En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

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Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

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20100618

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Mi primo y cinco millones de lumis

Publicado en Confidencialba. Columna del editor

Esta crisis no es como otras: yo siempre he tenido faena, y nunca hasta ahora había estado con la máquina parada seis meses. La confidencia la suelta mi primo en lo que nos echamos el café de desatascar en la cita de todas las mañanas. El café con el que se enjuga esta crisis que tiene a cinco millones de desengañados buscándose las cosquillas sociales, a ver si le quedan ganas de reír por algo más que por la histeria del hundimiento de su propio Titanic. Y lo de me primo, al que no conocía hasta hoy, pero me tiene tan cara de noblote y saludable que es difícil no fiarle el pan y los cafés, me parece de traca. Veintidós años removiendo tierras, con su mono, sus empleados cuando los necesitó pagados en tiempo y forma, sus clientes de toda la vida y su Paco, o su Luis, o quien le tocara en suertes en la oficina del pueblo renovándole confianza y crédito… y ahí me lo tienen, al hombre, apretando los dientes y el culo hasta que vengan vientos mejores, si es que han de soplar.

No me canso de decir a mis amigos, e incluso a mis enemigos, que no se fíen, salvo que sea para fiarse entre ellos. Mejor dicho: que no se confíen. Que si le pegan un repaso a algunos amantes de la economía ficción, todo lo agoreros que se quiera pero que vienen acertando una sí y otra también desde mediados de 2007, o antes, lo mismo se les corta la digestión. Agoreros o demiurgos como Marc Vidal que insisten en que lo peor está por venir, que de aquí a seis meses el ambiente va a ser irrespirable, y que el recorte de derechos, prestaciones, salarios y días de indemnización por despido va a pegarle veinte vueltas y media a la moto que ahora nos están vendiendo. Pesimistas, les llaman algunos. Y ellos, los futurólogos, lo niegan: su vida consiste en emprender, y en ponerle al mal tiempo buena cara. Como hace mi primo, exactamente, desde hace 22 añazos, con su mono, sus empleados, sus clientes y su Paco, o su Luis, etcétera.

20100521

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Váyase usted también ahí, ahí mismo, a la P.M.

Recibo en el e-mail esta carta de un funcionario en un foro, y no puedo hacer otra cosa que tratar de redifundirla.

Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.

20100506

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Con libros y con teorías, mejor que con sangre

Visión personal de la presentación del libro colaborativo "Open Government", coordinado por César Calderón y Sebastián Lorenzo. Miércoles, 5 de mayo de 2010, 19.30, Fundación Ortega y Gasset (c/ Fortuny, 53).


Clic en la imagen derecha: acceso al PDF de una revista imaginaria: Net-tec@. Diseño y maquetación del autor del texto.

Conozco a César Calderón desde los tiempos inmemoriales de mi primer blog, ContraTitulares. Una bitácora dormida desde hace más de tres años pero que me permitió entrar en contacto con alguien que, de aquellas, pergeñaba una red digital de perfil progresista. Con el tiempo ha devenido en un espacio de referencia indiscutible a la izquierda de la red: Lasideas.es. César, o Netoratón, nunca ha ocultado su militancia ideológica. Y bien que hace: quien evangeliza sobre la transparencia debe dar ejemplo, si quiere resultar creíble.

A Ortiz de Zárate, aunque él no lo recordará, también lo conozco de mi aún reciente etapa albaceteña –no lo recordará en parte por eso, porque La Mancha nace y muere en La Mancha–. La llamada “capital del llano” presume, con o sin razón, de estar a la vanguardia en la participación ciudadana. Y el teléfono y las fuentes me llevaron a donde debían llevarme: a la lehendakaritza, al Gobierno vasco. Esto es, al lugar donde se están dando pasos en la dirección que sí o sí marca la agenda política de futuro: el Gobierno Abierto, la puesta de los documentos públicos al servicio y al alcance de la ciudadanía. Poner a la clase dirigente en continua fase beta. A prueba. Experimentando. Obligándola a implicarse más allá de la cita electoral cada cuatro años.

Hasta ayer, con motivo de la presentación del libro colaborativo que nos ocupa, no tuve el placer de “desvirtualizarlos”, como se dice en el siempre guerrillero lenguaje de Internet. Ponerlos en tres dimensiones. Saber que se les puede tocar, y que no son intocables. Quizá esta última idea sea la que más y mejor nos acerque a esa idea del Gobierno Abierto.

Los gobiernos, sean del tipo que sean, las instituciones en general, deben abandonar el aire de superioridad que históricamente les ha acompañado. Y se dice bien deben. Calderón, Zárate y sus contertulios Rafael Ceballos y Jesús Sánchez Lambás coinciden en una idea: ahora que la ciudadanía puede acceder a todo tipo de información de manera casi instantánea, mediante el uso de las nuevas tecnologías, una institución que corte el acceso genera desconfianza. O apatía. O, peor aún, desafección. Si se da por válido que la desafección es el germen sobre el que un autoritarismo puede crecerse, cualquier político con convicciones democráticas debe saber que la salvación del concepto “democracia”, con tintes de izquierda o de derecha, debe esforzarse por desactivar ese veneno llamado desafección.

Ese es el camino por andar. Y estos son sólo los primeros pasos. Al otro lado de varios charcos, como Estados Unidos o Australia, los dirigentes se han puesto las pilas. Han incentivado el compromiso de los empleados públicos; han tratado a sus administrados no como rebaño, sino como usuarios autónomos, adultos y con criterio.

Podrá concebirse esta aventura como utopía irrealizable. De igual modo reaccionaron las monarquías absolutas ante el auge de las ideas liberales. Y la burguesía ante el advenimiento del movimiento obrero. Es hora de dar un paso más. Y con libros y teorías, mejor que con sangre.

20100504

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Stainway de las finanzas y sindicatos embarrancados

El desempleo descendió en abril en 24.000 personas. Hay quien se alegra y todo

Volvemos a las tasas de paro de antes de la crisis, sonríen ufanos desde nuestras portavocías oficiales. ¡Claro, de toda la vida de Dios! 24.000 parados menos, sobre más de 4.100.000 según las cifras oficiales, son indicio claro, exacto, potente e indiscutible no ya de aparición de los brotes verdes, sino de reactivación de la economía en su conjunto, forja de la recuperación, despedida del bache para otros diez años de festín, y tira millas que a la próxima racha de crecimiento no hay quien le ponga freno.

O quizá va a ser que no. Quizá va a ser que en esta España cainita de reinos de taifas por doquier todavía cuesta mucho desprenderse de las joyas de la corona que son las cajas de ahorro. Porque esos Stainway de las finanzas, no nos olvidemos, han alentado todo tipo de aventurerismos inmobiliarios, de irresponsabilidades industriales y de favores políticos a precio de saldo, a cambio de que nadie se mueva de la foto y cierren filas, todos a una, en torno a la figura del gran Mesías que dirige las riendas políticas de cada patria chica.

Va a ser que en esta España de espantapájaros industriales, la patronal de las marsanes quebradas permite a los sindicatos embarrarse ellos solitos en el discurso de los días de despido por año trabajado, en lugar reclamar oportunidades reales de negocio para los cuatro millones de proyectos quebrados de este país. Atención: el 40 por ciento de los nuevos negocios se ponen en marcha desde el desempleo. Ahora bien, ¿cuántos aguantan el tirón del primer año de vida? ¿Cómo hacerlo cuando el autónomo se ve obligado a declarar por aquello que factura pero cobra a 180 días... si es que cobra? Y la patronal, que es lo suyo, encantada: la peña con el trasero prieto por si pierde comba, se queda sin curro y se va a pasar frío en la calle. Que lo hace. Claro que lo hace. ¿Productividad? Claro, con pólvora del rey.

Pero para la España oficial, tanto la de quienes la dirigen –perros con collar rojo hoy, azul mañana–, lo importante es que las cifras del paro den un respiro: un 0,5% menos de parados que en el mes anterior. Quieras que no, supone todo un mes de alivio para preparar más menús de propaganda, y perpetrarlos cuando corresponda: en la próxima intervención del Banco de España, en el siguiente batacazo del Ibex 35, o cuando se trate de explicar por qué las cifras de la EPA no coinciden con las del SPEE. Qué país. Es para sentarlos a todos en el banquillo. El de los acusados, no; el de los reservas. Aunque por menos le buscan las cosquillas a un juez.

20100322

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Costumbrismo sobre raíles

Confidencialba. La columna del editor. Imagen: elmundo.es


La verdad es que ser español se convierte, en ocasiones, en un ejercicio diario de ciudadano coraje. Si te cuento, coliflor, que este puñetazo verbal me lo inspira de nuevo la Renfe, tienes todo el derecho del mundo mundial a mandar a paseo a esta servidora. Porque no sería la primera vez ni –seguro, a este paso– tampoco la última. Mis colegas los ferroviarios son como las añadas vinícolas de cuando no existían sumilleres chic, ingenierías agrícolas ni Cristo que los fundó: que un septiembre te salían excelentes y al siguiente servían como desatascador. Pues igual, pero de un día para otro.

La cosa es como sigue. Aquí mi menda tiene previsto viaje Albacete-Madrid para la tarde de un día. Pero como debe algún café y alguna honrilla en la capital del Llano, no le queda más que llamar al 902 de turno para que le cambien el billete. Para la mañana siguiente. Salvando la mala baba de tener que llamar a ese impuesto revolucionario legal que son los 902, manos arriba, la bolsa o la vida, hay que reconocer que los muchachos y las muchachas renferas, y su administrador de infraestructuras (ADIF), se lo tienen bien currado: tres minutos, nuevo localizador y una penalización de 3,45 euros. Fetén. Salvando, ya digo, el 902 y… el muy mejorable entendimiento de su página web con los estándares de Internet. Pero esto último es carnaza de tecnicismos, y no quiero aburrirte, coliflor mía.

Así que, de momento, puturrú de fua. Pero... como decía mi colega el músico digital –no toca un instrumento a derechas, el tío, pero tiene una jartá de oído–, “siempre hay un pero”. En realidad hay varios “peros” cuando uno pisa la estación provisional de trenes del harvar manchego. Entre ellos, el peaje que tuvieron que pagar siete empleados de la extinta cafetería de la antigua estación para que el progreso se abriera paso en forma de máquinas expendedoras, bocadillos de plástico, latas de jugos de colores y un kiosco franquiciado. No me repliques, maricoliflor, que aquella cafetería era cochambrosa y que hasta las moscas huían del inframundo que concitaba. Eso ya lo sé. Pero si ese era el problema –que va a ser que no–, cerrarla tampoco era la solución adecuada. Que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

El caso es que tragamos con todo. Yo mismo, querida, cuando me personé a la mañana siguiente en la estación me eché al cuerpo un combinado de leche y frutas en forma de tetra brik mini, pagado con lo que no me había gastado la tarde de antes –no me dejaron invitar al café, ventajas de la militancia en el INEM, digo yo–. Y me lo tragué. Tanto el zumo... como el pequeño estertor de conciencia proletaria que le queda a servidora, después de haber conocido diferentes versiones de la rosa y el puño socialistas, y hasta del palomo cojo del PP. Y si me apuras, de la sirena de ambulancia electoral: IUIUIU. Volviendo al relato, acababa de pasar por elautochecking, o como quiera que se escriba, y pa quitarse el sombrero, oyes: número de localizador, impresión, billete en mano. En menos de un minuto marchando billete oído máquina, y con estas manitas. De vicio, el progreso. A pesar de los pesares de la cafetería. Qué quieres que te diga. Cómo quieres que te lo pinte, si no.

Pero… –así, con puntos suspensivos me lo decía el músico; así que repetimos–: pero… cuando la que ahora te entretiene ya se las prometía felices, justo antes de pasar el control de rayos y toda la vaina, va y me aparece una sonriente, presta y disciplinada empleada de la empresa, para decirme que me olvide de lo que está impreso en el billete que tan solazado acabo de retirar de la máquina. “Es que han cambiado la plataforma –me suelta sin pedirme disculpas–, y ahora ya no vale. Ni tu coche ni tu asiento. Tienes que subir entre los coches 14 y 20 y sentarte donde haya un asiento libre”. Pero así tal cual, coliflor. Del 14 al 20. Y al bollo. El vivo. El muerto al hoyo. ¿Y no les ha dado tiempo de cambiarlo?, inquiero. “Es que no nos han avisado”. Con tiempo, se entiende.

Así que ya en el control de rayos –y centellas, que diría el capitán Haddock, mil millones de trillones de rayos y centellas, panda de bachibozuks–, mascullo algo tipo tié huevos que esta gente siempre me dé una excusa para escribir algo. Pues estaba dispuesto a pasarlo por alto, como lo de la cafetería, como lo del 902. Pero estáte ahí. A la hora prevista el Alaris hace acto de presencia, y los que nos creemos más listos que Santo Tomás de Aquino contamos: el 20, el 19… aquí para el 18… me voy unos metros más allá, donde no esté todo el personal apelotonado, a subirme en el 14 o en el 15.

Y allá que vamos cuatro infelices: el 18, el 17… ¡Carape, el 6! Oiga, ni el 16, ni el 15, ni el 14; ni toda la ristra de vagones que faltan hasta el 6. Es decir, que “del 14 al 20” nasti de plasti. Del 17 al 20, que es así como la mitad. Imagínate el pastel, mariflor, armados con maletas y sueños de puente –perderlos no es condición sine qua non de la condición sociolaboral de esta crisis de cinco millones de parados y cinco ricachones complacientes–, ahí nos ves al medio centenar, o más, de supervivientes del páramo, repartidos como a cada cual le dé a entender la sesera, para andar segundos después con la cantinela de que es triste de pedir, pero más triste es de robar: ¿está libre este sitio? ¿Hay alguien aquí sentado? ¿Tendría problema si…?

Ya ves, drama ninguno, coliflor. Sólo faltaría. Bueno, cariño, te dejo que aunque sea festivo quiero ver si hay novedades con lo de los ultras que quieren empurar a Baltasar. O con el buenazo de Roldán, que ahora es un santurrón para toda la prensa que lo utilizó como ariete para cargar contra Felipe –otro que tal–. O a leer a mi primo Marc Vidal, que nos cuenta las verdades del barquero de la economía, puntito mesías salvador, sí, pero valiente y tocapelotas, que falta nos hace. Sobre todo con lo que no nos quieren decir de la infartante deuda público-privada, como la que me han dicho le ha col(oc)ado Castilla-La Mancha al Santander –o Botín a la Junta de Comunidades, ves y busca–. O con tantísimas otras cosas por las que se hace tan cuesta arriba, como te decía al principio, tan de chirigota, tan de greguería, tan de sainete, quererse como español.

Que te vaya bonita la mañana, y besos a tu Paco. Dile que castos, no me mires así, que ya sabes que me lo conozco, por más que sea tu hombretón.

20100315

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La curva de marras de la carretera de Colmenar

Confidencialba. La columna del editor


Dios mío de mi vida, por favor, qué hijos de puta. Las palabras no son de este articulista, sino de la señora que a finales de febrero grababa cámara en mano la carretera de Madrid-Colmenar Viejo, M-607, km. 28. Es decir, justo donde la endiñó y se la endiñó su hijo hace dos años. Dios mío, qué hijos de puta, dice la señora y con razón, porque mientras se afana en su labor de camarógrafa le pasa un vehículo por la izquierda, y unos metros más adelante las ruedas se salen del trazado y acaba volando por encima del quitamiedos con las consiguientes vueltas de campana. Justo como su hijo. Pero ni Cristo se ha hecho responsable jamás de este cirio pascual del tráfico.


Ni de este, ni de ninguno en una carretera comarcal con aspecto de autovía y en la que se cuentan más puntos negros que en la jeta de un adolescente. Una carretera donde sólo en Nochevieja fueron "capaces" de salirse de la calzada –en el mismo punto– hasta nueve vehículos. Donde las muertes se cuentan por decenas, y donde el santo y seña diarios de cualquier conductor son el accidente de la jornada –¿ha habido muertos?–, el cambio de asfalto, con baches y parcheados cada dos por tres, y los peraltes a medias o realizados con el sentido de la topografía en el mismísimo trasero. Si es que es cosa de los topógrafos. O de quien sea.


Pero ni uno, oigan, ni un responsable público, de la Delectación General de Tráfico, de la Crapulidad Autónoma de Madrid o de la cosa pagada con impuestos de todos y competente en el asunto, ha salido jamás a decir esta boca es mía aunque me pongan el careto como un tomate de Mazarrón. En Colmenar, en las Alpujarras, en la Costa da Morte o en Albacete. En la España de la poltrona nadie es responsable nunca de nada: ni tan siquiera el conductor que entra a todo trapo en una curva marcada a 50, con gravilla, obras, lluvia y escasa visibilidad. Que haberlos haylos, como las meigas. Pero bien raro es que todos se hayan puesto de acuerdo para ir a matarse ahí, precismente, entre Colmenar y Tres Cantos. O en cualquiera de los puntos negros de la piel de toro. Así que algo más debe haber.

Cuando la cosa empezó a ponerse chunga de veras, por aquello de que cada vez más madrileños de nacimiento o de adopción hacían las maletas y tomaban las de la Sierra, se amplió un carril en la salida de Madrid y se colocaron un par de señales más de las de "cuidado que esto es peligroso que te rilas". Eso, y algunos "curas tumbaos" como les llama mi buen amigo el taxista. Es decir, badenes reductores de velocidad. ¿Oiga, y lo de curas? Porque son los que peor me caen, me dijo el muy bandarra en una ocasión: ponga usted ahí generales, banqueros, políticos o lo que le plazca, y así mientras a usted se le chafan los riñones, por lo menos se lleva la satisfacción de darle matarile a algún pez gordo. Que visto así es más que nada.

Ahora que una señora ha tenido la coincidencia, y no feliz, de grabar con su cámara a otro desgraciado del volante que prueba a dejarse los piños en esa carretera, entonces van y se ponen las pilas. Me lo cuenta la buena de Carmina, que hace día sí día no el trayecto Madrid-Sierra-Madrid. Que ahora pasa cualquiera de ustedes por allí y aquello es la repera de la obra civil. Vamos, que ni crisis ni formas consagradas en vinagre: excavadoras, obreros, vigas, asfalto, cemento, protecciones. Ni Montmeló. Lo están dejando requetepintao y maravillao, como el cacao.

Es entonces cuando uno se malicia, y les invita a ustedes a que lo hagan con toda la peor baba del mundo, que algunos de estos chupasangres de la res pública, esos que no han dado un clavo en su puñetera vida, y si pueden palmarán sin hacerlo, sólo son profesionales de la cuentitis y la carguitis. Y que no mueven un dedo ya se les pongan farrucas las circunstancias, salvo que alguien con la mala cabeza de contar las verdades del barquero armado con una cámara doméstica deje en paños menores su incompetencia, su incapacidad y su olvido sistemático de que está donde está, pagado por quienes les pagamos, para servir al respetable y no a sí mismo.

Échense una cámara al hombro, que las hay de andar por casa por menos de lo que cuesta el seguro del coche, y hagan revista de todo aquello que les consta que está mal, y les consta además que a los mandamases también les consta. Es decir, lo que hace el PP albaceteño con los barrios, pero aplicado a todo. Y acuérdense, cuando consigan los 30 segundos que dejen en paños menores a los que gobiernan, de buscarse un amigo informático que se lo suba a Youtube, y de decir bien clarito, antes de parar la grabación, "Dios mío de mi vida, por favor, por favor, por favor, qué hijos de puta, qué hijos de la gran puta".

20100217

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Carnaval sostenible

De Confidencialba. La columna del editor.


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Qué bueno, me digo, que estemos en Carnaval. Es una manera sandunguera, si acaso una de las mejores, de saber que todo puede ser tomado a ritmo de chirigota. Samba de Janeiro y de Belén Esteban, para asombrarse con los mensajes travestidos de los drag-queens de la cosa pública, y aplaudir el disfraz de cierta gentuza que es imposible que se crea lo que dice. A lo loco , a lo loco el discurso en tanga desvergonzado de mengano, el plumaje verde y sostenible de fulano, la traca de voces impostadas… No es como el 28 de diciembre, no. Pero casi: baile de máscaras de quienes visten el traje del emperador.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Así, por unos días, el funcionario temporal de turno (pues no otra cosa son los políticos), pueden ponerse sensibleros en una Convención sobre Cambio Climático y Sostenibilidad. Decir que se creen esto y lo de más allá. Confundir 70% de energías verdes con 70% de electricidad consumida procedente de fuentes renovables. Todo el mundo sabe que es una explosión súbita de fuegos de artificio, porque es Carnaval. Y así ha de ser, para que nadie se lleve a engaño.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Permite a empresas que reciben “amargos” por su falta de transparencia informativa –no siempre, no todas, seamos justos– ser a la vez sponsors de la cosa ecologista, mientras los congresos que patrocinan dejan fuera de juego a los sesentayochistas que toman el micrófono en el turno de preguntas presentándose como “un simple ciudadano”. Turnos de preguntas que, por cierto, son el único reducto en los que hacer posible, si es que se hace posible, esa máxima de la “participación ciudadana” de la que presume todo Ayuntamiento que se considere contemporáneo. Y sostenible, faltaría más.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Porque así saben esos nostálgicos de Jean Paul Sartre, el Che y Mahatma Gandhi, como saben los ponentes del “cine de barrio” del cambio climático (acaso lo sepan desde antes y con más convicción), que esta función casposa de sobremesa es una tómbola, tom, tom, tómbola, de luz y de color. Como la vida, como las ideas, como el poder. Como el terruño pacífico de los Eurocpoters EC135, los programas de entrenamiento de pilotos de la OTAN y los aeropuertos de seis millones de euros en publicidad institucional. Elementos de pro que aseguran el desarrollo y el porvenir.

Qué bueno que estemos en Carnaval, se dice, se repite y se insiste en ello. Así los muchachos y las muchachas de la prensa saben, conocen e identifican la broma ligera de traer a un Nobel llamado Pachauri, a una ex primera ministra de Noruega o al creador de la campaña climática de Barack Obama, guanche para más señas. Es decir, quizá no orgullo pero sí reseña de la capacidad patria. Chuminadas, concluyen, los plumillas o casi mejor sus jefes. Quiere decirse sus editores, los mismos que trafican con la información en función de quién suelte prenda financiera, sobre todo ahora que estamos en crisis. ¿Independencia? Déjate de tanta gravedad, chaval, y baila, que estamos en Carnaval.

Qué bueno este Carnaval permanente. Las ponencias marco del indio de la India, de la noruega o del canario yankee son operetas bufas de lo que a fin de cuentas importa. Y quien no lo sabe es que todavía no se ha enterado de qué va la fiesta. Se toma nota de la rueda de prensa tasada a veinte minutos, y se toma prestada la nota de la agencia de turno; que para eso se paga, aunque luego sus plumillas y los de cada casa cobren una miseria sonrojante, y a los políticos se les hinche la moral hablando de los medios de comunicación, tan necesarios, tan objetivos, tan patatín y tan patatán. Por eso la hiperinflación de cámaras de televisión sólo se hace presente en la introducción y en la clausura de tres jornadas de perfil internacional. Esa introducción y esa clausura donde largan por esa boca pecadora que las urnas les han dado nuestros mandarines de patria chica. Curioso que sean tan mandarines y bocazas, cuando de todos es sabido la boquita de piñón que se gastan en la República Popular China.

Suma y sigue, qué bueno que estemos en Carnaval. Mientras Albacete descorcha botellas de champán de comercio justo por la buena nueva de la revolución verde, el azote de los curritos allende la capital, sr. Díaz-Ferrán, pide que el despido improcedente cueste 20 días. Y todo el mundo sabe que es un disfraz: ni 20, ni 45; si nos pusiéramos serios sería gratis total, para que despedir a un albañil porque me sale del colgajo o de la bisectriz (según género), no me cause traumas. Que estamos en crisis, ceporros, y hay que ahorrar. Y no me aprieten no vaya a ser que recuerde Auschwitz.

Hace días otro Ferrán, el Adriá, anunciaba el cierre temporal de su Bulli. Ayer corrigió: el cierre es definitivo. Y menos mal que estamos en Carnaval, rediezla, sapristi, porque de otro modo ni él ni nadie se atrevería a llamar restaurante a lo de Adriá. Pero en esto, como en todo, si no habláramos el lenguaje de la mentira oficial que hasta el más tonto se gasta en esta España cateta y envidiosa, y de pandereta, no nos enteraríamos. Por eso en Carnaval nos disfrazamos. Para ser más naturales que nunca. Para ser lo que querríamos ser. Carnaval, carnaval, carnaval te quiero.

20100210

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Penélope y Telémaco... por lo menos

Confidencialba, la Columna del Editor



Si no eres tú, lector –y me permites esta vez el tuteo–, tiene que ser tu pareja. Y si no tu padre. Y si no tu tía la que se fue a vivir a Cádiz. Pero a uno de los cuatro os toca, por ley estadística, haber estado la semana pasada pegadico a la pequeña pantalla formándose, abriendo la mente, recorriendo mundo, invirtiendo su tiempo en todos los verbos en gerundio que signifiquen adquirir cultura, educación, ideas críticas, dimensión global, pensamiento constructivo, acción ciudadana, compromiso vital y lucidez filosófica. Esto es. Pendientes de la nosecuántis reposición de ese paradigma de discernimiento e historia de la evolución titulado Gran Hermano.

No se preocupen. Al menos 18 de ustedes están disculpados de antemano –ya ven, ahora les trato de usted–. Porque estadísticamente están libres de semejante sindiós de decencia televisiva. Se lo digo porque los otros seis de la estadística, los correspondientse espectadores enganchados a la morfina de la bazofia de las vidas ajenas, ya me los topé yo. Comiendo. En un restaurante de esos tan modernos y tan nuevos en los que apenas tienes intimidad. Que uno podrá ser probe pero tiene sus euros para clavarse un menú de los de 300 duros. Y allí estaban. Espléndidos. Encorbatados ellos y de tacón ellas. Finos, jóvenes, aparentes y con hambre. Lobos de las finanzas. O de la administración, tanto me da, pero con la misma pinta de lobos que se gastan los antaño engominados señoritos de la madrileña zona de Azca.

La situación se veía venir. Antes o después. Tal nivel de civilización preclara hemos alcanzado en la perra España de los más de cuatro millones de parados –"nunca alcanzaremos esa cifra y nos quedaremos muy por debajo", dijo Corbacho hace menos de un año–, que el premio gordo estaba cantado. El refectorio en cuestión cuenta con dos pantallas de plasma de esas de rebajas del Mediamáster, o de la Cadenamarket, o de por ahí. Que hoy por hoy si no tienes semejante artilugio en un negocio no eres nada. Ni te comes un rosco.

Y se lo juro por mi santísima, en una emitían el Tal Cual Pascual me es Igual, de la cadena de Lara; y en la otra el Sálvame de los inoperantes, el programa de Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, que de no ser porque ya tienen papel asignado en esta vida, habrían encontrado acomodo, sin duda, en cualquier novela de Umberto Eco, de José Luis Sampedro o de Juan Marsé. Qué digo, en el mismo Quijote de Cervantes. Qué tontería: el Telémaco y la Penélope de Homero, como mínimo. De ahí para arriba, si se puede.

Ante tanto derroche de ingenio, era inevitable que alguna mesa hiciera alguna referencia a alguno de los nudos gordianos que se tratan en sus debates de altura: la jubilación a los 67 años, el despido libre, el incremento del periodo de cotización para el cálculo de las pensiones, el sobeteo y manoseo de la clase política con las cajas de Ahorro (Barreda CCM, Esperanza Caja Madrid), o el envío de 500 desgraciados de la soldadesca española a Afganistán, de los que –la estadística manda– se debería ir encargando ya los epitafios, flores y lápidas o féretros de medio centenar. Ea. Pues casi. Por muy poquito. Ya lo verán.

El programa de Mermelada y de "la mujer que se hizo famosa por tocarle la chorra a un torero" –impagable Ángel Martín, Sé lo que hicisteis, La Sexta–, se arranca con el resumen del reestreno de Gran Hermano. "Mira el Kiko, ya la lió otra vez ayer", dice una torda de los tacones. "¿Y ese quién es?, que no m'acuerdo", replica un encorbatado. "¿Pos si es que no te acuerdas, muchaaaacho? ¡El del primer Gran Hermano!", responde una segunda fulana. ¿No les decía yo? Intensidad, altura de miras, elevación del espíritu. Olé nuestros huevos, compadres.

Y en estas me acuerdo de la época en la que fui corresponsal de la Agencia Notimex. Cuando mi buen César Velázquez me agarró por banda y me dijo: "Oye, pues, pinche Piñeiro, tú que le echas ingenio, qué onda wey, por qué no hases las crónicas de estos pendejos del Gran Hermano, que los editores del de-efe no hasen más que pedirme la chingadera esta para los medios de allá; ya les digo que no mamen, pero ni modo, así que pues te lo ofresco, tú me dises". Qué bien lo pasé, recristo. Tirando de metáforas y relecturas del 1984 de George Orwell, novela distópica de la que sale esa figura del Gran Hermano, y que con que conociera la décima parte de la tropilla de reemplazo que se sienta ante su televisor para ver a estos héroes posmodernos, ya me daría con un canto en los dientes.

Por cierto. Dice la leyenda urbana de la literatura que Orwell –es decir, Eric Blair– escogió ese título al darle la vuelta a los dos últimos dígitos del año en que la terminó de escribir, 1948. También el año de máximo apogeo de la represión estalinista, que quedaba retratada en la neolengua, la reinvención del pasado, la arbitrariedad del gobierno, la policía del pensamiento y el omnipresente Gran Hermano. Es decir, el Estado. Quién le iba a decir al bueno de George que 60 años después el narcótico social no vendría en forma de represión, sino del reblandecimiento de las neuronas de todo bicho viviente. Sobre todo si es español. Y que encima le usurparían sus conceptos. Mira que somos.

Y luego, que si la crisis. Amos ya, cohone.

20100118

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Una cortina de humo

Confidencialba, la columna del editor


Resulta que mañana lunes –u hoy, o ayer, vaya usted a saber cuándo lee este texto–, el presidente de los empresarios de hostelería provincial, Juan Sánchez, sus homólogos castellano-manchegos, y su presidente regional, contarán en Toledo "toda la verdad" sobre la futura ley que prohibirá fumar en los bares. Y a mí como que me entra la risa floja. Una risita de esas entre histérica e indolente. No por el negocio de estos empresarios, que al parecer se va a ver seriamente afectado, y la divinidad me libre de desearles mal alguno; sino porque en el fondo todo este asunto me parece un brindis al sol de la hipocresía.

Aclaro en primer lugar que no soy objetivo en este análisis. Ni yo, ni nadie. Mi menda lerenda porque es fumetis, por tanto tan subjetivo y cargado de razones como los que no le dan al vicio, o lo dejaron por las razones que fueran. Tampoco pretendo convencer a nadie de las virtudes de fumar. Es más, en este Confidencial he autorizado algún artículo –Jorge Laborda, concejal de Sanidad y Consumo– contando las virtudes de la prohibición y lo malo malísimo que es el tabaco. Que lo es. Pero, se insiste en ello, todo este asunto no deja de ser una pantomima políticamente correcta. Incluso meapilas.

Primero, porque los hosteleros ya pueden ponerse más gallardos que la tropa reclutada para combatir junto a Villeneuve frente a los ingleses. Que va a ser que les va a dar igual. Con rebote o sin rebote van a tener ley. Más que nada porque el siglo XXI se estrenó en Europa con una sarta de leyes en las que con más o menos retraso, con más o menos matices, con más o menos revueltas, fumar es más perjudicial que "acariciar" a fulanos de piel morena en las cárceles de Abu Grahib o Guantánamo –nótese la finísima ironía con la que se traza que además, en esto, Europa no hace sino una copia vulgar y sonrojante de sus primos de gringolandia–. Así que, Sánchez y compañía: ajo y agua.

No sólo Europa. Es una fiebre global. Cada época tiene su dios particular. Los jacobinos tuvieron a la Diosa Razón, y los bienestarinos –así nos estudiará el futuro, fijo– tenemos a la Diosa Salud. Vean si no las parrillas matinales de televisión, las páginas centrales de los suplementos de fin de semana, los programas de radio más especializados, las páginas web y los foros de Internet más participados –casi siempre con datos a la ligera–, la obsesión por disfrazar el culto al cuerpo como incentivo saludable, la hiperinflación de productos dietéticos sin los que un supermercado hoy no se come un colín, los servicios de urgencias hospitalarios saturados por culpa de una población que a la mínima se pone nerviosa –servidor incluido–. Vamos, estamos como para una gripe A de las buenas, no de las de coña marinera como la última.

La Diosa salud está encima por incluso del dinero, bastante adelantada a las neosectas religiosas, y ni te cuento a qué distancia de una afectividad sincera, una ciudadanía comprometida –ay, la risa floja, que me vuelve–, una clase política honesta –me mondo lirondo–, o una banca transparente –para por favor que me dan agujetas de tanto reír–. Aunque tenga incoherencias de las buenas: Escocia prohíbe fumar en todos los lugares públicos y en los cerrados, salvo las cárceles por motivos "humanitarios". Buen humanitarismo ese que quiere salvar del cáncer de pulmón a todo el mundo menos a los presos. Luego que si la abuela, nunca mejor dicho, fuma.

Es el sino de nuestro tiempo. Y con él hay que apechugar, se dedique uno a la hostelería, al ladrillo, a juntar letras o a ser administrativo del Sescam, mira tú que apropiado por una vez. El problema es que, como toda moda, y a saber: primero, es pasajera; segundo, es más falsa que Judas; y tercero, obedece al lobby de turno, que cuando es contra el sistema al menos tiene su aquel de simpático. Pero cuando es oficialista, como el que nos ocupa, válgame lo ufano que se pone: si hubiera el mismo furor legalista para controlar las evasiones de capital a paraísos fiscales, el cumplimiento severo de la legislación laboral, la vigilancia sobre los metomentodo de la política o el amiguismo que asegura el ascenso en una bolsa de trabajo o en una oposición al cuerpo de bomberos –es un decir–, otro gallo cantaría.

Pero no. Fíjate por dónde que lo que aseguraría un mundo más justo, menos contaminado, menos egoísta, más comprometido y todas esas cosas que
figuran en el discurso de los mandatarios –como la juventud, el futuro y otros tripis que se meten los que alucinan en el poder–, no forma parte de las prioridades reales de los cacicuelos que afilan sus uñas y sus dientes cada vez que se baten el cobre en las urnas.

Porque además, si nos ponemos, nos ponemos. Pero con todo. Por ejemplo, cómo voy a negar, infeliz de mí, que un camarero o camarera tenga el derecho o la derecha de que no le contamine el humo o la huma de los demás. Faltaría plus. Pero por lo mismo, señores míos, tengo la convicción de que el monóxido de carbono de nuestros utilitarios de clase media engreída contaminan más o menos, y más más que menos, como el humo de nuestros diez minutos de felicidad. Esos diez minutos a los que cantó Calamaro –los de la SGAE que no lean esto, pardiez– aquello de "un beso, otro beso, y la pena se va con el humo".

Por lo mismo, tengo la más absoluta y completa seguridad de que las revistas del corazón, la pornografía rosa que inunda la televisión, la soez sociología de los grandes hermanos, el soplagaitismo artístico de los operatriunfos, la endeblez mental de los callejeros viajeros por el mundo de yupi de las casas de los ricos, el cansinismo agotador de los gobernantes con el culo prieto que quieren ver brotes verdes, después de que dos millones de españoles se hayan ido a la calle con una mano delante y otra detrás por todo taparrabos... En fin, esta sociedad en sus múltiples manifestaciones de bajeza moral y del todo vale mientras la fiesta siga, es en suma provocadora de muchas más muertes, enfermedades e infelicidad que un cigarrillo.

¿Qué hacemos, pues? ¿Prohibimos la circulación por carretera? ¿Prohibimos los espacios de cotilleo? ¿Prohibimos los sueños de celebridad de jovenzuelos a los que visten como chaperos o como meretrices porque tienen una voz de ruiseñor, o eso dicen? ¿Prohibimos la curiosidad de quién carajo se habrá comprado ese palacio? ¿Prohibimos la ilusión de salir de una vez por todas de esta maldición bíblica llamada crisis y que en realidad es corrección a lo bestia de un modelo de crecimiento inviable? ¿Prohibimos la pobreza, como cuentan que ha propuesto Zapatero para la presidencia de turno española de la Unión Europea? ¿Prohibimos, a secas?

Todo lo anterior, sin negar que para los no fumadores el humo ajeno es una jodienda. Todos los fumadores hemos sido en algún momento –al menos de niños– no fumadores. Y a todos se nos ha arrugado la nariz cuando nuestros padres o sus visitas se encendían un piti en nuestra presencia. Pero no se aprende mediante prohibiciones, sino educando. Los "esto es malo y no te recomiendo que tú lo hagas" que aprendimos las generaciones de los 60 y los 70 forman mucho más que ver a unos padres, unos abuelos, unos tíos o un simple desconocido, fumándose a hurtadillas, e hiperventilándose con las prisas, un truja cual delincuente. Todo adolescente quiere probar lo prohibido, lo perseguible, lo incorrecto. Podrá equivocarse, pero le resultará más tentador.

Y todo lo anterior, sea dicho también, sin negar conocimiento a don Jorge Laborda, con el que me une la mentalidad abierta, cosmopolita, hasta cierto punto soñadora, el protomotivo de impacto que no supimos perder de bebés, el motivo de impulsar el mundo a base de latidos de justicia social y, mientras los intereses de una de las partes no lo estropee, una franca camaradería. Que además es sana, aunque él no fume, y quien esto firma sí, y por ahora con delectación. Palabra que se parece de manera peligrosa a delito. Ojalá la enfermedad de la Diosa Salud no llegue a esos extremos.

20100108

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París vía quince

Publicado en Confidencialba


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Que me lo expliquen. Que me expliquen por qué los españolitos de a pie perdemos el culo por ser la octava potencia económica del mundo, y somos capaces de tragarnos resignados y repatingados que quienes prestan determinados servicios de interés público nos traten como a delincuentes. O, dicho de otra forma más cursi, que nuestros sistemas de gestión sean en pleno año 2010 tan exquisitamente ineficaces, tan elegantemente insultantes, tan descaradamente quinquis. Es decir, tercera y última comparación: tan rematadamente meritorios de ser calificados tercermundistas. Con perdón. Para los tercermundistas.

Verbigracia. Estación de Madrid-Chamartín. O de Chamartín-Madrid, no se me pierda nadie en menudencias. 31 de diciembre. Tren de Cercanías a Colmenar Cinco (así es como aparece en los carteles, Colmenar V, con V de Cinco, como Telecinco... tele que queda justamente en la carretera de Colmenar V). Hasta tres paneles indicativos: uno de pantallas retroiluminadas, uno de esas minibombillas tan actuales (años 70, pero ahora son el non va plus de la vanguardia), llamadas leds; y la cumbre de la tecnología y el toque retro, a base de paneles electromecánicos.

Quedan cinco, como Colmenar, como Telecinco, minutos para que el Cercanías penetre en el esplendor decadente de Chamartín. De los tres paneles informativos ni uno, rediezla, pero es que ni uno, da cuenta de tan prometedor acontecimiento. Para el resto de destinos funcionan con notable acierto, lo que introduce más inquietud. Pero como no es plan de sangrarse, al menos no en Nochevieja, conviene echarle paciencia a los trenes de doña Esperanza Aguirre, que cobran dos veces y media la tarifa máxima al cliente que ose violar la red de Cercanías sin título de transporte válido.

Faltan cuatro (de fusión con Telecinco), minutos para Colmenar V, y más de lo mismo. Mutismo en la pantalla, mutismo en los leds, mutismo en los paneles. Y también en los altavoces de la torda que graciosamente anuncia las llegadas y salidas por altavoces con eco retestinado de polvo acumulado desde el tardofranquismo. Tres minutos. Nasti. De plasti. Dos minutos. El cachondeo padre, si usted quiere, don Camilo, pero aquí nadie suelta ni prenda. Un minuto. La hora exacta. ¿Te han dicho a ti cuándo llega el de Colmenar V? Pues a mí tampoco.

Casi diez minutos después, la voz enlatada se arranca: Colmenar Cinco, vete perdiendo el culo para la línea Viejo. O viceversa, que cuando se va en plan rally por las escaleras mecánicas el orden de los factores no altera el infarto. Y pasa lo que tiene que suceder: con los higadillos propios ya en la recámara de la campanilla, las puertas del vagón escupen un “pardillo” en forma de pitido mientras se cierran impasibles, parsimoniosas, y más indiscutibles que los caciques que se gasta la política castellano-manchega.

Oficina de Atención al Viajero. Buenas, vengo a agradecerles los servicios prestados: no creo que quieren dar por saco al cliente en fin de año, así que supongo que hoy abonan taxis a cambio de los trenes que la incompetencia de su compañía nos hace perder. Como mucho, caballero, dice un uniformado que prefiere proteger su culo antes que reconocer las cagadas de quienes le pagan la nómina, ponga una reclamación, y en dos o tres meses le responderán. Si eso. Ya, vale, pero no, mire, dígame sólo si ahora tengo que coger un taxí o qué. Usted, responde imperturbable, sabrá lo que tiene que hacer.

Manda huevos. ¿Será Renfe de sus amores la que sabrá lo que copones de bullas tiene que hacer, para no marear al personal? Quince minutos más tarde, sin reclamación ni taxi, y con cierta atonía de esta perra España que nos toca vivir, la cosa pasa por esperar en la plataforma de todos los trenes que van a Colmenar por el culo te la. Y, los Marx (Groucho y Karl) no nos escuchen, la historia se repite: cinco minutos, cuatro, tres, dos, un minuto, y ni el niño jesús ni mahoma se dignan en anunciar la llegada del tren a Colmenar, hasta que no se ha adueñado ya del andén. Todo para ver, un minuto más tarde, a otros incautos que vienen casi rodando por las escaleras mecánicas, y que se quedan con la misma pinta de mecagüenrós mientras se les cierran las puertas en las napias.

Estación de ídem, 3 de enero. 18:30, ningún panel anuncia la salida del Alaris que diez minutos más tarde sale con destino Valencia. En esto que se ven a lo lejos incesantes destellos de flashes. Lo que faltaba: llega la superwoman de la nobleza, la duquesita de Alba (no de Alba-cete), y de los cien mil hijos de san Luis y de la madre que la parió (este título lo tiene sí o sí). El 90% de la estación, poseído por el espíritu del “yo nunca veo esos programas”, se abalanza a echarle una foto. La buena de la señora, que poca culpa tiene, baja por el ascensor de una plataforma que no anuncia tren ninguno. Dos minutos más tarde, con doña Cayetana ya bien acomodada en su trenhotel, ahora sí, a bombo y platillo, París vía 15.

Joderse tocan. El lameculeo, deporte nacional, permite a la más señora de todas las señoras saber de antemano por dónde carallo sale su parisien. Mientras 150 madrileños, albaceteños, valencianos y demás ralea de mala calaña esperan arremolinados a que alguien anuncie su Alaris de triste contribuyente de clase media empobrecida. Al fin, a un minuto del tema, los altavoces retestinados anuncian que el Talgo se retrasa. Y dos minutos después que la salida es inminente. Qué contraste. Y que será, la virgen maría y josé de arimatea, por la vía 2. Esto es, justo en el lado contrario de donde salen todos los medios y largos recorridos.

Y ahí nos ves, a la Mari y a mi menda, como borregos, esquivando a todo meter a viajeros que nada saben de estas prisas, comebabas de la prensa del corazón, asaltacunas de homosexualidades primerizas y de saldo en baños hediondos (anclados en las letrinas de la época de Calvo Sotelo, o por ahí), y toda la baja estofa que, salvo se llame Fritz James Stuart-Álvarez de Toledo y de las Dos Sicilias, abarrota las estaciones del ferrocarril de la que pretende coronarse octava potencia económica mundial. Que alguien me lo explique, porque no atino. Y me fastidia empezar el año sin saber qué camino voy pisando. Siquiera más o menos, incluso más menos que más.

Feliz y próspero 2010.

20091217

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Sindicatos fuera de juego

Confidencialba. La columna del editor


Los sindicatos no pasan la reválida. Pueden patelear, berrear, resistirse a la evidencia o beberse unos tragos de soberbia institucional. Pero no pasan la reválida. Ni los medios más optimistas calculan más de 35.000 asistentes a la manifestación de Madrid, la "histórica" del 12-D. En su defensa se puede alegar que es la primera vez que se estiman cifras reales, pero ni así: en julio de 1997, los directores de las cabeceras más importantes se pusieron de acuerdo para cifrar en millón y medio los asistentes contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Fueron menos: unos 700.000. Pero fueron 700.000. 20 veces más.

Dicho de otra manera, la respuesta ciudadana a una crisis que deja 5 millones de parados reales vale 20 veces menos que la ofrecida ante el infortunio de un joven concejal de Ermua. ¿De quién es la culpa? Echársela al respetable, adocenado y manso, es lo fácil. Así que no. Cargar contra los sindicatos por vivir del cuento y de la teta pública es servir en bandeja y demasiado fácil la victoria al coro de plañideras ricachonas que reclaman el despido libre. Así que tampoco. Revisar el papel ejercido por las dos centrales mayoritarias en los últimos 15 años sí es, en cambio, una opción nada descabellada para entender la desafección de los asalariados.

Esos 15 años no son una medida temporal gratuita. Es el tiempo transcurrido desde la salida de la crisis de 1993 y el inicio del periodo más largo de ficción económica que ha conocido España. De crecimiento anclado en la mejora de la productividad vía reducción salarial efectiva, precarización del empleo, depreciación del valor innovación, puesta en circulación masiva de beneficios futuros y contexto internacional favorable. Así, disculpen los señores ministros y ministras de Economía que acaudalan populares y socialistas en este tiempo, lo difícil es pegársela. No tiene mérito. Se siente. Haber elegido la India, o Brasil, donde poner las cifras en verde sí es para sacar pecho.

En ese tiempo, los sindicatos no se han desmarcado en una sola ocasión de la doctrina oficial. Discutieron al Gobierno Aznar su "decretazo" para las prestaciones por desempleo, pero no el modelo de crecimiento español. Igual que discuten ahora a Zapatero su tentación de ceder a los chantajes –no son otra cosa– de la CEOE, pero no ponen en solfa su descuidada labor de previsión, por acción u omisión, desde que en 2004 recibió en sus manos una bomba de relojería llamada burbuja. Más le habría valido no haber seguido exprimiendo la gallina, porque no era la de los huevos de oro, sino la del porvenir turuleto.

Tiempo tuvieron, pero echaron órdago a la grande y ahora descubren que no tenían cerdos (reyes en el argot del mus), ni eran mano, ni habían trucado las cartas. Y que les salió rana. Las pocas voces críticas han padecido en estos 15 años un descrédito constante, incluso histérico, irracional, abrazados como estábamos a la fe de la fiesta nunca acaba. Este mismo editor publicó en agosto de 2007 un reportaje en un medio local –decirles cuál sería muy como "de pueblo"–, advirtiendo de que todos los indicadores apuntaban una recesión inimiganible. "Catastrofista", le llamaron. Pues toma dos tazas. Y mientras, los legítimos representantes de los trabajadores seguían jugando a otras tazas, la del té de las cinco, los bombones moncherí y el peloteo y adulación de la náusea partidista, sin la que en este país no hay billetes, ni palmaditas, ni Cristo que lo fundó.

Por si fuera poco, la única salida digna que le queda al Gobierno socialista es la retirada. El regreso a su Palacio de Vistalegre de Carabanchel, y con mucha suerte quizá el electorado optaría por un mandatario honesto antes que por los proyectos –¿alguien los conoce, los reales?– del gallego que regenta el PP. Pero si quiere ser honesto, debe convocar elecciones. En marzo de 2004 se creció sobre la jugada maestra de Rubalcaba: "los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta". Justo el pecado electoral que tres años después puso en marcha la maquinaria diabólica de la conservación del poder. Desde abril de 2007.

Las citas proceden del usuario PJCyM, del foro de Cotizalia, la sección económica de El Confidencial. Son sólo recortes de prensa. Abril de 2007, Pedro Solbes: "Yo no veo afectado para nada el sector de la construcción. Específicamente , sigue funcionando igual, con una ligera desaceleración que permite ajustarse a una realidad que lógicamente va a exigir una demanda ligeramente inferior". Agosto de 2007, Solbes: "Los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto relativamente pequeño en la economía española". Septiembre de 2007, Zapatero: "Haciendo uso de un símil futbolístico, se podría decir que España ha entrado en la Champions League de la economía mundial".

Hay más. Muchas más. Octubre de 2007: "No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos". Diciembre de 2007, Solbes: "La economía española crecerá a velocidad de crucero durante los dos próximos años, en los que avanzará en torno a un 3%". Enero de 2008, Zapatero: "La crisis es una falacia, puro catastrofismo. Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit". Febrero de 2008, Solbes: "Los que auguran el riesgo de recesión no saben nada de economía. Estoy harto y agotado por la cantidad de tonterías que oigo últimamente sobre el mundo económico". Al fin, Joaquín Almunia, comisario de Economía y futuro de Competencia de la UE, hoy mismo: "Vamos a vivir con tasas de paro y deuda muy elevadas durante años".

Efectivamente, ningún español se merece ningún dirigente, ya sea progre, carca, barbudo o barbilampiño que, una de dos: conozca una gravísima situación y la oculte; o la desconozca, y sea incapaz de advertir el peligro. Por incompetencia o por falsedad manifiesta, pero en todo caso por coherencia, se debe situar el contador de la gobernabilidad a cero. Cuanto más tarden los sindicatos en ponerse en su sitio y advertir a su grey de que, al margen de la propaganda oficialista de los brotes verdes, lo peor puede estar por venir, más alejados se verán de aquellos a quienes dicen representar. El respetable puede no tener ni idea de economía aplicada, pero sí entiende de disfraces. Y está harto de camuflajes. Por eso no deja pasar ni una reválida. Tomen nota también en el Partido Popular. Y, por si las moscas, nunca se sabe, en Izquierda Unida.

Reacciones a la manifestación (y afines) en la prensa (y afines también)

La Verdad de Albacete Responsabilidad sindical
El País Exposición sindical
El Mundo ¿Manifestación o excursión de fin de semana?
Expansión Errónea proclama de los sindicatos
Marc Vidal - Cotizalia Un lustro a la basura
El País Entrevista a Fernández Toxo y Cándido Méndez: "No podemos arriesgarnos a otro fracaso del diálogo social"
El País Entrevista a Joaquín Almunia: "Vamos a vivir con tasas de paro y deuda muy elevadas durante años"
El Confidencial
Anatomía de un asesinato (económico)
José Barea - Cinco Días Déficit en pensiones y sanidad
Diego Armario - Diariocrítico Contra los aprovechados

20091211

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Reforma laboral: trampas del lenguaje

La columna del editor de Confidencialba


Vamos a plantearnos una pregunta ficción para tratar de salir del actual estado de la cuestión en la creación de empleo: ¿y si resulta que sindicatos y patronal, patronal y sindicatos, tanto manda, manda tanto, estuviesen de acuerdo en lo sustancial y sus disputas no fueran más que justas medievales a propósito de lo accesible, de lo prescindible, de los debates de segundo plano? Si se les pregunta, las dos partes estarán de acuerdo: con lo que hay, no sirve. Hay que cambiar. Lo que les diferencia es el cómo, y quizá sólo de cara a la galería.

La necesidad de acometer una reforma no viene dada por apuntarse a una moda, sino por la propia experiencia de la economía española. A saber: a cada batacazo serio, crisis del petróleo o recesión mundial de principios de los 90, a España le ha tocado reorganizar su mercado laboral; pero, estadísticas aparte, como explicó en su Tribuna del pasado viernes en El País José A. Herce, en los siete años siguientes a la salida de la última crisis (92-93), el mercado laboral español se infló a razón de 60.000 trabajadores al trimestre. Un ritmo que, de seguir hoy, nos llevaría unos 10 años para situar la tasa de desempleo para tener “sólo” dos millones de parados. Ergo lo que conocemos, por más que no lo queramos ver, no nos sirve. Hay que reformular la creación de empleo.

Los sindicatos, el Gobierno y las fuerzas progresistas en general hablan de reformar la estructura de la economía, para dejar en el pasado la sobredimensión del ladrillo y situarnos a la vanguardia en cuanto a gestión del conocimiento, motor de la economía del presente siglo. Así lo hace ver el director de estudios de política económica de Hudson Institute, Irwin Seltzer, en su crónica para el Wall Street Journal. Por su parte, la patronal y las tendencias de perfil neoliberal (en lo económico) consideran que es imprescindible acometer cuanto antes, mañana mismo si puede ser, una reforma laboral que, entre otras "virtudes", flexibilice el mercado laboral. Y he aquí la madre del cordero.

¿Flexibilización significa abaratamiento del despido? En círculos oficiales no es así: lo niega el presidente del PP, Mariano Rajoy; lo niega el presidente de la patronal, Gerardo Díaz-Ferrán; y el presidente de los empresarios albaceteños, Artemio Pérez, también lo ha negado cada vez que ha tenido la ocasión. Sin embargo, la sensación es bien otra: en su Tribuna en El País, Herce explica que “siendo de los más elevados entre los países desarrollados, los costes de despido a los que se enfrentan las empresas españolas deben reducirse en su conjunto”. Stelzer, en Wall Street Journal, remata no sin alguna imprecisión: "si posteriormente les despide, les tendrá que pagar el equivalente a entre 30 y 45 días de su salario por cada año trabajado".

Por tanto, ante el “mar de fondo” es normal que sindicatos y Gobierno desconfíen de las recetas que les proporcionan populares y patronal. Además, en la solución "milagrosa" del abaratamiento, se oculta de manera sistemática (y de ahí la imprecisión de Stelzer), la siguiente realidad: esos despidos tienen efectivamente ese coste si, y sólo si, y sólo cuando, se trata de despidos improcedentes. Es decir, despidos porque-me-da-la-gana, porque no me gusta tu cara, tu voz, tu trasero o tus maneras; motivos, quizá, para que el empleador acuda de mala gana a sus obligaciones diarias, pero no para echar a alguien a la calle. Al menos, no legalmente.

El despido es “gratis total” cuando se dan circunstancias muy bien tipificadas y clarificadas en el Estatuto de los Trabajadores. Y es de 20 días por año trabajado cuando concurren “causas objetivas”, es decir, motivos económicos o de organización. La queja de muchos pequeños y medianos empresarios es que, a la hora de la verdad, es muy difícil desprenderse de un mal trabajador invocando falta de celo o de profesionalidad en su tarea. Se reconoce. Reconózcase también que muchos gestores echan mano de la ingeniería contable para camuflar despidos improcedentes en el paquete de las “causas objetivas”. Prueba de ello es que estos despidos se negocian después en tribunales, en la mayor parte de los casos al alza. Por algo será.

Así pues, cabe la sospecha de que se pretende abaratar el despido para fijar un tope superior en la conciliación o en el juzgado, que permita camuflar despidos improcedentes como despidos objetivos, sin una gran diferencia de costes para el empresario. Y eso es, simple y llanamente, un chantaje. Para conjurar esa sospecha, la negociación pendiente, la tan nombrada reforma laboral, no ha de pararse pues en la cuantía del despido, sino en un nuevo pacto de convivencia: qué herramientas jurídicas tendrá el empresario para deshacerse de los empleados que no cumplan con su deber, sin que le sea más barato y ágil pagarle 45 días que demostrar su ineficacia ante los tribunales.

En cuanto a la flexibilización real del mercado laboral, se puede hablar de “transfuguismo” en los términos, pues las propuestas más vanguardistas hablan de lo contrario: se trata de flexibilizar las condiciones de trabajo, con opciones a la alemana (horario reducido, salario reducido compensado con prestaciones parciales de desempleo), pero no de dispersar aún más las modalidades de contrato. Antes bien, se habla de comprimirlas en unas pocas, incluso en una sola, también con un único modelo de indemnización por despido. Es decir, hacerlo más rígido.

Esa es una de las propuestas estrella del documento de los 100 economistas del que se hizo eco hace unas semanas, también en El País, el presidente del Centro para la Investigación de la Política Económica (CEPR, por sus siglas en inglés), Guillermo de la Dehesa. De ahí que algunos análisis planteen una reforma laboral imaginativa y que, al final, la única propuesta viable sea la del concepto “flexiguridad”, que desde los think tanks del Gobierno están tratando de impregnar entre los principales agentes económicos y sociales.

20091123

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Alakrana, J'accuse

La columna del editor de Confidencialba


Pronto se cumplirán 112 años, cifra nada redonda, cifra nada glamourosa, de un acontecimiento que revolvió las tripas de toda la sociedad francesa: el texto del escritor Émile Zola titulado J'accuse (Yo acuso), contra todos los cargos públicos y autoridades que habían propiciado el encarcelamiento injusto del Capitán Alfred Dreyfus por un delito de espionaje, consistente en la entrega a Alemania de documentos secretos. Pocas cosas han cambiado. Entonces, como hoy, los gobiernos mienten cuando le vienen mal dadas. Y entonces, como hoy, la prensa se olvida de su necesario papel de contrapoder y cierra filas con la patria. Entonces fue Dreyfus. Hoy es Alakrana.

47 días de secuestro y 2,7 millones de euros de rescate, supuestamente pagados por el Ejecutivo. Hasta tres mentiras consecutivas se cuentan. Pero, y sobre todo, una prensa cómplice. Una canalla que tiene menos de sustantivo que de adjetivo. Quienes no se han puesto del lado del Gobierno se han situado justo en el lado contrario, obedientes al código de valores de apuntarse una batalla al lado de Mariano Rajoy y su brillante secuaz María Dolores de Cospedal. Pero pocas, muy pocas voces, en lo social, en lo político, en lo informativo, han tenido la valentía de mantenerse independientes. De sacudirse de encima el polvo amargo del patrioterismo rancio y ramplón, el Santiago y cierra España. De poner los puntos sobre las íes –o las tildes– y hacer valer el precepto superior del Derecho Internacional.

Y de esas pocas voces, algunas han cometido imprecisiones gratuiticas. Como que el atunero Alakrana faenaba en aguas somalíes. No es cierto. No al menos al momento del abordaje, a 340 millas de la costa africana, más allá por tanto de las 200 millas que pautan la zona económica exclusiva, y mucho más que las 12 reservadas como aguas jurisdiccionales según el Derecho Internacional. Culpables, por tanto, en primer grado y sin posibilidad de reconsideración, los propios asaltantes. Los denominados "piratas". Que no por obvio parece que lo tenga claro todo el mundo.

Ahora bien, no son menos ciertas cuestiones anexas sobre las que la sociedad ha optado por hacer mutis. Como que hasta los primeros casos de "piratería" la esquilmación de los lechos marinos somalíes era un hecho constatado, mientras las potencias occidentales miraban para otro lado. Cuestiones como que la acción de los "piratas" es ilegal por su extralimitación y por su propio modus operandi, pero su intimidación ha logrado lo que la legislación internacional no había hecho valer, como es la soberanía de esas 200 millas para los pescadores de Somalia con más voluntad que recursos materiales, que navegan, pescan, comercian y tratan de sobrevivir con el producto de sus mares. Y que para la población local un secuesto es un mal menor, que se celebra no por desear mal alguno a los secuestrados, sino porque en 15 o 20 años no habían visto existencias tan generosas a las que poder echar la red en sus propias costas.

No se ha pasado por alto que la bandera izada en la cubierta era la ikurriña vasca. Pero quienes han hecho "bandera" de este aspecto han utilizado sus argumentos para defenderse de sus particulares fobias y paranoias particulares, por las que todo lo vasco es abertzale y por tanto sospechoso de colaboracionista con el entorno de ETA. Máxime cuando parte de la población en tierra, en el Bermeo del puerto, se muestra simpatizante con el nacionalismo. No se ha hecho mella en la ikurriña para denunciar algo más monstruoso, como es el hecho de que la sustitución de la bandera de origen por la euskalduna en cuanto se ingresa en aguas internacionales es una práctica habitual de numerosas embarcaciones con armador o capitán vasco. La pregunta es si se hace con el consentimiento o no de las autoridades, o al menos con su conocimiento.

Sí se ha pasado por alto una cuestión ligada a la anterior, aún más terrible, como es la tónica generalizada de que la bandera de pabellón, la real, no sea la española, ni la vasca, sino la que interesa en cada momento según los límites legales que cada país impone a la pesca de determinado producto. El Alakrana, señoras mías, señores míos, faenaba bajo pabellón japonés. Nipón. Porque quien así lo hace tiene luz verde para faenar hasta que las tripas del barco revienten de avaricia.

También se ha pasado por alto que, a pesar de que el navío fue interceptado en aguas internacionales, se había alejado por su cuenta y riesgo, tres advertencias mediante, del perímetro de seguridad de la Operación Atalanta. Es decir, del dispositivo de seguridad con el que la UE trata –con escaso éxito– de proteger la seguridad de los pesqueros en el Índico, y en la que la implicación de España resultó crucial para su puesta en marcha en septiembre de 2008. Y que nace, justamente, de las amenazas de marineros sin ley que decidieron tomarse la justicia por su mano, frente a la inoperancia de un Gobierno sin país que admitía, o se resignaba, a que sus costas fueran esquilmadas por armadores con una codicia incontenible. Por empresarios que se pasan "por el forro" la legislación internacional, y la seguridad de sus muchachos en alta mar, si con ello se llevan unos euros más a los bolsillos. Y que alegan como excusa que no encuentran pesca en el perímetro de la Atalanta. ¿No hay peces en todos los dos millones de kilómetros cuadrados que abarca el área "segura"? ¿De verdad?

Así pues, frente a un pabellón nipón, una ikurriña que no está contemplada en el Derecho Internacional –si debiera estarlo o no, y si sus portadores son antiespañoles o no, es un debate forzado y que responde a fantasmas de mentalidades enanas–, con tres cuartas partes de su tripulación formadas por ciudadanos extranjeros, y un barco que por decisión propia –o forzada por el armador– se expone al peligro y lo hace con conocimiento de causa, ¿qué responsabilidad cabe exigirle a un Gobierno español?

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero sale muy trasquilado de esta campaña. Habría tenido mayor credibilidad si hubiera abandonado a los marineros a su suerte, que es lo que tendría que haber hecho con la ley en la mano, por antihumanitario que resulte. O si se hubiera dejado de trapisondadas sobre tres pobres desalmados y la aplicación de la Justicia sobre ellos. Pero no. Optó por ceder al chantaje de quienes han utilizado el sufrimiento de las familias para airear sus fobias antinacionalistas, antisocialistas o incluso de corte marcial, del tipo "el presidente del Gobierno cree que los soldados son hermanitas de la caridad" (Pablo A. Iglesias, en LaSemana.es), o "los familiares y los marineros, que son los clientes, siempre tienen razón" (Jenaro Castro, Diario de Pontevedra).

Mientras, la torpeza gubernamental de tratar de torpedear la libertad de expresión, ha sido utilizada por sus adversarios para criticar aquello que muchos de ellos desearían, y acusar a Rubalcaba de ser "el Big Brother que todo lo ve" (Manuel Casal, ABC). Cuando el Estado Social y Democrático de Derecho –que es como define a España la Constitución de 1978– se acepta a regañadientes, todo vale con tal de tambalearlo. Incluso hacerle responsable de las perversiones que no tendrían problema en imponer los voceros, los que se dan golpes de pecho porque los "periodistas molestamos en algunas ocasiones" (Juan Antonio Tirado, en El Semanal Digital).

Lean a Edurne Uriarte, Mentiras de Estado, en ABC. Lean a Pedro J. Piqueras, Las mentiras del Gobierno, en Faro de Vigo. Lean a Felix Madero, El hombre inmaduro, también en ABC. El tono es siempre el mismo. Nadie quiere reparar en qué llevó a Somalia a su putrefacción estatal que genera gusanos como lo asaltantes del Alakrana. Para todo el mundo lo que cuenta es pedir cuentas al Gobierno por sus mentiras, y, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, colgarle del palo mayor por el sambenito de "negociar con los pistoleros" y otras sandeces que tanto gustan en los sectores a los que se les eriza el pelo imaginando si el Abuelo lo habría hecho mejor que Zapatero. O, en su defecto, Rajoy.

Así que, ya que quien esto firma no se considera a la altura intelectual y literaria de don Émile Zola, sí quiere dejar algunas pistas por si a algún ínclito literato hispano (incluido don José Saramago, es un decir), le da por tomarlas para un J'accuse del siglo XXI. Y acusar al Gobierno de la Alianza de Civilizaciones de no arrojar luz y taquígrafos sobre la sistemática violación del Derecho Internacional por las potencias occidentales. Acusar al mismo Gobierno, nacido entre otros sucesos del "España no se merece un Gobierno que les mienta", por mentir, al menos, con el origen del rescate, la situación controlada y "en tierra" de tres marineros que nunca llegaron a desembarcar, y la gestión posterior al pago, en una imposible huida mar a través de los trapisondistas somalíes. Acusar a ese mismo Gobierno, el del "No a la Guerra" de sostener, amparar o incentivar la continuación de las políticas económicas que perpetúan y ensanchan la brecha entre los países del Norte y los del Sur.

Pero acusar, también, al Partido Popular de la defensa de la unidad de España, por utilizar el sufrimiento de las familias de los marineros para achuchar al Gobierno, no en interés de la ley, sino de la siguiente cita electoral. Acusar a la prensa de haber mantenido y seguir manteniendo discrepancias sólo aparentes, pero uniformidades de fondo para con el poder establecido, alianza contra natura del espíritu de su audiencia, y que explica la crisis en el sector mucho más allá de la caída del mercado publicitario. Y acusar, por último, a los empresarios sin escrúpulos, los armadores en este caso, dispuestos a sacrificar la vida, el bienestar o la seguridad de sus empleados a cambio de incrementar la cuenta de resultados. Algo parecido hizo la banca con los clientes ninja durante 12 años con las hipotecas... y a la vista están los resultados.

20090921

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Si a Prisa le da por disparar

Confidencialba: la columna del editor. Por Alfonso Piñeiro

Se le atribuye a Bill Clinton la genialidad de haber ganado unas elecciones con cuatro palabras, “es la economía, estúpido”; atribución que sin duda es exagerada, tanto para la inteligencia de uno como para la estupidez que supone no para su rival, sino para sus votantes. Pero el concepto que entrañan esas cuatro palabras sí es suficiente para cambiar el mapa del poder. En un país como España, cuyos grupos de opinión se han desatado a la sangría de las bajas pasiones del fútbol. Y en una región como Castilla-La Mancha, donde sólo la incapacidad de la oposición ha salvado de la quema a su consejera principal. Pero sigue siendo lo mismo. La economía. Estúpido.

Cuando estas líneas vean la luz se enfrentan a varias decisiones adoptadas durante el fin de semana por los grupos Prisa y Mediapro, así como por el Comité Federal del PSOE. Lo que en ellas haya de retrato del presente puede estar demodé, por tanto; pero no así el perfil de las relaciones de poder que haya dibujado la ya conocida como “segunda guerra del fútbol”. Y su contexto, que no es otro que los balones de oxígeno a disposición del Gobierno para que el día de mañana los populares no le ganen la partida por cuatro palabras. Si los de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal han de sudar la camiseta, los primeros que tienen que poner orden son los de Rodríguez Zapatero.

Nada puede hacer más daño al socialismo que la palabra desencanto. Y con esa idea es con la que jugaron precisamente los medios del Grupo Prisa durante la semana pasada. Llevan unas semanas tanteando el terreno, pero durante tres días, miércoles, jueves y viernes, sacaron sus tanques informativos a la calle del debate. La TDT de pago, fórmula aprobada mediante decreto ley urgente (como los que en su día ampararon los alumbramientos de Canal Plus y Digital +), y que permite a Mediapro (La Sexta, Público), hacerse con parte de la tarta del mercado del fútbol, es el detonante de esa inédita actitud de mamporrero contra el Gobierno.

Si la consecuencia no formaba parte de las previsiones del Ejecutivo, malo, porque significa que sus miembros más destacados desconocen cómo se cuece el arroz en el circuito informativo. Si, por el contrario, es un riesgo calculado, peor: nadie nos está contando para qué quiere, es una hipótesis, cambiar Zapatero los ámbitos de influencia tradicionales del socialismo. De ahí que en esta historia haya dos patas complementarias: la anécdota de la guerra entre grupos editoriales "amigos" y afines al Gobierno, quién dice qué y cómo lo dice; y el trasfondo de las posiciones de poder con las que se llegue a una hipotética contienda electoral adelantada, o cuál es la carga de profundidad de los mensajes que unos y otros se cruzan.

Quien quiera quedarse sólo con la anécdota, tiene ese marco para divertirse acodado en la barra de cualquier bar. El País dándole leñazos informativos y sin contemplaciones al presidente, como justiprecio a la personificación del poder (si no quieres caldo, ahí tienes dos tazas). Y El Mundo con titulares que debieron sacar de sus casillas a más de un lector fiel, espectador además de Intereconomía y oyente de la COPE, que no es igual sin Losantos pero qué se le va a hacer: “TDT: al menos Zapatero no está en venta”.

El editorial del diario de Pedro J., publicado el pasado viernes, rubricaba la opinión del medio con esta declaración casi de amor: “Zapatero ha demostrado integridad personal y entereza política. Se podrán decir muchas cosas, pero al menos, el presidente del Gobierno no está en venta”. Por menos le han cantado muchas veces las cuarenta a Cebrián o a Roures (Mediapro), como agentes encubiertos a sueldo del Gobierno. A su vez, los tres editoriales consecutivos de El País tampoco dejan lugar a dudas sobre su posicionamiento crítico. Titulados En la pendiente, Embrollo fiscal y Clientelismo digital, han encontrado la inmensa caja de resonancia de la Cadena Ser, y de la menos extensa pero igual de intensa cadena de televisión del grupo, Cuatro.

Las tornas se invierten no sólo entre El Mundo y el buque insignia de Prisa, sino entre este y Mediapro, cuya línea editorial es la de apretar pero no ahogar, una especie de vigía de los valores tradicionalmente ligados a la socialdemocracia que concede credibilidad al Gobierno sin caer en el descrédito de la adulación. Ese papel ha sido asumido ahora, por ejemplo, por el presentador estrella de Noticias Cuatro, Iñaki Gabilondo. En su bloque de opinión del pasado jueves, Gabilondo recordaba que la crisis es producto de los desfases de una política económica que en nada se parece a la que defiende la socialdemocracia. También El País anotaba esa clave en el menos incendiario, pero más profundo, de sus tres editoriales, titulado Embrollo fiscal.

En una clave más técnica, el periodista y consultor de medios Juan Varela (Periodistas 21, analista de Soitu.es), consideró que la TDT de pago será efímera, y recordó el precedente del decreto ley, el “fiasco” de la fusión entre La Sexta y Cuatro, con el respaldo legal de un reciente y urgentísimo decreto que permitía la fusión entre dos emisoras con menos del 27 por ciento de share. “Es lo que pasa cuando se legisla a ritmo de operaciones que luego se frustran”, concluyó Varela. Mucho antes, a finales de agosto, el presidente de la Asociación de las Ciencias y las Artes de Televisión, Manuel Campo Vidal, había criticado la urgencia de la legislación, y la obligación impuesta a los consumidores de comprar nuevos decodificadores. Estos, de hecho, no estaban en el mercado ni siquiera el día que Gol TV (Mediapro) emitió el primer partido de la Liga mediante el sistema de TDT de pago.

Entrando en el terreno de las implicaciones de esta guerra, el director del diario 20 Minutos, Arsenio Escolar (padre del ex director de Público, Ignacio Escolar), apuntaba dos cuestiones interesantes. Una, el barómetro del CIS de finales de julio daba la victoria al PP pero no por méritos propios, sino por la retirada de votantes socialistas (¿muestra del “desencanto”?). Dos, los estrategas del PP están alborozados por unas posibles elecciones adelantadas si el ataque de Prisa resulta fulminante para Zapatero.

Pero el presidente, por ahora, se muestra incluso altanero. Cuando Juan Luis Cebrián calificó en El País como “una guerra del Gobierno contra los medios independientes” la aprobación del decreto ley, Zapatero replicó que se legislaba sólo “en beneficio del país… el país… de la nación, claro”. Por esas fechas, se hicieron llegar fuertes presiones a algunos ministros considerados “amigos”, haciéndoles ver que el PSOE no puede ganar unas elecciones sin la ayuda del triplete de radio, televisión y prensa del PSOE. Y de remate, otra frase de Gabilondo: “El problema de Zapatero no es Prisa, es Zapatero (…). Millones de españoles que le apreciamos (…) deseamos que lo resuelva”.

Y en esto llegamos a las preguntas finales, y que pueden explicar este mar de fondo: ¿la ayuda de los medios que tanto sirvieron a la carrera de Felipe González obliga a Zapatero a unas prebendas a las que no está dispuesto? ¿Tiene eso que ver con las posiciones de poder que el aparentemente extinguido bonismo ha ido tomando casi desde el exilio de julio de 2000, fecha en la que Zapatero fue elegido secretario general por una mínima diferencia con su rival José Bono? ¿Tiene que ver con el anuncio insospechado de su sucesor en la Junta de Comunidades, José María Barreda, de que será el candidato a la presidencia en la siguiente cita con las urnas?

De momento, y por si acaso, Cuatro ya le ha dado un “toque” a uno de los asuntos hasta ahora intocables del Gobierno de Castilla-La Mancha: el Aeropuerto (“fantasma”) de Ciudad Real. Y ojo, que si a Prisa le da por disparar, conoce demasiado, de lo bueno y de lo malo, sobre el socialismo regional. Habrá que permanecer con los orejas en alerta y los ojos bien abiertos.

20090307

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¿Quiere usted el ticket? / 1 año después

Se cumple un año del asesinato de Isaías Carrasco a manos de ETA. Entonces publiqué este artículo. Tómese como una reposición, y como otra voz activa contra la barbarie.


A punto han estado de conseguirlo estos cabrones. De que cambiara el artículo que tenía pensado para hoy. De que por su falta de cerebro y sus tiros en la nuca cambiara de registro. Pero nones. Me llevaría a politizar. Y a ciscarme en su madre, que bastante carga tiene ya con haber parido a un asesino demente. Y a poner de vuelta y media a los políticos que piensan que es bueno sacar de paseo a estos terroristas de medio pelo, de forma machacona durante cuatro años, con tal de sacarse unos votos de la manga. De la cobarde manga de la instrumentalización.

Pero no. Me salva, nos salva, que hoy toca jornada de reflexión. Y no se puede hablar de cosas de votos, ya vengan de barbudos con niñas o de zetas con buena suerte. Es caquita. Caquita legal: eso no se toca. De no haber sido por ello, hoy habría dedicado íntegro este espacio a hablar de esas dos cagarrutillas, dos niñatos que se creen muy vascos los muy necios, y que no tienen ni media hostia; pero que llevan su parabellum para ocultar su complejo de mosca intelectual y política, de chuscos perros de presa.

Ténganlo en cuenta, pues, y no me condenen. Frente a la repugnancia, ni media palabra. Más que repudio, es silencio lo que deberían provocar. Dice el tópico que los terroristas atentan cuando pueden. Y un cojón de pato, con perdón. No es políticamente correcto, pero ni de coña acepto eso de que “cuando pueden”. Atentan cada vez que quieren. Cuando les da la real gana. Cuando se les pone en la entrepierna. Porque calzarse un percutor, y pegar cuatro balazos 9 milímetros por la espalda, o de frente, es muy, muy fácil. Basta con tener el arma. Y pum.

Aquí me tienen. Prometiendo que no voy a hablar de esta pandilla de babosos y, como el soneto de Quevedo, burla burlando van tres párrafos. Y el cuarto entrando con más suavidad que el dedo del asesino en el gatillo de la ignominia. Digo que un nazi abertzale atenta cuando quiere. Y lo mantengo. Da igual que esté activado el nivel 3 de alerta policial, como así sucedía. Es imposible controlar todos y cada uno de los objetivos de un malnacido. Y más cuando el objetivo es un currela de un peaje de autopista, de los que sólo cruza con usted un “buenos días” y, a lo sumo, un “¿quiere usted el ticket?”.

Vaya una mierda de izquierda, cargándose a un currito como el que puede cruzarse cualquier día, en el bar, echándose un cafelito y un par de chupadas más al piti, “que tengo al jefe mosqueado”. Vaya una mierda de terrorismo, que busca cepillarse al último pringao, con perdón para el concejal, al que le honra, precisamente, ser un pringao. Un don nadie. Y es lo que nunca entendió Francisco José Alcaraz, cuando afirmaba, el muy sátiro, que “las víctimas no han muerto para esto”. Precisamente, inútil, murieron por nada. Eso quieren ellos, los botarates de ETA: que nuestras víctimas sean mártires. Y están ganando. Qué estropicio. Que alguien reaccione. Y a votar.

20090224

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Rima: Bermejo sin complejo

Las frases las recopila Público. No deja de tener su ironía que, en tiempos en que la política disfraza navajazos por favores con falsas diatribas ideológicas, caiga quien no tiene complejos en mostrar sus posiciones. Aunque le haya faltado mano izquierda y, quizá, capacidad de gestión.


"Los jueces y tribunales necesitan con urgencia que su órgano de Gobierno recupere la legitimidad de la que hoy carece".

"Bermejo a mucha honra, que quiere decir rojo".
"Soy un hombre de izquierdas sin complejos".

"España tiene una derecha que no se merece por haber gobernado con arrogancia y autoritarismo, intentar llegar con trampas a la meta y usar el terrorismo para hacer política".

"Nos ha costado mucho ser ciudadanos después de haber sido súbditos, personas casi sin derechos y haber padecido a los caciques".

"El Ministerio no para de ordenar su juego y en el momento en el que la jugada lo aconseje y se den las condiciones, que existan pruebas que nos permitan ir ante los tribunales porque la ley exija una acción de ilegalización, en ese momento ocurrirá lo que tenga que ocurrir".

"Se volverán a dar condiciones para que la resolución de esta Cámara -el Congreso- vuelva a tener vigencia. Esa resolución que dijo que la política puede y debe contribuir al fin de la violencia".

"Si alguien pretende ser intocable, no lo conseguirá. En el Estado de Derecho, si hay una negligencia tan grave, funcionan los mecanismos y se sanciona".

"Los jueces no pueden permitirse el lujo de hacer huelga porque es una traición al mandato de los ciudadanos".

"Llevaremos al Consejo de Ministros una ley para regular el modo en que los jueces pueden reivindicar sus derechos, desde la perspectiva de que un poder del Estado no puede ir a la huelga".

20090129

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Madrid, empresa familiar

El mapa del poder en la Comunidad de Madrid, tal como lo describe Nacho Escolar





20081217

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El episodio de "Cayo o Tongo"

No es culpa mía. Yo intento alejarme pero debo ser para Izquierda Unida lo que la utopía para Eduardo Galeano: “Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.



Digo esto porque algunas analogías son casi de coña. En 1998 me fui a trabajar a Asturias, y allí pude conocer, ya lo he contado en esta misma columna, al asturiano Gaspar Llamazares. Dos años después, fue votado coordinador general de la coalición. En 2006 me vine a tierras manchegas a desempolvar el sarcasmo y formatear el periodismo –¿o era al revés?–. Aquí conocí a Cayo Lara. Y, mira por dónde, también dos años después de aterrizar en el llano, al ciudadrealeño lo eligen para la misma cosa.

Metidos en harina, sería una grave irresponsabilidad por mi parte no gastar una parte de mi tiempo –y ahora del suyo de leer– en don Cayo, del que dicen que tiene mucho de nuevo y poco de flamante, pues atiende antes a la humildad y al trabajo que a los focos gratuitos y el show business.

La prensa nacional no ha dudado en hablar de él como de un “perfecto desconocido”, binomio armario que sirve para hablar de todos aquellos dirigentes que no han brillado, y por este orden, en Madrid, Barcelona o Vitoria; con el permiso de los sociatas andaluces y de los populares valencianos, tan resalaos por la espalda los primeros, y tan rencorosos de frente los segundos. Lo que sucede allende Guadarrama y los montes de Toledo no existe, ya se llame promesa de la industria aeronáutica, líder en energías verdes o máster en biología molecular. Es decir, aunque Albacete se vista de seda, Albacete se queda.

Este “perfecto desconocido”, que para quienes hemos tenido la suerte de tratar con él, es un dechado de moderación y sentido común, no ha sido antes coordinador general de IU porque él mismo no lo ha querido. Al menos, así se explica en el blog A sueldo de Moscú, referencia en buena parte del internet más teñido de rojo.

“Dado que no consiguió el apoyo de otras sensibilidades –expone–, a pesar de la presión psicológica que hicieron 15 consejeros que intervinieron reclamando al resto la obligación moral de apoyar a Cayo, con trescientos delegados gritando arriba "¡Cayo, Cayo!", y comentando entre ellos, y con quien se encontraban, que "Cayo o tongo", este decidió no presentar su candidatura y por eso no fue elegido coordinador”.

El episodio de “Cayo o tongo” también lo recopila en su blog personal el coordinador provincial de la formación, Luis Ángel Aguilar, bajo el título Porque (sic) no voté a Cayo Lara. Que, entre otras cosas, no lo votó porque iba en otra lista. Y no se le pueden pedir peras al olmo. ¿O alguien imagina a Gallardón votando a Esperanza Aguirre? Pues eso.

Así se explica la anomalía de que, hasta la fecha y desde la IX Asamblea, la coalición no contara con un coordinador general. Ahora bien, más importante que la figura es que exista una línea de acción política definida, y aquí es donde tiene que jugársela el de Argamasilla de Alba. No vale ya el “todos caben”, aunque Aguilar se empeñe en ello, seguro que con toda la buena intención del mundo.

“Aquí cabemos –asegura en su bitácora digital– todos los colores, rojos verdes y violetas, y todas las sensibilidades de izquierda, desde los necesarios comunistas, hasta los cristianos de base, desde pacifistas a antimilitaristas, feministas y alterglobalizadores, defensores/as de los Derechos Humanos y libertarios, ecologistas y republicanos, sindicalistas y obreros, gente de izquierda, socialistas que ya no quieren taparse la nariz, y toda esa buena gente que sabe que el bipartidismo es malo por naturaleza”.

Lo cual no está nada, pero que nada mal... si encontrase en las urnas el reflejo de ese abanico al completo, que por lo general opta por quedarse en casa o votar más sobre seguro –¿alguien oyó PSOE?–, cuando llega el momento de citarse con las urnas.

¿Cuál va a ser el proyecto de Lara? ¿Priorizar la reforma de la Ley Electoral, o la vuelta de IU a la etapa dorada en la que soñó con 35 diputados, en 1996? ¿Agitarse de forma espasmódica con el bipartidismo, o tomar las riendas, enseñar las fauces y mostrar una senda como está haciendo, nos guste o no, Rosa Díez? ¿Sumar voluntades o restar fuerza?

Es necesaria una izquierda a la izquierda del sistema, ahora que el capitalismo neoliberal nos ha demostrado que es un pánfilo incapaz de vivir de su propio éxito. Es tu oportunidad, Cayo. Utilízala.