En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

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Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20080617

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Pan y dignidad

Yo diría que nos hemos vuelto tarumbas. Una vez más. Allá cada cual, que es mayorcito y sabe lo que se hace, pero la psicosis colectiva en las gasolineras, alimentada además por la mala leche de la especulación con el petrodólar, es de juzgado de guardia. Ya nos vale, camaradas. Estamos dejando el sentido común, y juro que no pretendo hacer una rima fácil, a la altura del betún.



Hablando de sustancias que arden, mi menda prefiere encenderse por el jetamen que le echan los ministros de Trabajo europeos. O quienes les mandan, que son quienes les ponen la pasta vía comisiones y luego se rajan en brazos de papá Estado cuando las vacas flaquean un pelín (basta con que bajen del 30% de incremento del beneficio anual para que se echen a temblar, animalicos).

Visto que la vieja Europa no tiene ni la más mínima idea sobre cómo competir vía I+D+i, se han decidido a legitimar la vieja práctica de las horas extraordinarias. Leña al mono. Estudian si se amplía o no a 65 horas semanales el máximo de jornada laboral. Y en esta España de berzotas podemos darnos, ¡¡por una vez!!, con un canto en los dientes. Damas y caballeros, encabezamos la oposición a semejante dislate de la legislación laboral. Eso sí, también somos líderes en sudores no reconocidos, con lo cual no sé yo qué es mejor.

Ése es el debate: que se ponga luz y taquígrafos sobre una costumbre que es moneda de cambio habitual, o que se impida a toda costa dar carta de naturaleza a algo que per se es una perversión de las normas de juego que estableció el socialismo democrático para el Welfare State. Ni les cuento cómo le afecta esto al gremio informativo. Y al de los taxistas. Y al de los hosteleros. Y al del comercio. En fin, a cuál no en la España de colmillo retorcido y productividad a base de agachar el lomo.

Me parece digno de consideración, loable incluso, que cierto sector de la política se plantee barnizar de seguridad jurídica las dos situaciones por antonomasia de las horas extraordinarias, a saber: uno, la sobreexplotación en una o varias empresas, sin remuneración o con pagos en especies; dos, la disposición a título particular de más tareas, bien por capacidad profesional (caso de tantos leguleyos, escritores y demás semiburguesía liberal), bien por necesidad puramente fiduciaria (caso de los mileuristas, ochocientoseuristas o seiscientoseuristas, victoria española por goleada). Ahora bien, esa dotación de garantía jurídica no puede esconder, precisamente, las múltiples perversiones que se han tenido que dar la mano para llegar a esta situación límite: escaso margen de autocorrección del mercado, que además en el terreno laboral no goza precisamente de la misma libertad que en el financiero o el comercial (véase las limitaciones nacional-retrógradas a la mano de obra inmigrante); abuso de los incrementos en los márgenes de beneficios por vía de la contención salarial a perpetuidad; escasa adaptación de las estructuras productivas a soluciones de futuro; e incapacidad por parte de las instituciones continentales para recuperar las esencias de la Europa surgida del pacto social.

Hemos llegado al siglo XXI y sólo nos ha servido para que, de dicho pacto, no queden ni los guisantes. No. Aquí ya no hay pacto que valga, sólo la dentellada pura y dura. Hender el colmillo en el trozo más grande posible del pastel, y hacerlo sin mirar al vecino de al lado, que tiene el mismo miedo que cualquiera a quedarse sin manduca; y sin concesiones al que tiene menos capacidad adquisitiva y laboral, que ése tiene aún más hambre y por descontado resulta peligroso.

De ahí que, encima, esta Europa fofa y aburrida suelte un dineral en directivas de seguridad: para frenar al paria, al indigente, al indocumentado, al que no se conforma con morirse de hambre allí donde los recursos son esquilmados por nuestros amigos del otro lado del Atlántico, con la complicidad silenciosa de sus colegas, que somos nosotros. Matones made in USA y justificadores fait a l’Europe, contra los Muhammad y los Moustafa del barrio vecino pero pobre. Así nos va. Qué lástima. Qué vergüenza.

Miedo. Tanto miedo tenemos que, al final, puestos a dejar que cualquier mindundi con cartera ministerial pisotee los derechos conquistados con la sangre de nuestros bisabuelos, corremos a la gasolinera de la vuelta de la esquina, por si mañana no llega el camión cisterna. Qué más da si mañana alguien no llega al hospital porque, maldita sea, tenía otros quehaceres “el-día-de-llenar-su-depósito”. Ése no es mi problema, pensamos todos en comitiva, mientras rumiamos aquello de “estos machos cabríos, con lo que ganan, y nos cobran el gasóleo a precio de oro”.

Es que está a precio de oro, queridos, igual que los cereales. Igual que los derechos, que también son ya carne de especulador. Igual que la libertad. Y más caro que se pondrá el pan, y la dignidad, mientras no se nos quite el pavo de encima.

Publicado el 10 de junio. Página 5.

20080607

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Irak de medio pelo

O sea, que mintieron. Por mucho que lo quieran disfrazar de verdad a medias, o de exageraciones, o de milonga necesaria para la seguridad, mintieron. Cuatro años después, el Comité de Inteligencia del Senado de EEUU ha determinado que las autoridades de su país potenciaron la invasión de Irak, y para ello “presentaron una imagen a los estadounidenses sabiendo que es equivocada”.



Alguien tenía que dar de comer a Hallyburton y a todos los monstruos de los mejores amigos de sus amigos, y nada mejor que montarse un escarceo repleto de ardor guerrero en donde Cristo perdió el mechero. Es decir, por Bagdad.

A fin de cuentas, todo eran ventajas: una opinión pública anestesiada por el 11-S; un Sadam al que ya se le había tomado el pulso doce años antes; una comunidad internacional que, allende el excomunismo, y aquende el clientelismo, le iba a lamer la punta del zapato; y una superioridad bélica que potencia alguna ha conocido jamás. Guerra teledirigida y con prensa embedded, para asegurar que nadie da una versión discordante. Aunque se llame José Couso.

Lo curioso es que la demostración de la evidencia de ese atentado contra la legalidad internacional, no hace sino anotar un tanto a favor del mismo país que promocionó la masacre iraquí. Capaz de una guerra ilegal, pero también de poner sobre el tapete la manipulación sistemática para que la sociedad estadounidense se pusiera de parte del terror. Y, junto a ella, los gobiernos títeres de una coalición internacional sin parangón: España, Inglaterra, las repúblicas ex soviéticas y unos cuantos gobiernos sin peso en el orden político mundial. Pero supercolegas de los herederos de los invasores de Hanoi, Managua, Ciudad de Panamá, Kabul, Playa Girón, etc.

Que me vengan ahora los minisTrillos de turno, de turno de oficio, a recordarme los “beneficios” que iba a reportar aquella contienda. La dimensión internacional de España, el fortalecimiento de la democracia en los países árabes, la seguridad internacional y la guerra contra el terrorismo. Me horrorizaba entonces, y ahora me asquea, mucho más allá de la náusea. ¿No hay juicio para estos analfabetos de los valores humanos? ¿No hay juicio para estos sátrapas disfrazados de corderos humanitarios? ¿Para estos simpatizantes del horror gratuito? ¿Para estos esbirros que se persignan por la vida y la familia, y se pasan por el forro los derechos humanos de los parias? Para esta gentuza, ¿no hay juicio? ¿No cometieron perjurio y patrocinio del delito?

(Quiere la casualidad que anteayer deshice una caja con ropa medio olvidada. En mitad de las prendas amontonadas, di con una vieja camiseta elaborada por Médicos del Mundo, con el lema que un 15 de febrero de 2003 recorrió millones de gargantas: “No a la guerra”. Los de siempre, los esquiroles del derecho, nos tildaron entonces de bambis. Repetidlo ahora, si podéis. Sinvergüenzas.)


Publicado en Página 3. Sábado 7 de junio

20080602

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Brecht siempre llama dos veces

Primero fueron a por los inocentes, pero como él no era inocente, no le importó. Así que, puestos a elegir, chulería texana a un lado, e inviernos en páramos árabes con cobijos derruidos al otro, el Registrador de la Propiedad en funciones atajó por la mitad de la vereda. Y santiguó los pezuños encima de la mesa de su, entonces, líder cósmico. No vaya a ser que, por un ataque de humanitarismo a deshora, Chema me saque de la foto por haberle mentado la madre de Sadam. Que el año que viene, corría entonces el aguerrido 2003, el señor de la Botella elige sucesor imperial, y bastante mili llevo como para matar ahora moscas a cañonazos.



Por mí, como si los bombardean. Dicho y hecho, eso fue lo que pasó, querido, que los bombardearon. Y cayeron como chinches. Todo, dijeron, por un petróleo barato. Me mondo: a 130 pavos el Brent, y subiendo. Todo, por llevar la democracia a ese gran país de Oriente Medio. Me remondo: 30.000 bajas militares estimadas, y 40 veces más en muertes civiles. Atención: cuarenta. Es decir, la barbaridad de los 30.000 militares, repetido 40 veces.

Nasti. Luego fueron a por el amaño electoral, pero como él ya estaba amañado, no le importó. La obstinación de eso que mal llamamos islamismo, o yihaddismo, o salafismo, se había cebado una mala mañana de jueves con casi doscientos operarios. Vidas que acostumbran a aplazar, esconder o simular letras de pago, subsumidos en la miseria del ladrillo que los perros de presa de la especulación llevaban haciendo funcionar siete años. Y, ante esos doscientos silencios, no tuvieron más ocurrencia que ladrar los tres vocablos que, pensaron, les darían el Olimpo de San Jerónimo a perpetuidad: ha sido ETA, ha sido ETA, ha sido ETA.

Tanto se creyeron su cantinela, que no tuvieron reparo en alimentarlo, con todo tipo de retruécanos verbales y alguna que otra alimaña argumental, durante los meses y años venideros. Ha sido ETA; ha sido ETA casi todo; ha sido ETA más de lo que se piensa; ha sido ETA por lo menos la mitad; ha sido ETA fijo en algo; ha sido ETA o habría querido serlo; ha sido ETA porque me sale de los Losantos; ha sido ETA por los Ramírez de El Mundo entero. Y sepan ustedes que policías, guardias civiles, jueces, fiscales, periodistas sin bandera y todos los demás tordos son unos bobos que no se pispan.

Nones. Luego fueron a capitalizar a las víctimas del terrorismo, pero como él tenía capital suficiente (eso creía), tampoco le importó. Perpetraron un desvarío intelectual sin parangón en la historia de la lucha antiterrorista. Hicieron creer a la sociedad que las más de 800 víctimas de esas pulgas infectas que apuntan desde las instituciones, o que aprietan el gatillo en una mala esquina de cualquier preciosa localidad euskalduna, o el botón deflagrador ante cualquier cochambrosa casa cuartel de la Benemérita... que esas víctimas, como decíamos ayer, habían muerto por algo. Y que se les estaba “traicionando”. Por la espalda.

En mala hora alimentaron semejante dislate. Ése es el drama, damas y caballeros: que las 800 y pico víctimas del terrorismo etarra habían muerto, han muerto, precisamente, por nada. Qué más quisiera la inmundicia que tener una causa por la que haber matado. Murieron por nada: no son héroes, no son caídos; no repelieron un ataque, sólo los sufrieron. Por eso son víctimas. Porque de haber sido mártires, Alcaraz no habría presidido la AVT, sino la AMT. Con M de mártires; no con V de Víctimas... y de Vendetta, que es el camino por el que las pasiones encendidas del mejunje patriotero-victimario suelen conducir a las sociedades cegadas por el rencor.

Después fueron a por los medios de comunicación, pero como él no era un comunicador, tampoco lo importó. Así, se consintió que al carca Buruaga lo sustituyera el ultra Urdaci, tan tocado por los ce-ce-o-o que acabó de humorista de tercera fila junto a un crack como Ángel Llácer. Se consintió que en Telemadrid, doña Esperanza le pasara la mano por encima del hombro a profesionales con 25 años de experiencia: no me tratas como quiero, majete, así que tú mismo, pero déjate el sueño infantil de la independencia informativa. Y la de sangre azul por vía matriominal acabó ensartarndo varas rectales en los medios: plumas de plomo que, dicen, ahora andan junto a los primeros desengañados, endilgándole también las cuarenta a la lideresa madrileña. Pocos son los llamados a sobrevivir. Por muy de COPEte que se pongan.

Y, de pronto, los unos, los otros y los de más allá, decidieron que Rajoy no les servía. Fueron a por él... y, entonces, ya era demasiado tarde.


Publicado el 3 de junio. Página 5

20080523

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La verdadera inseguridad

¿Inseguridad ciudadana? Y un pimiento. Lo que hay es paranoia, mucha paranoia. Tanta, que rite tú de los pergeños comebabas de tanto pe(nd)ón negro que anda suelto por nuestras radios de Dios. Paranoia, y miedo. Titulares a punta pala: tenencia ilícita de armas, agresiones a vigilantes de seguridad, agentes del orden sin medios ni recursos... Claro que buena culpa la tenemos quienes firmamos, porque va en el negocio: si no le tocas al ciudadano el bolsillo, le tienes que tocar las pudendas. Eso, o no comerse una miajilla de audiencia.



Ojo, que hablo siempre de inseguridad tal cual la entienden las abuelitas que ven salir a sus nietos; o los padres que empiezan a ver a sus hijas en edad de empolvarse (la cara, o lo que se tercie). Sí, esa inseguridad de clase media enchufada al telediario chusco de las tres. Esa inseguridad no existe.

La que sí existe, en cambio, es fruto de otra inseguridad. La que genera el propio sistema, experto en arrinconar al individuo y alimentar borregos; capaz de apestar al diferente y diferenciar al apestado, mientras se nutre de hordas de encefalogramas cóncavos, más que planos.

Por ejemplo, acudir a diario al misal de las ocho horas de jornal sin saber si tu trasero está a salvo, o si ese día alguien ha colocado una carga explosiva de estrés, con algún ribete de hijoputez añadida, que nunca viene mal al caso. Por ejemplo, echarse una partida de aceite de girasol al carro de la compra, y luego resulta, jate tú, que viene de Ucrania; y como vivimos en una economía global, lo siento mucho chavalote, se nos escapó porque era prioritario vender y que la fábrica no parase. Eso es inseguridad.

Por ejemplo, operar a vida o muerte sin que nadie revise que en tu historial de las últimas 48 horas, acumulas más de 24 de servicio; y que por un mal temblor en un mal momento, te lleves por delante al paciente y te caiga una demanda de las de ciscarte por la pata abajo. Por ejemplo, y sin salir del gremio del quirófano, que tengas a bien buscar la máxima ausencia de dolor en un enfermo terminal, y que un grupúsculo de “legionarios” reconvertidos en no sé qué pantomima de defensa de la vida, te busquen las cosquillas en el juzgado y te arreen hasta en el carné del currículum profesional y de la trayectoria, hasta entonces dilatada y respetable. Eso es inseguridad.

Por ejemplo, que diez chupópteros con parné para fichar a diez mil leguleyos te pueblen la costa de chaletazos, y esquilmen los recursos acuíferos, marítimos y vegetales; y de aquí a unos años, cuando el mal se evidencie, si te he visto no me acuerdo, y todos criando malvas. Por ejemplo, que los fantoches de siempre no traguen con que alguien quiera instruir a los pequeños en los valores constitucionales, esos en los que nunca creyeron más que con la boca chica; y que ahora vayan de objetores de conciencia. Eso. Eso sí que es inseguridad.

Publicado en Página 3, 24 de mayo de 2008

20080421

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Ibas fino, fino... ¡Del revés!

Y catapum, chimpún, han pasado tres años desde que se echó el Vaticano a las espaldas. Vaya forma de celebrarlo que tiene el Santísimo: dejándose ese cuerpo serrano y alemán (achtung: tenía seis años cuando Hitler subió al poder), por la tierra del único gran imperio vivo, con permiso de la Nación del Islam: Estados Unidos. Los de América, por si hubiere dudas.



Además de aniversario oficial, el Inquisidor supremo ha cumplido 81 añitos de frescura y lozanía sin igual. Deben ser, son, los años de estudio teológico, la vida de erudito de las cosas de Dios, que es aquello que lo inmaterial vuelve material para que pueda ser aprendido. Ejemplo práctico: un credo se reza en el tiempo en el que se cocina un huevo pasado por agua. Pues eso: vestir de filigrana intelectual unas cuantas verdades indiscutibles que ya quisieran para sí los creadores de opinión (a), o los autores de la propaganda política (b). Que, a lo mejor y después de todo, resulta que (a) y (b) son la misma basura. Léanlo con la boca pequeña, que nunca se sabe quién está al acecho en el café de al lado de la barra.

El inquilino de San Pedro me ha vuelto a dejar medio tibio. Bluff. Le he visto a lo largo de todo el quinto día de la semana (el viernabadingo, como bien lo denomina mi buen y madrileño amigo Krusty), y tenía cierto rayito de esperanza, cierta fe de ex cristiano renqueante. El motivo: las consecuencias posibles del tour por la yankeelandia del bueno de Biendicho. (Adenda: el nombre papal latino del elemento, traducido alla brava, es como el apellido de don Carlos, el presidente de la Plataforma Popular Gay, el mismo que un corte de radio que circula por Internet convierte en verdad el rumor acerca de un gallego que manda mucho en el PP. Qué cosas).

No se me pierdan. Estábamos con Benedictus y su paseíllo con los globetrotters de la Curia. El dieciseisus de los Benitos romanos ha cerrado su glorioso periplo en la “zona cero” de Manhattan. Allí donde dos aviones tiraron por los suelos la imaginería del poder financiero. Y donde 3.000 inocentes pagaron con su vida las batallas de aquellos que nunca conocerán el olor de la sangre derramada. Por algo es irrebatible aquella máxima de que las guerras las organizan unos que se conocen pero que no se matan, y las realizan otros que no se conocen pero que acaban matándose entre ellos. Y si quieres saber más, alístate. Basta con echarle un vistazo a Farenheit 9/11 para saber cómo se las gastan los reclutadores de recursos humanos militares en los iueséi.

Como les decía, tenía cierta gana de ver cómo se las gastaba en la broma nacional dirigida por G.W. Bush el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lo mismo, pensé, le da por pegarle un tirón de orejas: oye, tito, mira que te digo, en Irak ya han caído tantos como en tus queridas Twin Towers, y ya no te tiembla el pulso como aquel fatídico martes, cuando estabas leyendo un libro de cuentos infantiles. Y lo leías ¡del revés! Ibas fino, fino. Vaya chutazo que te dio la noticia: “América está siendo atacada”.

Lo mismo, se me ocurrió al ver las imágenes del Papa en la ONU, le recuerda al vaquero texano que su país se ha saltado a la torera taytantas resoluciones de las Naciones Unidas que le piden a Israel que relaje la pestaña. O le mete en la llaga del costado el molesto recuerdo de la 1441, de la que se escojonciaron cuanto quisieron los amigos de la guerra y algún que otro difunto actor, que en paz descanse, que confundía el onanismo con la Asociación del Rifle.

Y no. Ratzinger va y se despacha con un rezo “por los que fallecieron y por los que sufren las consecuencias de la tragedia que tuvo lugar en 2001, y por Estados Unidos, para que el futuro traiga una mayor solidaridad, un creciente respeto recíproco y una renovada fe”. Ahí, con un par. Como ha acostumbrado a hacer la de Babilonia desde hace 1.695 años, cuando descubrió en Milán qué podía pasar si alguien se ponía del lado de quien corta el bacalao. Y tan tranquilo. Aquí no ha pasado nada. Con tanto cristiano que se partió la cara, y que se la parte hoy, para combatir las injusticias.

Por si no tenía suficiente, don Joseph se congratula por haber sido “testigo de la fe y la devoción de la comunidad católica de esta nación”. Fe en la moralina, devoción de carne quemada en cada corredor de la muerte. Y esto era el amor al prójimo como a uno mismo.

Eso, Benedicto. Tú, a lo tuyo. No vaya a ser que alguien te confunda con la saga Bin Laden. De hecho, no lo harán: la familia de Osama tiene infinitas más opciones de influir en la política estadounidense que tú. Business are business. Así que sí. Mejor, sigue rezando.


Publicado el 22 de abril de 2008. Página 5

20080414

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Capitán. Mande firmes

Sólo le queda ser negra. Y, encima, pasando revista el Día de la República. Con un par de chacones. Y no será por falta de colores: roja, verde y morada, dicen. Lo de roja me da un poco de risa: rojos, rojos, lo que se dicen rojos, no quedan ni los imitadores de posteridad del príncipe Kropotkin, ahora que ese nombre lo es más de grupo modernito electrónico meterruidos que de vestigio del anarquismo.



De cara a la foto y el borrego (ups, ep... el votante), decir que uno es sandía (rojo por dentro, verde por fuera), no está mal del todo. A Schröeder le funcionó hasta que Zapatero se ciscó en las opciones de Merkel. Con lo experto que es el muchacho de ojos azules en desviar el tiro, el amigo Gerhard empezó a preparar bártulos el mismo día que Zapatitos largó su pronóstico para los teutones.

Rojo, risa. Verde, pues bueno, pues de acuerdo. Hoy en día ser algo verdoso es casi tan aséptico como comprarse un aparato de TDT. Tiene poco de moderno y no digamos ya de revolucionario, pero al menos es funcional. Si no eres algo ecologista, aunque sea la puntita, pues no sintonizas. Se te ve casposillo, fofón de ideas, extrañamente friki, como fuera de la vida y del mundo. Desde la Juliana de Valeriano Belmonte, hasta la Rocío de Joaquín Sabina, todos te van a pegar un repaso de cuidado.

Rojo, risa. Verde, aséptico. Morado, pues un poco más de lo mismo. Hoy es morado, o sea, feminista, hasta el más carca de los Legionarios de Cristo. Lo de la mujer en la cocina, cuando se trata de hablar al exterior, no se le ocurre ni al más torpe de los machorros. Que los hay, por no hablar de la cantidad de señoronas bienpensantes, o de víctimas sociales de baja estofa, que por falta de educación y de autoestima tragan con carros y carretas. Desertoras de sus propios derechos personales que suman, sin saberlo, su ignorancia a la ignominia.

Pero que sean de postín, no quita que a doña Carme (y no Carmen, lo siento mucho por los de la urticaria con Els Paisos), no se le identifique con esos colores. Sociata, ecologista y feminista. Por no sumar: arco iris, de la paz; senyeril, por catalana. En fin. Qué divertido imaginarse a tanto chusquero, de los de adarga antigua y maltrato a la soldadesca, poniendo el grito en el cielo por el nombramiento de la ministra. “Pepe, qué vergüenza, dónde vamos a llegar, con lo que tenemos que aguantar y ahora ésta de jefa nuestra, vaya unas fuerzas armadas de pacotilla, yo me borro”.

Pues que se borre. Da alegría comprobar que al final va a ser verdad aquello de que la política evoluciona, las sociedades cambian, los pajarillos cantan y las nubes se levantan. Si alguien siente que le han metido una flor en el culo, como le pasó el día que se aprobó el divorcio express, o que se decidió llamar matrimonio a lo de los muchachos que quieren a los muchachos o las mujeres que desean a las mujeres, ése es su problema.

“Capitán. Mande firmes”, ordenó la ministra. Y el capitán mandó. Y su gleba armada se puso firme. Ojalá fuera verdad lo que añadió su antecesor José Antonio Alonso: que todo se ha hecho en un ambiente de total normalidad. Nones. Me lo creo tanto como la rojez de Chacón y sus compañeros de filas. Que traguen, pase; pero no les veo aplaudiendo, por mucho que me aseguren que el ejército ya no es el de los tiempos del fusil con mirilla desviada de Manolo Manzaneque. También había cambiado la Guardia Civil, y por lo pronto quienes pusieron a prueba la buena disposición de los mandos se chuparon 13 semanas de suspensión de empleo y sueldo. Ne. Ponte tú a pasarlo.

Por eso es que sólo le faltaba ser negra. O marroquí. O ecuatoriana. Y además lesbiana, y a poder ser casada en el Ayuntamiento de un pueblo conservador y cerril. Pero no conviene abusar. Bastante es con el susto que, por el momento presente, se habrán llevado quienes pensaron que las cosas de matar sólo tenían voz de mando rasposa y plagada de testosterona. Oiga, no. Estamos en el siglo XXI, y algunos empezamos a creernos que nuestros administradores también se lo están creyendo. Crucemos los dedos.

Crucemos los dedos, y que llegue todo el aire fresco que se necesita: Papas de Roma que den su bendición al preservativo, show business que busque algo más que el espectáculo con moralina, presidentes de patronal que no miren con ojos de petrodólar, un Nelson Mandela por cada desgraciado país africano, jeques arábigos a los que no reciban mequetrefes encorbatados... Me llamarán iluso, pero quién nos iba a decir, hace sólo diez años, que al frente de Defensa hubiera una mujer. Tiempo al tiempo.

Publicado el 15 de abril de 2008. Página 5