En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

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Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20081014

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O nos calmamos, o nos compramos una isla

No me lo creo. No puede ser que antes del fin de semana los ejecutivos neoyorquinos barajaran el suicidio entre sus opciones razonables de muerte digna, y que ayer todas las bolsas pegaran un estirón aupadas por el plan de ayudas limitado acordado por el Eurogrupo, artista antes conocido como “los 15”. A los broker les sucede lo que a los niños que un buen día se ven con más de 30 años: que en su afán por no dejar de jugar, cada día se inventan recreos más arriesgados. Pero al final acabarán con los piños rotos y algún que otro hueso fuera de su sitio. Tiempo al tiempo.

Desde agosto de 2007, los inversores bursátiles vienen reinventándose a sí mismos, y a las reglas de juego de un mercado financiero convertido en sindiós, y en virgencita que me quede como estoy. Pero los datos a largo plazo son más fiables que los fuegos de artificio. Más vale “año a la vista” en mano, que “ochoporcientos” volando de subida o bajada en un sólo día en los principales parqués del planeta.

En noviembre y en diciembre del año pasado, el Ibex-35 marcó sus máximos históricos en torno a los 16.000 puntos. Una barbaridad y una desfachatez. Tan artificiales son esos picos como –cabe esperar, digo–, los valles alcanzados la semana pasada, en torno a los 8.000. No en vano, los expertos calculan que la actual barrera técnica del selectivo madrileño se sitúa, por la parte baja, en los 9.500 puntos, y que la fluctuación habitual debería conocer sus máximos en los 14.000 que registraba cuando en Estados Unidos estalló la burbuja de las hipotecas subprime.

Con esos datos en mente, y sin tomar como válidos los extremos –pues representan una perversión del sentido común–, sí cabe estimar que en los últimos 18 meses el valor de referente de las bolsas españolas se ha depreciado casi un 30 por ciento. Ergo, si las cotizaciones bursátiles son un indicativo de por dónde apuntan los tiros a medio plazo, la cosa pinta a blanco y en botella.

Las bolsas, con el Ibex a la cabeza, han alimentado buena parte de su carrera alcista parapetadas en la especulación inmobiliaria. Esa misma que hace dos años nadie reconocía y que hoy todo el mundo demoniza. Paréntesis: lo curioso es que suelten las fieras sobre el cervatillo zapateril, cuando han sido los cuatro años de Gobierno socialista los primeros, en más de dos lustros, en los que el incremento del precio de la vivienda era menor cada año. Los datos están ahí y las hemerotecas, para quien guste de consultarlas, también. Para el resto, expertos en hilvanar lemas de agit-prop cutrelux, pan y agua informativos, que no por más calidad que se les ponga lo van a aprovechar mejor. Pero me pierdo.

Todos conocemos los cantos de sirena de que el mercado inmobiliario ha pinchado, y que el día de mañana cualquier mindundi podrá beneficiarse un chalé con piscina en primera línea de playa. Pues tanto no, pero tampoco tan calvo como anotan los académicos de salón, que mastican vocablos como reajuste para tratar de taparse las vergüenzas de un pinchazo que ellos, más que nadie, estaban llamados a advertir.

La caída media de los índices bursátiles, arrastrada por el fenomenal batacazo de engendros especulativos como Colonial, debería permitir aventurar un retroceso de los valores inmobiliarios en torno al 40 por ciento. No es tanto, si se tiene en cuenta un factor: el incremento de casi un 250 por ciento de los precios de estos bienes entre 1997 y 2007, tiempo en que el IPC acumulado sitúa la inflación media en un 38,9 por ciento.

Para evitar las confusiones de los porcentajes, pongámosle a todo sus ceros y sus euros. Una vivienda que en 1997 costara 150.000 euros –cantidad entonces elevada–, se pagaba en 2007 a 525.000 –casi 90 millones de las antiguas pesetas–. En ese tiempo, una cesta de la compra de 150 euros habría ascendido a casi 210 euros.

Si la vivienda experimentara ahora una deflación de un 40 por ciento, el inmueble de muestra bajaría su precio a 375.000 euros. Esto es: a pesar de todo, el sector inmobiliario habría incrementado su precio en dos veces y medio su valor de hace diez años, muy por encima de la escala del IPC.

Así que, por lo pronto, lo que toca es dejar de enmarronar y que todo el mundo se calme. Ni los constructores van a perder tanto, ni los bancos van a quebrar (ése capítulo ya se narrará otro día), ni las bolsas van a regresar el calendario al año 1929. Entre otras razones, porque basta que se dé una de esas tres opciones para que cada cual piense en qué isla pasar lo mejor posible los próximos 15 años. Mientras tanto, que no me hagan comulgar con ruedas de molino. No me las creo.

20080817

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Séptima legio y kamikazes

Pos qué bonicos que están todos con sus banderitas, sonriendo al millón cuatrocientos mil “voluntarios” que la mafia del Gobierno chino secuestra para dar brillo, y esplendor, a la enésima muestra de miseria para con la raza homínida. Hace unos días me rilaba de que nuestros 27 concejalitos aprobaran por unanimidad una moción reclamando a Mr. Jintao más protección de los derechos humanos. Que ahí me lo estoy viendo, al titi: “Albasete desil más lespeto, menda sel ahola paltidalio de la democlasia”. Y, mira tú por donde, estoy por darle la razón a los oliverios, los bayodos y los gualdos: hace falta que hasta el último mindundi se moje el culo en poner en la picota a los de las estrellas amarillas sobre fondo de tela encarnada.



Ahora bien, con la misma, hay que meterle el dedo en la nariz (y podría optar por lugares asaz antihigiénicos y menos amables), a la hipocresía que nos estamos gastando. Que si sólo es deporte, que si menos política, que si más reírse de las tontás de turno que haga el abanderado de cada país. Pues no, repuño. De renacuajo no entendía el boicot soviético a Los Ángeles 84, precedido del boicot yanqui a Moscú 80. Pero no es lo mismo: entonces era un enfrentamiento entre dos gigantes, en el que todo valía para pegarle un pescozón al vecino de enfrente. Hoy no. Hoy es cuestión de derechos humanos.

Hace 40 años, en los Juegos Olímpicos de México, los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos le pegaron un corte de mangas a los traseros acomodaticios de Norteamérica: se enfundaron un guante negro como muestra de desprecio a la política racial (¿o racista?) de su “gran nación”. Veremos si tenemos Smiths o Carlos en este Pekín, tan de marketing y tan de postín, que le canten las vergüenzas al capitalismo de Estado amarillo; y, de paso, a la mitad de los gobernantes del mundo (¡¡juas!!) “civilizado”, a los que se les antoja el trasero bebida gaseosa de extractos (esto es, se les hace el culo pepsi-cola), cada vez que codician el potencial mercado de los 1.200 millones de pares de ojos rasgados dispuestos a comprar lo que Papá Estado ordene.

Mi abuelo tenía en el recibidor dos llaveros. Los conoces, fijo. Son un clásico de bar de carretera. Uno decía: “Soy apolítico, lo mismo me dan los de la derecha que los joputas de la izquierda”. El otro, casi igual: “Soy apolítico, lo mismo me dan los de la izquierda que los joputas de la derecha”. Pues, yayo, con tu permiso, te tomo prestada la idea: soy anolímpico, lo mismo me dan (por ahí) los destripaterrones del Gobierno chino que los gaznápiros lameculos de Occidente. Voy a ir la fábrica de llaveros a ver si me hacen uno. Para lucirlo. Ay, Atenas, qué han hecho de ti.

(Sé que os había prometido, en privado, un artículo sobre la séptima legio, el año 217, los kamikazes y mil cosas más. Sorry. A la vuelta de Feria. Hasta entonces, con permiso, me voy de vacaciones. Au revoir!)

Publicado el 8 de agosto Página 3

20080805

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Que vienen los rusos

Ojalá vinieran. Y no porque tenga nada contra Solzhenitsin, con quien tengo pendiente retomar la lectura de Ivan Denisovitch e iniciar cuantas puedan caer en mis manos. Ojalá vinieran los rusos, y entonces el sopor que se apodera del politiqueo en los rifirrafes parlamentarios caería por su propio peso... que es mucho, vista la pesadez y/o pesadilla de algunos debates “de altura”.



“Que vienen los rusos” fue una de las ocurrencias más chisposas del aburrido y hastioso Pleno municipal del pasado jueves. Algún avispado de la bancada popular lo masculló justo en el momento en el que la señora Gualda se echaba una tapita de utopías y paraísos perdidos, cantando las virtudes de la nacionalización de la banca. Que sí, que la Constitución prevé la intervención del Estado en la economía. Pero también prevé el derecho a una vivienda digna, y ya ves, garajes reconvertidos a 300 euros y más te vale dar las gracias. O prestar el ano para que practiquen con él el medievo. Tú mismo. Con tu mecanismo.

Así que algún pepero de los 13 que hay en el Ayuntamiento (perdón, 12+1, que no están los muchachos de Cerdán y Bayod para meterles el dedo en la superstición), vio un bigote recortado en el asiento de IU, y se le apareció Tita Stalin. Con más sarcasmo que miedo al soviet, claro. El caso es que quienes allí estábamos, entre el séptimo bostezo y la quinta comprobación de las pilas de la grabadora, nos echamos una mal disimulada sonrisa. Hasta doña Charo aceptó el bajonazo de sus rivales con más buen humor que orgullo herido.

Pero punto. Tampoco vaya a pensar nadie que la cita política municipal próxima al Altozano es un festival del humor. Y eso es algo que Albacete no se puede permitir. No ya porque vaya a ser sede del Museo Nacional del Circo, que de por sí sería motivo suficiente. Sino porque, hecha como está a sacar pecho por sus opciones de futuro, ya es hora de que los políticos locales le peguen una lección a sus compañeros de gremio en el resto del Estado. O del país, como dicen algunos. O de España, como quieren algunos que digamos todos, invirtiendo la carga de la culpa y llamando acomplejados a quienes no sentimos el orgullo pueril y necio de la tela rojigualda (copón ya la casualidad: roja y Gualda. Mil disculpas por lo manido del chiste, pero por una vez estaba justificado).

Desde esta atalaya dichosa que es contar con columna, quiero hacer un llamamiento a la alcaldesa y a las y los concejales para que manden los discursos escritos a hacer puñetas. Para que implanten una normativa municipal que permita a los speakers pasar sólo con papeles de datos, para apoyar sus intervenciones, pero sin una sola frase legible. Un poquito más de coco y naturalidad, sin que todo tenga que ser un “que vienen los rusos”, le daría a los plenos una pinta muy apetecible. Y, quién sabe, lo mismo viene algún juntaletras de La 2 para contar lo ocurrentes y originales que somos en El Llano, y consigue colar el vídeo entre un documental de leones y una frikada científico-populachera.

Las razones son varias, y justifican la petición. Una, que no hay quien se crea su implicación con su función pública: los papeles escritos están para ser publicados; pero a los escenarios del parlamentarismo se debería ir a eso, a parlamentar, a charlar, a debatir, a intercambiar. A decir “que vienen los rusos” o “que vienen los adolfitos”, lo que sea, pero sin agachar como un necio la cara para leer un papel. Ya sé. Ya sé que en tiempos de tiquismiquis políticamente correctos eso es un riesgo. Pero sin riesgo no hay beneficio.

Segunda razón, también poderosa. Les considero perfectamente capaces de asumir el reto. Y seguro que la mayor parte de la ciudadanía también. El relativismo, el todo vale, el “lo mismo me da ocho que ochenta”, lleva a considerar que cualquier necio vale para político. Que no cuenten conmigo. No me parece que ninguno de los que parte el bacalao sea precisamente un papanatas. Por eso mismo, que desenfunden su arte de la oratoria, y envainen los discursitos preparados y las mociones de burocracia inflada y tecnicismo leguleyo y barbitúrico.

Tercer motivo, y éste de consumo interno: para que los que estamos a este lado de la barrera no nos acostumbremos a dar trascendencia de exclusiva a lo que está al alcance de cualquier ciudadano. Ojo: con la boquita chiquita para que no me pongan en la picota. Pero con el poquito de seriedad que me queda tras tragarme los bostezos del “a favor, a favor, a favor”, mientras mi “espíritu local” se descojonciaba del compromiso, por u-na-ni-mi-dad con los derechos humanos en... ¡¡China!! Ni.

Publicado el 5 de agosto Página 5

20080802

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Gajes de la partida de nacimiento

¿Y eso qué es?, me pregunta una hermosa muchacha días atrás, cuando le comento todo feliz y satisfecho mi última entrevista en el Foro de la Participación. ¿El qué? ¿De la qué? Pues vamos listos, me digo. Y me siento primera línea de batallón de infantería, todo ufano por defender la patria y la bandera, pero avistado por el enemigo como el primer paria dispuesto a caer malherido y ensangrentado, dando horribles alaridos de dolor. ¿Vanguardia social o ridículo informativo?



Don Miguel, que así llamo a Berrio más por algún café cómplice que por cuestión alguna de respeto, es de los que comentan lo mismo en público que en privado. Que el Foro del que es coordinador influye en la mitad, de forma directa o indirecta, y excluida la partida de personal, del Presupuesto Municipal. Cuando oye semejante cifra, al presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid se le hace el culo pepsi-cola. Y algún buen conocedor de las teorías de la participación te aparta y te matiza que un 50 por ciento es imposible, que ya será menos, que dónde va a parar.

Además, al Foro no le faltan críticos. Y digo críticos, no demagogos. Es decir, gente de mente abierta, constructiva, dialogante y enriquecedora, que te señala la fiscalización ejercida por el concejal de turno, muchas veces el mismo que deja a los populares de piedra cuando en un Pleno municipal inicia sus réplicas con un “¿y?” o con un “o no”. Tampoco faltan espíritus libres que ven detrás de las propuestas participativas la sospechosa mano negra de la guita fresca, contante, sonante y municipal.

Mi menda sabe que cuando habla de estas cosas corre el riesgo de la ignorancia del cunero. Y de ser llamado precisamente, además de ignorante, cunero. Ea. Gajes de la partida de nacimiento. Pero me da que la única forma de eliminar esas sospechas (quizá justificadas, quizá no), es fomentar el apellido del Foro. Esto es, que sea Participativo. Hablar de él. Sobre todo, cuando un caballero, un niño o una linda muchacha te preguntan: “¿Y eso qué es?”.

La existencia de una herramienta de participación es todo un regalo. No hablo de ésta necesariamente, ni de sus actuales responsables. O sí. Da lo mismo, porque no es ése el asunto: dice el refrán que las mentes chicas discuten sobre las personas, las promedio discuten sobre los hechos, y las grandes lo hacen sobre las ideas.

La idea de la participación es como el democrático derecho de ejercer el voto: demasiada sangre, demasiados desvelos, demasiado tiempo, derramados, consumidos e invertidos por nuestros antepasados, como para tirar por el retrete la opción. Será mínima, pero menos es nada. Y el camino contrario está demasiado explotado: uno piensa y 40 millones hacen. Si algo debe ser mejorado, no significa que se deba tirar la toalla. Esa es la idea. Lo demás sobra.


Publicado el 2 de agosto Página 3

20080730

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Burbujeante

Hoy dedico la entrada al buenazo de Manuel Ureste. No es que te quiera tanto, primo, es que ando sin tiempo (ya ves, casi un mes sin actualizar el blog).

Te comento. Apunta. Échate al carro de la compra próximo dos botellas de cava. A pesar de la crisis, lo peor está por llegar, así que malo sería que no tuvieras dos míseros billetes para comprar un par de botellas, que a razón de cinco pavos ya encuentras espumosos de canalla trajinera. Total, tampoco notarás una diferencia abismal si, por ejemplo, estás apuntado a la moda de esa infamia del lambrusco, el britnispirs de los vinos: chispeante, y con cuerpo bailón, pero con paladar de marketing.



Ponlas a enfriar. Pero bien frías. Y resérvate estas dos fechas para abrirlas: la primera, cuando te vayas a la puñetera calle; la segunda, cuando rehagas tu vida en el sector de las energías renovables; o en el de la biomedicina, que es lo que el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) acaba de recomendar a Europa, y sobre todo a España, para recuperarse del megafostión del ladrillo.

Mira tú por donde, va a resultar que Albacete con su solana, su Facultad de Medicina (con ex decanos asaetados y todo), su TLP para los chachiguais de los pilotos de la OTAN, y toda la vaina que se cuece en los congresos de la política, se va a convertir de aquí a 2050 en capital universal de la economía dinámica. Lo que yo te diga.

En lo que pasa entre que descorches la primera y abras la segunda, si por el camino no te han vaciado la nevera los cuatro millones de parados que va a dejar como herencia la egolatría de los créditos inmobiliarios, quizá tú, yo, y los cuarenta millones de santurrones que hacemos este país, nos demos cuenta de que no es plan de volver a hacer el canelo. De comérnoslas hasta que nos ha ido mal, y entonces poner a lamérnoslos.

No hace falta que te diga comernos las qué, y lamernos los qué: ya somos mayorcitos, aunque a veces no lo parezca; como cuando nos embarcamos en sopotocientos millones con la bazofia argumental de “que sí, que es una inversión, que nunca baja”. Pinchazo es a gatillazo lo que esta crisis a disfunción: mucho tiempo sin diagnóstico, y ahora pretendemos que se infle solo. No padre. No madre. No.

Te cuento el caso de un empresario. De nombre... Ferràn, por ejemplo, que suena cataluzo, como el cava. Se dedica a cualquier cosa relacionada con poner edificios en pie. Seguro que en su día contaba con 200 empleados, y una flota de vehículos que ni Briatore en los años buenos de Alonso. Hoy, Ferràn no pasa de los 20 curritos y no alcanza más que una quinta parte de la producción que necesita para cubrir gastos; su flota se reduce a dos fragonetas y un viejo diablo sobre ruedas, en el que además lleva a sus chiquillos al club de campo en las mañanas de domingo, mientras añora los lustros del Mercedes Q-P (coupe), con zapatos lustrosos y lustre de Torrente en la sesera. Aquí ha chegado el alma de la fiehta, y el Fary es Dios.

Ferràn tiene poca culpa, incluso cuando se emborrachó con cava (con qué si no), para celebrar la apertura de su nueva nave. Hablando de cava y de culpas, los catalanes tampoco tienen culpa, mal que le pese a los fantasmas de Pedro Jota Calvorota. Y menos aún tiene el empleado de la cecéme que en su día le soltó guita a Ferràn, para el chalet del primo segundo del ex cuñado de la tía Mari Trini. Pero mira nene, entre todos la mataron y ella sola se murió: ella, la economía de esta España acostumbrada a sobrevivirse en el cainismo, el ajusticiamiento de los nobles de corazón y la fusta de los nobles de carné.

Así que, puestos a morir, mejor morir con las burbujas puestas. De la burbuja vienes y en burbuja te convertirás, rezá el libro de cabecera de Martinsa-Fadesa. Con él hemos rezado durante diez años casi sin darnos cuenta, y ahora nos entra el típico complejillo moral del autocastigo: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Sí. Sí. Por nuestra culpa. “No puede seguir subiendo”, cuchichéabamos en el bar; “a ver si pillo la siguiente ganga”, presumíamos delante de los colegas. Queríamos ser leones alados y hemos quedado como enanos de circo. Nos conoce todo el mundo. Por pringaos.

A ver si es verdad aquello de una y no más, santo tomás, salvo para abrir las dos botellas propuestas. De momento ponlas a enfriar, y no sufras demasiado por la espera: al paso que vamos, la primera caerá antes de diciembre. Si Solbes dice que la cosa está “grave”, es para atarse los machos. Allá tú. Yo ya he pasado por el súper. Por si acaso.

Publicado el 29 de julio Página 5

20080701

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Muy, pero que muy tarde

Gol. Gol. ¡¡Gol!! A ver, si no, con qué palabra les engaño hoy para que sigan leyendo. Hale, pues sí, pues va de fútbol. Quizá no se lo parezca, pero se los juros que sí, que va de balompié, de cultura patria y de todas esas cosas que hinchan los corazones en las resacas de las eurocopas.



Como va de fútbol, permítanme que cometa penalty. Que ya lo entenderán. Digo, al momento presente, que están tardando todos esos, todos esos españolitos de mirada desviada y conciencia social fofa, todos esos que han alentado, consentido, espoleado y aplaudido que los jerifaltes europeos aprueben ciscarse en los derechos humanos de Moustafá, Sulaiman, Víctor Francisco y millón y pico de nuevos vecinos, por el simple hecho de no tener los papeles en regla. Que como todos ustedes saben es un delito que te rilas, un peligro para la seguridad que ni te menees, lorito. Entre un chorizo con recortada y un morito indocumentado, no sé ustedes, pero yo no lo dudo: me echo en brazos del caco, que es un santo al lado del otro. ¿Qué se habrá creído, viviendo en essssPaña y sin una ñorda papel que le acredite? Un aprovechao, fijo.

Están tardando, como digo, todos esos españolitos sin conciencia de clase, sin clases de Historia y sin memoria de pueblo mestizo; todos esos españolitos, y europeítos, que se creen muy importantes y muy señoritos porque tienen dos coches, una pantalla de plasma y un petardo diario en el asiento del curro, lamiendo traseros y agachando orejas, no vaya a ser que me receten las vacaciones sin fin, piensan, los muy tordos; todos esos fulanos de tal y pascual que se han hinchado en los últimos cinco, diez, quince años, a esputar sandeces: papá, me quitan el curro; mamá, me quitan las plazas de guardería; yaya, me quitan las camas del hospital; jopetas, me quitan las becas, y trafican con drogas, con armas o con mujeres. Y huelen mal. Y no se adaptan. Y erre que erre: qué se habrán creído, estos negros, estos sudacas, estos moracos.

Tardan, están tardando, y no van a reaccionar. Ni siquiera se dan cuenta. No se imaginan que pueda ir con ellos. Y además es que no tienen ni repajolera idea. “Que vengan, pero con papeles”, exabruptan. Venga, vale. Muy bien, chaval, te reto, te reto una y cien mil veces, a que salgas de España y trates de entrar, como si fueras extranjero, con los papeles en regla. A ver si puedes, listo. Porque va a ser que no, primo. Mira por dónde. Va a ser que venir como currito es decididamente imposible según de qué país procedas, y según qué es lo que sepas hacer. Pero es que, chato, allí o te mueres de hambre o te pegan un tiro. Qué dices. Venga, hombre, qué dices. ¿A que te quedas esperando tan ricamente? Pues no, claro: te buscas las habichuelas como sea y te embarcas en lo primero que pilles, se llame patera, camión o Aerolíneas Bolivarianas, y echas los dados a ver si sale siete. Total, a peor ya es imposible.

Dale. Ya estás en España. Y ahora viene otro espabilao a decirte que curres, pero legal. Vale, nene. Te cuento por encima: un empresario decide que necesita un puesto y que lo va a cubrir Boris, recién llegado y que, rediós, es ingeniero como no hay par. Pasos a seguir: consultar al INEM si hay nacionales para ese puesto; si la respuesta es negativa (cuando le llegue, que esa es otra), decirle al menda que sí, que se vuelva a su país, y que ambos, empresario y currante, se pongan de acuerdo a través de embajadas, consulados y similares. Total: seis mesecitos de nada. Que, como todo el mundo sabe, es un tiempo más que “prudencial” para la ley de oferta-demanda en el mercado de trabajo, en los tiempos globalizados que dicen que vivimos. ¿Globalizados? De pelotas. No será para la mano de obra, no. No precisamente.

No sé en qué parte del relato se parten ustedes el ojal. Yo desde el primer paso, ese de consultar al INEM (sorry, ahora se llama SPEE), si hay nacionales dispuestos. Pero, chorra, ¿no será mejor que un trabajo lo haga el más preparado, y no el que haya tenido la potra de nacer en un país? Cuidadín, que así empezó Adolfo en Alemania, años 20, y ya sabemos cómo acabó. Mientras, hay quien sigue tardando. Demasiado.

¿En qué tardan tanto algunos? En saber, ahora que están con los ojos llenos de pan por el golito (no fue golazo, no odamos la marrana) de Torres, y las dos o tres palomitas de Iker, que si su egoísmo, insolidaridad y putrefacción intelectual fueran aplicados por igual en todos los campos, Marcos Senna tendría que estar enchironado en un centro de acogida. Pero, claro, siempre ha habido clases. ¿Será eso, será que hay clasismo, en lugar de racismo? ¿Será que molesta más el pobre que el extranjero? Pues a lo mejor el siguiente paria es usted. ¿Piensa seguir tardando? Usted mismo.

Publicado el 1 de julio. Página 5.