparente –para por favor que me dan agujetas de tanto reír–. Aunque tenga incoherencias de las buenas: Escocia prohíbe fumar en todos los lugares públicos y en los cerrados, salvo las cárceles por motivos "humanitarios". Buen humanitarismo ese que quiere salvar del cáncer de pulmón a todo el mundo menos a los presos. Luego que si la abuela, nunca mejor dicho, fuma.

Es el sino de nuestro tiempo. Y con él hay que apechugar, se dedique uno a la hostelería, al ladrillo, a juntar letras o a ser administrativo del Sescam, mira tú que apropiado por una vez. El problema es que, como toda moda, y a saber: primero, es pasajera; segundo, es más falsa que Judas; y tercero, obedece al lobby de turno, que cuando es contra el sistema al menos tiene su aquel de simpático. Pero cuando es oficialista, como el que nos ocupa, válgame lo ufano que se pone: si hubiera el mismo furor legalista para controlar las evasiones de capital a paraísos fiscales, el cumplimiento severo de la legislación laboral, la vigilancia sobre los metomentodo de la política o el amiguismo que asegura el ascenso en una bolsa de trabajo o en una oposición al cuerpo de bomberos –es un decir–, otro gallo cantaría.

Pero no. Fíjate por dónde que lo que aseguraría un mundo más justo, menos contaminado, menos egoísta, más comprometido y todas esas cosas que
figuran en el discurso de los mandatarios –como la juventud, el futuro y otros tripis que se meten los que alucinan en el poder–, no forma parte de las prioridades reales de los cacicuelos que afilan sus uñas y sus dientes cada vez que se baten el cobre en las urnas.

Porque además, si nos ponemos, nos ponemos. Pero con todo. Por ejemplo, cómo voy a negar, infeliz de mí, que un camarero o camarera tenga el derecho o la derecha de que no le contamine el humo o la huma de los demás. Faltaría plus. Pero por lo mismo, señores míos, tengo la convicción de que el monóxido de carbono de nuestros utilitarios de clase media engreída contaminan más o menos, y más más que menos, como el humo de nuestros diez minutos de felicidad. Esos diez minutos a los que cantó Calamaro –los de la SGAE que no lean esto, pardiez– aquello de "un beso, otro beso, y la pena se va con el humo".

Por lo mismo, tengo la más absoluta y completa seguridad de que las revistas del corazón, la pornografía rosa que inunda la televisión, la soez sociología de los grandes hermanos, el soplagaitismo artístico de los operatriunfos, la endeblez mental de los callejeros viajeros por el mundo de yupi de las casas de los ricos, el cansinismo agotador de los gobernantes con el culo prieto que quieren ver brotes verdes, después de que dos millones de españoles se hayan ido a la calle con una mano delante y otra detrás por todo taparrabos... En fin, esta sociedad en sus múltiples manifestaciones de bajeza moral y del todo vale mientras la fiesta siga, es en suma provocadora de muchas más muertes, enfermedades e infelicidad que un cigarrillo.

¿Qué hacemos, pues? ¿Prohibimos la circulación por carretera? ¿Prohibimos los espacios de cotilleo? ¿Prohibimos los sueños de celebridad de jovenzuelos a los que visten como chaperos o como meretrices porque tienen una voz de ruiseñor, o eso dicen? ¿Prohibimos la curiosidad de quién carajo se habrá comprado ese palacio? ¿Prohibimos la ilusión de salir de una vez por todas de esta maldición bíblica llamada crisis y que en realidad es corrección a lo bestia de un modelo de crecimiento inviable? ¿Prohibimos la pobreza, como cuentan que ha propuesto Zapatero para la presidencia de turno española de la Unión Europea? ¿Prohibimos, a secas?

Todo lo anterior, sin negar que para los no fumadores el humo ajeno es una jodienda. Todos los fumadores hemos sido en algún momento –al menos de niños– no fumadores. Y a todos se nos ha arrugado la nariz cuando nuestros padres o sus visitas se encendían un piti en nuestra presencia. Pero no se aprende mediante prohibiciones, sino educando. Los "esto es malo y no te recomiendo que tú lo hagas" que aprendimos las generaciones de los 60 y los 70 forman mucho más que ver a unos padres, unos abuelos, unos tíos o un simple desconocido, fumándose a hurtadillas, e hiperventilándose con las prisas, un truja cual delincuente. Todo adolescente quiere probar lo prohibido, lo perseguible, lo incorrecto. Podrá equivocarse, pero le resultará más tentador.

Y todo lo anterior, sea dicho también, sin negar conocimiento a don Jorge Laborda, con el que me une la mentalidad abierta, cosmopolita, hasta cierto punto soñadora, el protomotivo de impacto que no supimos perder de bebés, el motivo de impulsar el mundo a base de latidos de justicia social y, mientras los intereses de una de las partes no lo estropee, una franca camaradería. Que además es sana, aunque él no fume, y quien esto firma sí, y por ahora con delectación. Palabra que se parece de manera peligrosa a delito. Ojalá la enfermedad de la Diosa Salud no llegue a esos extremos.

20100108

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París vía quince

Publicado en Confidencialba


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Que me lo expliquen. Que me expliquen por qué los españolitos de a pie perdemos el culo por ser la octava potencia económica del mundo, y somos capaces de tragarnos resignados y repatingados que quienes prestan determinados servicios de interés público nos traten como a delincuentes. O, dicho de otra forma más cursi, que nuestros sistemas de gestión sean en pleno año 2010 tan exquisitamente ineficaces, tan elegantemente insultantes, tan descaradamente quinquis. Es decir, tercera y última comparación: tan rematadamente meritorios de ser calificados tercermundistas. Con perdón. Para los tercermundistas.

Verbigracia. Estación de Madrid-Chamartín. O de Chamartín-Madrid, no se me pierda nadie en menudencias. 31 de diciembre. Tren de Cercanías a Colmenar Cinco (así es como aparece en los carteles, Colmenar V, con V de Cinco, como Telecinco... tele que queda justamente en la carretera de Colmenar V). Hasta tres paneles indicativos: uno de pantallas retroiluminadas, uno de esas minibombillas tan actuales (años 70, pero ahora son el non va plus de la vanguardia), llamadas leds; y la cumbre de la tecnología y el toque retro, a base de paneles electromecánicos.

Quedan cinco, como Colmenar, como Telecinco, minutos para que el Cercanías penetre en el esplendor decadente de Chamartín. De los tres paneles informativos ni uno, rediezla, pero es que ni uno, da cuenta de tan prometedor acontecimiento. Para el resto de destinos funcionan con notable acierto, lo que introduce más inquietud. Pero como no es plan de sangrarse, al menos no en Nochevieja, conviene echarle paciencia a los trenes de doña Esperanza Aguirre, que cobran dos veces y media la tarifa máxima al cliente que ose violar la red de Cercanías sin título de transporte válido.

Faltan cuatro (de fusión con Telecinco), minutos para Colmenar V, y más de lo mismo. Mutismo en la pantalla, mutismo en los leds, mutismo en los paneles. Y también en los altavoces de la torda que graciosamente anuncia las llegadas y salidas por altavoces con eco retestinado de polvo acumulado desde el tardofranquismo. Tres minutos. Nasti. De plasti. Dos minutos. El cachondeo padre, si usted quiere, don Camilo, pero aquí nadie suelta ni prenda. Un minuto. La hora exacta. ¿Te han dicho a ti cuándo llega el de Colmenar V? Pues a mí tampoco.

Casi diez minutos después, la voz enlatada se arranca: Colmenar Cinco, vete perdiendo el culo para la línea Viejo. O viceversa, que cuando se va en plan rally por las escaleras mecánicas el orden de los factores no altera el infarto. Y pasa lo que tiene que suceder: con los higadillos propios ya en la recámara de la campanilla, las puertas del vagón escupen un “pardillo” en forma de pitido mientras se cierran impasibles, parsimoniosas, y más indiscutibles que los caciques que se gasta la política castellano-manchega.

Oficina de Atención al Viajero. Buenas, vengo a agradecerles los servicios prestados: no creo que quieren dar por saco al cliente en fin de año, así que supongo que hoy abonan taxis a cambio de los trenes que la incompetencia de su compañía nos hace perder. Como mucho, caballero, dice un uniformado que prefiere proteger su culo antes que reconocer las cagadas de quienes le pagan la nómina, ponga una reclamación, y en dos o tres meses le responderán. Si eso. Ya, vale, pero no, mire, dígame sólo si ahora tengo que coger un taxí o qué. Usted, responde imperturbable, sabrá lo que tiene que hacer.

Manda huevos. ¿Será Renfe de sus amores la que sabrá lo que copones de bullas tiene que hacer, para no marear al personal? Quince minutos más tarde, sin reclamación ni taxi, y con cierta atonía de esta perra España que nos toca vivir, la cosa pasa por esperar en la plataforma de todos los trenes que van a Colmenar por el culo te la. Y, los Marx (Groucho y Karl) no nos escuchen, la historia se repite: cinco minutos, cuatro, tres, dos, un minuto, y ni el niño jesús ni mahoma se dignan en anunciar la llegada del tren a Colmenar, hasta que no se ha adueñado ya del andén. Todo para ver, un minuto más tarde, a otros incautos que vienen casi rodando por las escaleras mecánicas, y que se quedan con la misma pinta de mecagüenrós mientras se les cierran las puertas en las napias.

Estación de ídem, 3 de enero. 18:30, ningún panel anuncia la salida del Alaris que diez minutos más tarde sale con destino Valencia. En esto que se ven a lo lejos incesantes destellos de flashes. Lo que faltaba: llega la superwoman de la nobleza, la duquesita de Alba (no de Alba-cete), y de los cien mil hijos de san Luis y de la madre que la parió (este título lo tiene sí o sí). El 90% de la estación, poseído por el espíritu del “yo nunca veo esos programas”, se abalanza a echarle una foto. La buena de la señora, que poca culpa tiene, baja por el ascensor de una plataforma que no anuncia tren ninguno. Dos minutos más tarde, con doña Cayetana ya bien acomodada en su trenhotel, ahora sí, a bombo y platillo, París vía 15.

Joderse tocan. El lameculeo, deporte nacional, permite a la más señora de todas las señoras saber de antemano por dónde carallo sale su parisien. Mientras 150 madrileños, albaceteños, valencianos y demás ralea de mala calaña esperan arremolinados a que alguien anuncie su Alaris de triste contribuyente de clase media empobrecida. Al fin, a un minuto del tema, los altavoces retestinados anuncian que el Talgo se retrasa. Y dos minutos después que la salida es inminente. Qué contraste. Y que será, la virgen maría y josé de arimatea, por la vía 2. Esto es, justo en el lado contrario de donde salen todos los medios y largos recorridos.

Y ahí nos ves, a la Mari y a mi menda, como borregos, esquivando a todo meter a viajeros que nada saben de estas prisas, comebabas de la prensa del corazón, asaltacunas de homosexualidades primerizas y de saldo en baños hediondos (anclados en las letrinas de la época de Calvo Sotelo, o por ahí), y toda la baja estofa que, salvo se llame Fritz James Stuart-Álvarez de Toledo y de las Dos Sicilias, abarrota las estaciones del ferrocarril de la que pretende coronarse octava potencia económica mundial. Que alguien me lo explique, porque no atino. Y me fastidia empezar el año sin saber qué camino voy pisando. Siquiera más o menos, incluso más menos que más.

Feliz y próspero 2010.

20091202

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Navegando a la deriva

La columna del editor en Confidencialba


En Izquierda Unida (IU), andan con la mosca detrás de la oreja a propósito de lo que debería ser el siglo XXI: la conectividad, la globalización, lo digital. Es decir, Internet. Argumentos para la molestia no les faltan. Que tengan o no razón es otro cantar. Pero se entiende: sus redes sociales están a años luz de las que con aparatos mucho más poderosos y potentes han logrado desarrollar los dos grandes partidos, pero además de que esa presencia digital no se ve correspondida en las urnas, ni en la intención de voto, no existen para la opinión pública oficial. Para la que, todavía hoy, configura el decreciente "cuarto poder".

El último reportaje en La Verdad de Albacete, titulado Los políticos manchegos se apuntan a las redes sociales, les ha terminado de convencer: por la razón que sea, los líderes de IU no cuentan. Es sorpendente el caso del coordinador provincial, Luis Ángel Aguilar, que utiliza el propio espacio de bitácoras del diario de Vocento como mirror (réplica) de su blog, La Terca Iutopía. Pero ni esta iniciativa, ni su presencia en la red de microblogging Twitter, que es la primera de un político albaceteño en este espacio, resultan citadas en el texto. Tampoco se hace mención alguna a los blogs del coordinador regional, el albaceteño Daniel Martínez, ni del federal, el castellano-manchego Cayo Lara.

A proposito del de Argamasilla de Alba, una de las voces insistentes en las bambalinas políticas es que su elección al frente de Izquierda Unida no tiene más misión que la de oficiar de enterrador lo más digno posible para subsumir a la formación en un cuadro residual de intelectualidad izquierdista, o bien para que de las cenizas surja un proyecto político nuevo que hoy por hoy no conciben propios ni extraños. El supuesto enterrador siempre niega semejante tarea y, es más, advierte que el intento continuo por sepultarles bajo la herencia de los crímenes soviéticos, que llevan a cabo tanto el centro-derecha como un sector de la socialdemocracia, es prueba irrefutable de que, pese a quien pese, IU sigue siendo una alternativa real.

En Internet, al menos, su presencia está probada. No sólo es que sus líderes "estén al día" y se manejen como pez en el agua (al menos, más que la media de la clase política), por servicios como Wordpress, Facebook, Twitter, Blogger o MySpace. No sólo eso. También cuentan con algunos de los engranajes de información que reciben más visitas, como Red Progresista o La República. Desde luego, más visitas de las que, en porcentaje escalado, reciben en forma de votos en las urnas. Frente a ellos, los dos grandes partidos viven encastillados en sus páginas web, con excepciones, caso de la magnífica gestión de la identidad digital del lehendakari, Patxi López.

Una de esas redes presenta una concepción muy a la vanguardia, como es el caso del agregador de blogs I love IU, tan alejado de la doctrina de partido que es imposible navegar por esta web y encontrar un solo rastro de la imagen corporativa de la coalición. Ni logotipos, ni agitprop ramplón. Sólo artículos y más artículos sobre un diseño tan sencillo como amable para la lectura. Y una lista de enlaces en la columna izquierda, liderada una vez más por las dos redes sociales del momento: Facebook y Twitter.

La pregunta está servida: ¿qué es lo que falla para que ese respaldo en el mundo Internet no encuentre su acomodo en el mundo real? ¿Es que los internautas no votan? ¿O es que la ingente masa electoral de populares y socialistas no tienen habilidades para la web? Cualquiera de la dos cuestiones es inquietante: la primera, porque estaría hablando de la formación de un nuevo cuerpo político, aun marginal, pero con herramientas de futuro, y que se juega la esencia y la existencia al margen de las actuales reglas democráticas; la segunda, porque plantearía una contradicción intrínseca con los balances oficiales sobre penetración de la web en los hogares españoles, y porque desautorizaría las cuantiosas inversiones que tanto PP como PSOE destinan a sus herramientas web.

Una de las explaciones, quizá no definitiva pero sí suficiente, es que la red ha amplificado la endémica pugna interna de la coalición, que sus dirigentes han tratado de vender como pluralidad manifiesta, pero que tan bien sirve en bandeja la cantinela de la "izquierda desunida". Basta con unas mínimas nociones de navegación para darse de bruces con uno de los blogs históricos de la "izquierda transformadora", A sueldo de Moscú, y leer las cuchilladas entre compañeros: entre otras, las tensiones permanentes entre los miembros de IU críticos con el PCE y viceversa, los militantes de base comunistas que "desprecian" como minoritarios a los restantes colectivos.

Otro razonamiento, también parcial pero estridente, es la evolución "natural" de algunos históricos que, emulando a Santiago Carrillo, abandonan el comunismo y se abrazan a la fe del socialismo. Sobran ejemplos en Albacete, aunque ninguno tan renombrado como el de la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar. En cuanto a las sucesiones, nada tan complicado como llenar el hueco dejado en su día por Julio Anguita, todavía invocado por muchos votantes del PP y del PSOE como "ese sí que era un tipo que valía la pena". El nuevo secretario general del PCE, José Luis Centella, es demasiado reservado y "chapado a la antigua" como para generar entusiasmo, y el papel de Lara como coordinador general de IU no tiene la mínima, pero necesaria, visibilidad en el Congreso de los Diputados.

Y, además, cabría preguntarse si IU goza de las simpatías de los internautas de perfil progresista, pero no acaba de casar con su espíritu. Una de las propiedades del mundo Internet es que globaliza, pero no es colectivo. La web es un gran almacén de ideas, un gran vertedero de palabras, muchas veces un estercolero, pero no es un bien de dominio público. Iniciativas brillantes como Wikipedia, o la comunidad linuxera, se alimentan de las aportaciones de miles de usuarios anónimos, pero se mueven por impulsos extremadamente individuales: cada internauta tiene sus razones para aportar, leer, saltar de una página a otra y si algo tiene claro es que no es encorsetable. El usuario de Internet se sabe y se ama libre. Sin banderas. Sin colores. Aglutinar esa fuerza es posible, pero la izquierda política ha demostrado una incapacidad manifiesta a la hora de trasladar su fuerza digital a la representación parlamentaria.

En todo caso, existe un interés y unas motivaciones compartidas por las que la avanzadilla de la sociedad del conocimiento y la vida pública "real" no están en la misma onda. Lo que puede ser el germen de cualquier movimiento ciudadano hoy por hoy imprevisible. Es por ello por lo que conviene prestar atención al fenómeno, al margen de las ideas y del voto que cada cual profese.

20090910

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La triple desesperación del periodista

Confidencialba: la columna del editor. Por Alfonso Piñeiro


Asisto atónito al último espectáculo que creí poder llegar a ver: una pelea entre María Patiño y Carmen Pardo para ver cuál de las dos es más periodista… y se permiten el lujazo de darse consejos sobre periodismo, sobre dignidad profesional, sobre ética y deontología. Las redes sociales de Internet padecen una hiperinflación de participantes preocupados por el futuro del periodismo… y la cuestión es que la mayoría de quienes hablan son periodistas. En todo el país se cuentan por miles los periodistas despedidos… lo que no les hace diferente al resto de los trabajadores, salvo por el hecho de que su caso es el que nunca es noticia. Faltaría más: ninguna empresa desea arrojar piedras sobre su propio tejado.

Y no puedo quedarme al margen. Ni permanecer callado, aun a riesgo de alimentar el ruido sin aportar claves nuevas. Una de las profesiones en mayor riesgo de extinción no puede consentir que se legitime, por la vía de la audiencia fácil del morbo y la pornografía rosa, un falso debate en torno a cuestiones que nada tienen que ver con las que de verdad amenazan a este oficio.

No, Pardo. No, Patiño. Lo que ustedes defienden no es periodismo. Es crónica amparada en los capos de los pases VIP, en la mafia de los representantes, en la perversión de los cachés desorbitados. Negocio de escándalos prefabricados, ilusión de celebridades fugaces y entrevistas pactadas, ya sea para encumbrar al personaje de turno, ya para crucificarlo. No pretendan convencer al resto de la humanidad de que sus desvelos son la libertad de expresión y la dignidad en el trabajo. No se lo consiento. Y no digamos ya cuando les da por largar sobre la violencia de género, la crisis económica o las nuevas tecnologías. A lo suyo: al chismorreo. Y punto.

Pero la pornografía rosa no es lo único, ni lo más principal, que amenaza al periodismo. Asisto a ruedas de prensa donde en el turno de preguntas nadie pregunta, y si alguien lo hace es fácil que en dos minutos sólo queden en la sala el periodista osado y el interpelado. Así es Albacete. Ignoro cuántas provincias más. En Madrid el grito de guerra es justo el contrario: los periodistas desean preguntar y los portavoces muchas veces cuelgan el “no hay preguntas” al final de su intervención. Un grupo de Facebook creado expresamente para impedir el abuso de la fuente unidireccional suma varios miles de seguidores. Ignoro cuántos son periodistas. Cuántos son de esta región. Cuántos son de esta provincia.

Un clásico de esta profesión es que una rueda de prensa “debe ser un mar de brazos”. De periodistas que quieren preguntar. Tanto si no les dejan, como si cejan en el empeño, la prensa libre muere. Y con ella su misión. Y el desencanto de la audiencia, de las audiencias, se multiplica, se refuerza, se retroalimenta. Hay algo todavía más grave: los periodistas quedan reducidos a secretarios cualificados. Levantan acta, resumen y dan fe. Para eso no hacen falta carreras universitarias, que además, en la mayoría de las titulaciones de comunicación, ofrecen una calidad pésima, tanto lectiva como de capacitación profesional.

Es decir, no hacen falta periodistas. Mucho menos si son veteranos y han desarrollado criterios. Cuanto más jóvenes, más inexpertos y más despreocupados por la res pública, mejor: más baratos, más manejables, más ignorantes y por tanto más orgullosos. Desconocen, en su vanidad, que cuando reivindican su título y su profesión, generan a sus espaldas más de una carcajada. A lo sumo un gentil desprecio. Muchas veces entre sus directivos. Y gracias. Sobran ejemplos, pero permita el lector que no dé nombres.

Mientras, una verdadera legión de veteranos de la información vive una triple desesperación. Primero, trabajar inmersos en corporaciones industriales que nada quieren saber de información: lo que dice la fuente basta y no es necesario contrastar, sobre todo si es cliente y buen pagador. De ahí el juego macabro de la publicidad institucional que tantas veces se traduce en falta de independencia: quien paga, manda, decide, orienta. Claro que… ¿hacen falta periodistas para copiar, pegar y resumir notas de prensa, cortes de voz o teletipos de agencia? Ustedes mismos.

Como no hacen falta profesionales, los veteranos se ven cada vez más abocados a quedarse en la calle. Es su segunda desesperación. No interesan, sus criterios no casan con el proyecto empresarial, y son caros. Son prescindibles. Son jóvenes abuelos cascarrabias, que no hablan el mismo lenguaje de sus jefes, ni el de los recién horneados en las facultades de Periodismo. Sobran. Sólo tienen dos salidas: quemarse, o considerarse herederos de la tierra. Ninguna de ellas les garantiza el sueldo. Ni la felicidad.

En realidad sobran todos, jóvenes y mayores, agudos y mentecatos, pornógrafos de lo rosa o ágrafos de todos los colores. Después de años de prostituirse, o ser prostituidos por otros, la crisis les hizo la cama. A muchos se los follaron, y los que se quedaron fue a cambio de saber callar y agradecer salarios raquíticos y condiciones de trabajo ínfimas. El daño en provincias, con estructuras mínimas y muy jerarquizadas, es ya irreparable. Queda la rebelión en las grandes capitales.

Tome el lector nota de que si también caen las grandes ciudades (con la amenaza de la pornografía rosa, que se apropia de espacios indebidos como el informativo), sólo quedará Internet como refugio para una prensa libre. Un territorio demasiado inhóspito para cimentar un negocio. Internet se multiplica y abarata costes, la comunicación es multidireccional y hoy cualquiera puede contar su propia historia, su drama, su alegría, su proyecto, su noticia. El periodista del futuro corre el serio riesgo de no poder dedicarse a ello de forma profesional, sino por mera vocación. Esa es la tercera desesperación de los veteranos. Y no les falta razón.

20090819

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Café con hielos... en plural

Publicado por Rafael Retuerta en Confidencialba


A cada cual nos da por lo nuestro. Que es una de las cosas buenas, me digo, de las libertades. Mientras no se haga daño a nadie, y antes de que la crisis la aproveche algún Berlusconi de turno para meternos el miedo a todo lo que venga de fuera o tenga la piel tostada, quiero tener derecho a defender lo mío. Le explico lo de “lo mío”. ¿Mis propiedades? No creo, porque no las hay; ¿Mis convicciones, dice? Hombre, en función del parné que usté me enseñe, que estamos en crisis y hasta los intangibles se pueden poner en venta. Pero mis caprichos, esos no me los toque. Esos no. Esos ni por todo el oro del mundo.

Si quiere, se lo canto como Manolo Escobar En un lugar de la manga: “Por favor, el orgullo no me venga a comprar, que yo sé perder antes que ganar”. Así que de todo lo demás, si quiere, hablamos, negociamos y hasta nos mentimos. ¿Que tiene usted, digamos, el capricho de abaratar el despido? Bueno, pues si es por capricho y Dios mediante, sea; quicir, amén. Total, lo único que puede pasar es que en lugar de conseguirlo ahora, lo consiga dentro de unos años. Por más que trinen los sindicatos, que como ya sabemos, y no nos echemos las manos a la cabeza ni nos rasguemos las vestiduras, cantan lo justo; lo que les dejan. Lo que gente como usted les permite. Así que mejor ahora, con agostidad y alevosía: que la peña se entere tarde, mal y nunca.

Piense, si no, en lo que dijo Oscar Wilde: que la única diferencia entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero. Así que, yo qué sé, si usted lo que tiene en la entrepierna por capricho es seguir cortando el bacalao, por más que les cueste encontrar candidato más que a Chiquito dar con un pulpo en un garaje, jarl, pecadorl de la pradera, lo suyo es que aproveche los veranos para reordenar al personal. Que ya me consta, ya, que está en ello. Moviendo fichas. Intercambiando cromos. Que en septiembre todo lo más. Bueno, pos ea, pues si es capricho qué se le va a hacer. Aunque al final no salga. También tengo yo los míos y no consiento que nadie me diga ni mú, aunque no siempre se me cumplan.

Pruebe. Pruebe a tocar en una guitarra el Capricho árabe de Francisco Tárrega y se dará cuenta de hasta qué punto los caprichos son vericuetos insondables de la sensibilidad humana, complejos, retorcidos, hermosos pero sin mesura ni razón que les asista. Por eso yo respeto si usted tiene el capricho, pongamos por caso, de regresar a un consejo de administración en el que debió velar por el destino de los dineros, que no eran suyos sino de sus impositores. Y que quiere volver a ese puesto precisamente porque no le dejaron hacerlo. Oiga, es que no hizo su trabajo. Usté mismo lo dice. Pero pase, venga, hale. Dale, boludo, como se expresan nuestros primos porteños –viene al pelo, lo suyo es de juzgado de Mafalda–. Si es capricho, vía libre, semáforo en verde y el Banco de España proveerá. Total, de hambre no se va a morir, eso fijo; así que mejor es que le tengamos fichado y controlado, antes que deambulando a saber en qué empresa y jugando a saber con qué números.

Pero por eso le digo, le quiero decir, que me consienta usté a mí mis caprichos. Y uno de ellos, oiga, uno de los que más me saca de mis casillas, es que el servicio de hostelería haya olvidado de manera masiva que el café con hielo se sirve con varios hielos, no con uno industrial, orondo e indestructible. Que lo gracioso del café con hielo no es tomar el café frío, que también, sino y sobre todo el repiqueteo de los cubitos, mientras se deshacen, en la copa o vaso que sirve de contenedor y refrigerador. Y entiendo que la opción ahora mayoritaria sea más funcional, más práctica y quizá, digo quizá, también más ecológica. Pero lo mismo no va por ahí lo de luchar por un planeta más verde. No sé. ¿Cree usté que si nos sentamos y lo discutimos lo mismo llegamos a un acuerdo, y a cada cual su capricho y con él viva feliz? Venga, que todo es ponerse. Antes de que acabe el verano, si puede ser. Mírelo, y ya si eso me va contando.

20090717

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Narcisismo periodístico

Muy acertado texto publicado en 233grados.com


Y eso es lo que Winer está tratando de hacer cuando nos recuerda que la gente importante en las noticias son las fuentes y los testigos, que ahora pueden publicar y transmitir todo lo que saben. La pregunta que se deben de hacer los periodistas es cómo pueden añadirle valor a eso. Por supuesto, los periodistas pueden añadir mucho: informando, seleccionando, investigando, corrigiendo, ilustrando, aportando contexto, narrando. Y, por supuesto, estoy completamente a favor de que haya periodistas; los estoy formando. Pero es difícil asimilar que las noticias pueden continuar sin ellos. Ellos son los que necesitan descubrir cómo se pueden convertir en necesarios. Pueden hacerlo y lo harán, pero no pueden seguir simplemente descansando sobre la prensa y sus mitos.

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20090420

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Los dinosaurios van a desaparecer

Ahora que las cuencas del Segura tienen un porcentaje superior a los embalses de Entrepeñas y Buendía, creo que es buen momento para regresar a la Expo Zaragoza 2008, donde tuve el privilegio de acudir como corresponsal en el Día de Castilla-La Mancha. Privilegio doble, por ser el único informador de Albacete elegido para la tarea. No lo hago sólo por el debate del Trasvase. También por las perlas que quise dejar sobre control y cintura periodística, y porque, me cuentan todavía hoy, algunos compañeros del gremio no me perdonan ciertas maniobras para tratar de sacarlo de su ostracismo, mostrando incluso las vergüenzas de la profesión. No es requisito imprescindible para entender el texto tener cierto CI, sólo saber leer entre líneas. Publicado el 24 de junio de 2008 en página 5.


O eso canta Charly García. No se engañen, mas tampoco se dejen engañar. Que mientras lo primero es por obra y gracia de uno mismo con su mecanismo, en lo segundo suelen aplicarse, a partes iguales, la falta de información y la pobreza de espíritu. Dicho en un castellano más rústico, para engañarse sólo hace falta querer hacer el bobo; para dejarse engañar, se tienen que dar la mano el no tener ni repajolera idea y aceptar datos falaces.

Viene lo anterior a cuento de la celebración, mañana, del Día de la Región en la Expo Zaragoza; la del agua, esa cuestión en la que mancheguicos y murcianicos se ven (nos vemos, si me permiten), como con escorzo, de soslayo y con cara de malas pulgas. También viene a cuento de la caravana que la Junta de Comunidades ha organizado, para que unos cuantos informadores les contemos la muy apretada agenda de nuestros líderes sociales, económicos y políticos. Y, aprovechando que el Ebro pasa por Zaragoza, traernos alguna crónica refrescante sobre cómo se las gastan los mañicos en el fabuloso recinto que se han montado.

Las neuronas, que son así de puñeteras ellas, me han hecho conectar la caravana con aquella práctica extinguida de los fondos de reptiles...
Antes de que nadie se me asuste, dejo por escrito que aquí no hay fondo de saurópsidos de tipo alguno: cocodrilos, serpientes, tortugas, lagartos o tuátaras caen fuera del diseño y organización de esta comitiva. Así que conexión fortuita la de mis neuronas, por encima de cualquier especulación o sobreentendido. Dicho quede.

Llámabase fondo de reptiles a las partidas de los ministerios para que la prensa informase a favor de tal o cual política; y por extensión, a todos los dineros que disponen entidades públicas o privadas para convertir en lacayo al periodista y en cliente al lector. Son muchas y muy variadas las relaciones que los poderes del Estado y el capital privado han mantenido con el mal llamado “cuarto poder” a lo largo de la historia de la prensa: juglares pagados, rotativas sobornadas por mecenas, prensas oficiales del régimen de turno, el propio fondo de reptiles, editoriales ligadas a think tanks o bunkers de pensamiento, etc.

Así, hasta llegar a nuestros días, en los que básicamente la situación se resume en: cada cual es libre de disponer la información como guste, y de asumir los riesgos correspondientes. Se trata de jugar a ser adultos: a mayor independencia económica, mayor capacidad para arrear con verdades incómodas, desde dos concejales ausentes en un debate municipal hasta un gobernante que no da la cara en una catástrofe natural. It’s not my business, no es mi negocio, usted sabrá.

Les decía al principio que no se engañen. Prensa sin presiones externas, tal cual, no la hay. Pero hay alguna que es lo suficientemente libre como para que en sus páginas se pueda hablar de ello. Y les decía también que no se dejen engañar. Cuando alguien les miente la bicha del control mediático, los pagos a los servicios prestados, los favores, los fondos de reptiles o el titiritero “televisión manipulación”, miéntenles ustedes a la madre que le parió. Con perdón de la mujer.

Comerciales, médicos, viajantes, fontaneros, ingenieros, químicos, constructores… Todos ellos son sometidos a las “tentaciones del desierto”, en formato de viajes, congresos o regalos, que algunos (no todos, no en el caso de la Expo), ponen en marcha para que los otros vendan, receten, comercien, apañen, diseñen, formulen o edifiquen ateniéndose a ciertas prebendas. Quienes aceptan llevan una vida más sencilla, hasta que se dan de bruces en el suelo. ¿Les suena Estepona? Pues casi. Decía el desaparecido y siempre recordado genio Haro Tecglen que los “reptiles” dan “dinero de los impuestos, que sirve para que quien los paga siga dándolos a favor de quien le roba”. Y eso se acaba sabiendo. Siempre. Estado de Derecho y esas vainas, ya saben.

Pues ídem. Tengan por cuenta que cuanto escuchen estos días sobre la gestión del agua obedecerá a unos u otros intereses. Pero, también, que ustedes tendrán dónde elegir para ser informados. Esa es la grandeza de este asunto, desde los Baños de Ola de Santander hasta las semifinales de la Eurocopa en Viena; a ello dedican no pocas horas, con más o menos acierto, con más o menos servilismo, con más o menos inteligencia, miles de periodistas en el mundo, y decenas en esta capital.

Y en el peor de los casos, piensen en Larra: “Tan comedido como con los teatros, he de ser poco más o menos con todas las demás cosas. Ni pudiera ser de otra suerte: en política sobre todo, y en puntos que atañen al gobierno, ¿qué pudiera hacer un periodista sino alabar?”. Les aseguro que, 175 años después, estamos mejor. Mucho mejor.

20090401

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Una oportunidad entre más de un millar

Increíble, tú. Me entero por el crack ciudadrealeño por excelencia de una serie de noticias que me dejan el cuerpo helado y el ojete tibio, o al revés, y eso que ya no hace falta calefacción y que no me pueden dar por culo más, so pena de reventarme las vísceras. No nos pongamos sanguinarios, que para eso están la CMT y sus corridas de toros a todas horas. Incluso si el Banco de España interviene la Caja de Castilla-La Mancha.

En PR Noticias se cuenta que ni un solo segundo, de los 86.400 que tiene una jornada, lo dedicó el canal autonómico público, impúdico y pudiente, a informar el domingo de los sucesos que habían reunido a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, mandamás del euro español, y a Juan Pedro Hernández Moltó, ex mandamenos de cuatro empresarios que acapararon el 40% del crédito de la caja regional...

... Sería injusto acusar a la CMT de haber perdido 86.400 oportunidades para informar a sus amados amables telespectadores sobre la intervención del Banco de España a CCM. Es decir, acusarle de no haber aprovechado ni una sola de las 86.400 oportunidades que tuvo. No fueron tantas. Ni de blas. Ni de coña. Nasti. Niet. Nein.

Primero, porque la noticia la dio en exclusiva Cuatro a las dos y media del mediodía. Segundo, porque qué menos que dedicarle medio minuto, esto es, 30 segundos, a un asunto "menor" como éste, y que tan "lejos" y tan "poco" afecta a los ciudadanos de Castilla-La Mancha. Así que, en resumiendo que es gerundio, a CMT sólo le restaban el domingo 34.200 para informar. Y ya que menos de medio minuto no merece ser llamado noticia, cabe calcular que, 34.200/30, el canal autonómico tuvo 1.140 ocasiones de informar sobre el asunto. ¿A qué ya se ven las cosas de otro color? Con un margen de maniobra tan escaso cualquiera falla. Hasta las escopetas de feria, incluidas la del Interés Turístico Internacional, próxima a cumplir 300 años y que viva Albacete, fallan más. Normal. De que sí y que es así. De la familia de los Errores de toda la vida.

Una vez desmontado este primer rumor intoxicador sobre el mal hacer y peor trabajar de la CMT, nos pegamos un viajecito hasta el País Vasco. Allí, en el Canal Bizkaia, unos cuantos muchachos le están haciendo la vida imposible a la empresa. Total, porque hayan despedido a cinco currantes en una redacción de 20, y hayan preparado el camino para despedir a otros cinco. Es que ya se sabe. Periodistas. Escoria. Inmundicia.

"Los rancios y arcaicos modelos de gestión empresarial, el desconocimiento del negocio, la incapacidad, la falta de preparación de los directivos, el no estar al día, la carencia de ideas, la escasez de materia gris, la falta de sensibilidad... son tan peligrosos como la propia crisis, y si lo combinamos todo el desastre empresarial está garantizado. Y las víctimas siempre son los mismos, el eslabón más débil, los trabajadores. La consecuencia, quedarse sin trabajo por culpa de la inoperancia de otros". Así inició un día de diciembre Jorge Ibeas su programa en dicha emisora, Tu economía, a consecuencia de los primeros cinco despidos. Cuando el vídeo alcanzó en Youtube la cifra de 17.000 visitas, su gerente le pegó un tirón de orejas: "los trapos sucios se lavan en casa".

Mi menda, al que en su día le cayó el sambenito de lameculos del editor (quizá con razón, yo qué se ya a estas alturas de la vida), hoy está en la calle y a veces piensa si no serían ciertos comentarios en la tertulia Cuerpo a tierra o en El Pueblo los que facilitaron estar en la lista de nominados. A título de ejemplo: "Hemos llegado al siglo XXI y sólo nos ha servido para que, del pacto social, no queden ni los guisantes. No. Aquí ya no hay pacto que valga, sólo la dentellada pura y dura. Hender el colmillo en el trozo más grande posible del pastel, y hacerlo sin mirar al vecino de al lado, que tiene el mismo miedo que cualquiera a quedarse sin manduca".

Y eso que no me cansé de escribir entradillas como la de Ibeas en Bizkaia. Otro botón de muestra, 25 de junio del año pasado. "No son pocos los que consideran que el escenario económico para los próximos meses es, cuando menos, para armarse de cautela. La globalización ha cambiado las formas de trazar la economía... y también de enfocar un panorama de crisis. La solución tradicional, el abaratamiento vía costes salariales, podría volverse en contra de la empresa al inicio del siglo XXI".

Y, además de eso, nuestro propio mea culpa. Quien no quiera verlo se seguirá cerrando puertas. Ir en comandita con los compañeros del gremio para que el responsable político o social de turno reparta los mismos papales. Esperar a la nota de prensa de la institución para no meter la pata. Reconocimiento profesional entre los menos veteranos y sólo entre ellos, y sólo porque se van juntos de copeteo. Puñaladas por la espalda para tomar el poder y decir "esto es la misma mierda que antes, pero ahora la que manda soy yo", como sé que han hecho algunas aprendices del oficio. O callar la boca desde las asociaciones profesionales cuando en las redacciones se viven situaciones de abusos y amenazas, como me consta que hace una redactora jefe "cunera" que trabaja por estos lares: "O haces lo que te mando o te echo". Triste "te mando" que en realidad son "órdenes" reproducidas en cascada hasta el último pringado.

Entre unos y otros, hemos matado al oficio. Pero no a la profesión. La cuestión es que alguien recoja de una vez el testigo de la segunda para revitalizar el primero. Y lugares como Ciudad Real, el Albacete de acogida o la Santa Pola de recientes emigrados a mí me dan fe. ¿Y a ustedes?

20090323

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De 'beta tester' a 'teta bester'

Escribe Roberto Saviano en Gomorra:
¡Hoy, después de Tarantino, ya no saben disparar como Dios manda! Ya no disparan con el cañón recto. Lo tienen siempre inclinado, hacia abajo. Disparan con la pistola torcida, como en las películas, y esta costumbre provoca desastres. Disparan al bajo vientre, a las ingles, a las piernas; hieren gravemente sin llegar a matar. Así, siempre se ven obligados a rematar a la víctima disparando en la nuca. Un charco de sangre gratuito, una barbarie del todo superflua a los efectos de la ejecución.

Así se lo dijo en cierta ocasión un veterano de la policía científica de Nápoles, mientras le explicaba cómo los killers de la Camorra imitan a los de las películas...

Al revisar estas líneas, me da por pensar si a la actual manera de entender la prensa no le sucede algo parecido. La revisión diaria de la agenda de actos de políticos y demás líderes sociales arroja saldos insoportables de compaciencia y compadreo. Por cierto, "compadre" es el título original que se daban entre sí los jefes de la Camorra napolitana, en lugar de "padrino", una traducción poco filológica del inglés Godfather.

En ese ritmo flojeras de información, los periodistas ya no saben disparar como el oficio ha manado de siempre. Podría decirse que después la serie de José Coronado (no, desde luego, después de Todos los hombres del presidente), disparan con el cañón hacia abajo, y preguntan por el vientre, por las ingles, por las vísceras, por el morbo. Pero no por el fondo, por la crítica, por la certeza de los datos, por la proyección, por lo que demanda el público.

De ahí la constante separación entre prensa y audiencia: cada vez más lejos, cada vez más irreconocibles, mientras la legión de los periodistas-bloggers crece, para desesperación de quienes se quedaron en el siglo XX reivindicando el corporativismo del título universitario, y denunciando el intrusismo, como única arma para blindar su trabajo. Ignoran que a la profesión le acechan otros males.

Por eso se ven siempre obligados a rematar sus noticias disparando en la nuca del lenguaje, provocando una sangría de verbos innecesaria, una barbarie de superficialidad, conformidad, complicidad y justificación de todo por nada; frente a la dicadura de las inserciones publicitarias no oponen más que su jornal mileurista y los titulares precocinados de los gabinetes de prensa: Mengano dice, Zutano asiste, Fulano inaugura. Y noticia no es, o no sólo es, y desde luego no siempre es, quién dice, quién asiste o quién inaugura. Será, siempre y en todo caso, qué se dice, qué sucede allí donde se asiste, o qué hay de nuevo en aquello que se inaugura. En definitiva, qué es lo oculto, y no lo que todo el mundo puede ver.

Veo el tarantino-periodismo mientras me adentro, cada día, en las procelosas aguas de un medio digital, a medias entre blog y web, con un nutrido y admirado grupo de beta testers, que con paciencia y buena letra me dicen qué puede mejorar, qué falta o qué sobra en Confidencialba. Y me pregunto si no llegará también el momento en que la presión, la necesidad monetaria o el simple hartazgo de l'omertá me convierta en algo muy similar a ello, aunque cambiando las consonantes: no un beta tester, sino un teta bester. Es decir, el que mejor chupe de la teta. De la que dé mejor leche. De la que mane el compadreo infinito. Del bolsillo acolchado, cómplice y amamantado. Ay, Saviano, hijo mío, qué de fantasmas haces ver.