En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

Facebook / Twitter

Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20081217

3
El episodio de "Cayo o Tongo"

No es culpa mía. Yo intento alejarme pero debo ser para Izquierda Unida lo que la utopía para Eduardo Galeano: “Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.



Digo esto porque algunas analogías son casi de coña. En 1998 me fui a trabajar a Asturias, y allí pude conocer, ya lo he contado en esta misma columna, al asturiano Gaspar Llamazares. Dos años después, fue votado coordinador general de la coalición. En 2006 me vine a tierras manchegas a desempolvar el sarcasmo y formatear el periodismo –¿o era al revés?–. Aquí conocí a Cayo Lara. Y, mira por dónde, también dos años después de aterrizar en el llano, al ciudadrealeño lo eligen para la misma cosa.

Metidos en harina, sería una grave irresponsabilidad por mi parte no gastar una parte de mi tiempo –y ahora del suyo de leer– en don Cayo, del que dicen que tiene mucho de nuevo y poco de flamante, pues atiende antes a la humildad y al trabajo que a los focos gratuitos y el show business.

La prensa nacional no ha dudado en hablar de él como de un “perfecto desconocido”, binomio armario que sirve para hablar de todos aquellos dirigentes que no han brillado, y por este orden, en Madrid, Barcelona o Vitoria; con el permiso de los sociatas andaluces y de los populares valencianos, tan resalaos por la espalda los primeros, y tan rencorosos de frente los segundos. Lo que sucede allende Guadarrama y los montes de Toledo no existe, ya se llame promesa de la industria aeronáutica, líder en energías verdes o máster en biología molecular. Es decir, aunque Albacete se vista de seda, Albacete se queda.

Este “perfecto desconocido”, que para quienes hemos tenido la suerte de tratar con él, es un dechado de moderación y sentido común, no ha sido antes coordinador general de IU porque él mismo no lo ha querido. Al menos, así se explica en el blog A sueldo de Moscú, referencia en buena parte del internet más teñido de rojo.

“Dado que no consiguió el apoyo de otras sensibilidades –expone–, a pesar de la presión psicológica que hicieron 15 consejeros que intervinieron reclamando al resto la obligación moral de apoyar a Cayo, con trescientos delegados gritando arriba "¡Cayo, Cayo!", y comentando entre ellos, y con quien se encontraban, que "Cayo o tongo", este decidió no presentar su candidatura y por eso no fue elegido coordinador”.

El episodio de “Cayo o tongo” también lo recopila en su blog personal el coordinador provincial de la formación, Luis Ángel Aguilar, bajo el título Porque (sic) no voté a Cayo Lara. Que, entre otras cosas, no lo votó porque iba en otra lista. Y no se le pueden pedir peras al olmo. ¿O alguien imagina a Gallardón votando a Esperanza Aguirre? Pues eso.

Así se explica la anomalía de que, hasta la fecha y desde la IX Asamblea, la coalición no contara con un coordinador general. Ahora bien, más importante que la figura es que exista una línea de acción política definida, y aquí es donde tiene que jugársela el de Argamasilla de Alba. No vale ya el “todos caben”, aunque Aguilar se empeñe en ello, seguro que con toda la buena intención del mundo.

“Aquí cabemos –asegura en su bitácora digital– todos los colores, rojos verdes y violetas, y todas las sensibilidades de izquierda, desde los necesarios comunistas, hasta los cristianos de base, desde pacifistas a antimilitaristas, feministas y alterglobalizadores, defensores/as de los Derechos Humanos y libertarios, ecologistas y republicanos, sindicalistas y obreros, gente de izquierda, socialistas que ya no quieren taparse la nariz, y toda esa buena gente que sabe que el bipartidismo es malo por naturaleza”.

Lo cual no está nada, pero que nada mal... si encontrase en las urnas el reflejo de ese abanico al completo, que por lo general opta por quedarse en casa o votar más sobre seguro –¿alguien oyó PSOE?–, cuando llega el momento de citarse con las urnas.

¿Cuál va a ser el proyecto de Lara? ¿Priorizar la reforma de la Ley Electoral, o la vuelta de IU a la etapa dorada en la que soñó con 35 diputados, en 1996? ¿Agitarse de forma espasmódica con el bipartidismo, o tomar las riendas, enseñar las fauces y mostrar una senda como está haciendo, nos guste o no, Rosa Díez? ¿Sumar voluntades o restar fuerza?

Es necesaria una izquierda a la izquierda del sistema, ahora que el capitalismo neoliberal nos ha demostrado que es un pánfilo incapaz de vivir de su propio éxito. Es tu oportunidad, Cayo. Utilízala.

20081209

0
La uve pequeña de Starsky y Hutch

Suerte ésta de la memoria. Selectiva, claro. Qué remedio. Cada cual con su cruz y el sonrojo en casa de todos. Tres años, 1995, 2001 y 2008 se me cruzan como una ráfaga en la conciencia al escuchar la historia del chico de 23 letras que se acaban de cepillar en Grecia, Alexandros Grigoropoulos.



El director del Máster de la Universidad Complutense de Madrid, un cruce entre dandy británico y comunista italiano llamado Alejandro Pizarroso, explica en sus clases que la democracia, como cualquier sistema político, se encauza a través de la gran P de la Persuasión. Es decir, el conjunto de sistemas y valores que hacen posible organizar la “p” pequeña y la “v” pequeña. Esto es, la propaganda y la violencia.

Desde ese punto de vista, cualquier sistema político se organiza a través de una propaganda institucional, que utiliza para autopropugnarse como en el mejor de los posibles de organización de la convivencia. A su vez, encomienda el uso legítimo de la violencia a un sistema policial y/o militar encargado de entrar en acción cuando la “p” pequeña no sirve para acomodar la gran P al conjunto de corrientes y contracorrientes que conforman una sociedad.

Ignoro si la contracorriente que está generando en Grecia el fin de la fiesta especulativa, inmobiliaria y financiera es lo suficientemente fuerte como para poner a prueba la resistencia del triángulo del poder. Pero sí sé que el ejercicio legítimo de la violencia a cargo del Estado no es siempre como nos la cuentan.

El mismo escalofrío que me recorre la espalda al conocer la muerte de Grigoropoulos me sacudió en julio de 2001 cuando un muchacho, cuyo único mal conocido era hacer frente a la gran “P” de la cumbre del G-8, falleció bajo las ruedas de los carabinieri. Estos últimos tenían miedo, pero Carlo Giuliani, a diferencia de los policías italianos, y de los griegos, ya no puede contar su versión de la historia. Saberse cómplice uniformado de un asesinato de Estado no debe ser agradable. Pero saberse muerto, a fuer de no tener señoría a quien narrarle la historia, debe serlo mucho menos.

La historia de la “v” pequeña no es como nos la cuentan. Hace 13 años me vi enredado en una buena tunda en las céntricas, tramposas y conservadoras calles del centro de Madrid. Se lo cuento. Pecadillos de juventud, pero pagaría por volver a incidir en ellos.

El motivo de la manifestación no era precisamente legal: se buscaba defender la continuidad de una casa okupa (qué ocurrente hablar de eso ahora, justo ahora, que la vivienda ha pegado un petardazo). Las intenciones de quienes acudían a ella, si me apuran, tampoco: no faltó la instrucción de que acudiéramos cargados con pilas en los bolsillos. Quien suscribe, y quienes le acompañaron, no llegamos a tanto.

Si ilegal era el motivo y la intención, no menos ilegítima era la brutalidad de la respuesta que nos esperaba uniformada. Aquello parecía un pueblecito castellano de los de tres vacas por habitante, sólo que en su versión de número de agentes por jovenzuelo. La dispersión fue más rápida que la entrada de los marines meid-in-iu-es-ei en Bagdad. Así que, greñúos y apaleados, no nos quedó otra que pasear por las calles matritenses.

Pero ellos, los que luego figuran como heridos en los recuentos oficiales de los encontronazos, no tenían bastante. Nos persiguieron por la derecha y por la izquierda, con radar y con olfato de perro de presa. Tratando de zafarnos de una represión kafkiana, vimos pasar a nuestras espaldas, calle perpendicular, siete y media de la tarde, frío de noviembre, a una de aquellas “lecheras” pánico de antisistemas y demás aprendices de brujería izquierdista.

Pasó de largo… segundos después, daba marcha atrás y enfilaba por nuestra calle. Nosotros, jóvenes e indocumentados pero con bastantes menos lumbreras que las de García Márquez, optamos por aquello tan castizo de “to er mundo é güeno”, y nos dio por acudir al socorro del vecindario. Se lo dejamos en bandeja. A huevo. Mejor imposible, con el permiso de Jack Nicholson. Se hicieron llegar hasta el portal por el que nos habíamos colado, señora ábranos por favor. “¿Por qué?”. Porque nos sigue la poli. Joder con la respuesta. “Pepe, echa la cadena, y llama a la policía”.

Ellos, los agentes, nos hicieron pasillo en la escalera, en el rellano y en cuantos puntos quisieron de camino a la calle. Pim. Pam. Ostia en la cara. Bollo en la espalda. Brecha en la cabeza. No pidieron los carnets. No nos llevaron detenidos. Sólo nos golpearon. Y no salió en la prensa. No hubo versión oficial. Tampoco contraoficial.

Que ahora la universidad, el partido comunista griego y la juventud mileurista, precaria y cabreada ponga en jaque a la “v” pequeña de la gran “P” no me parece del todo desacertado. Quizá no tienen razón. Pero es para mosquearse. Y para dar, de una vez, la otra versión. La de los palos gratuitos y los mitos de Starsky y Hutch.

Con mis respetos a las fuerzas y cuerpos de seguridad, constituidas, en su inmensísima mayoría, por profesionales que se dejan la piel día a día por garantizar los derechos y deberes reconocidos y exigidos en la Constitución Española de 1978.

20081202

3
El perfume de Guevara y el temple de Saint-Exupéry

La locura no se cura, me dijo tiempo ha un conocido. La locura de la actividad que engancha, de la vocación, de la pasión con la que uno se vuelca en su quehacer. Mi primer recuerdo de la locura albaceteña es la del relator especial de vivienda para la ONU, Miloon Kothari, de visita en España el 1 de diciembre de 2006. Venía a avisarnos de que se nos acababa la fiesta, pero le llamaron de todo: agorero, catastrofista, antisocial. En fin. Servidor le dedicó unas líneas bajo el título Tú calla y sigue limpiando.



Unos días después UGT y Feda enloquecían y se descolgaban de la unidad de acción sindical y dejaban a CCOO fuera de un acuerdo para los trabajadores del Comercio, que se saltaba las normas básicas de cualquier convenio colectivo. Ambas centrales tenían razón: unos, porque era cierto que aquello era una puñalada trapera por la espalda; otros, porque siempre es mejor algo que nada. Y no están nunca los tiempos, ni los boyantes de ayer ni los del batacazo de hoy, como para buscarle las cosquillas a la patronal.

Al poco, la locura tomó forma de comicios municipales y autonómicos...

Carreras pasadas las once de la noche porque a los socialistas de encuestas triunfales se les había caído el concejal número 14 cuando el recuento alcanzó, ojo, el 99,52 por ciento. Nunca, creo, en la coja historia democrática de España tan pocos votos decidieron tanto: dar alas al único asiento de la “verdadera izquierda”, cuyo voto resultaría fundamental en todas las decisiones de futuro, desde los aparcamientos subterráneos hasta el desarrollo sostenible. ¿Es o no es para volverse locos?

Pues no se cura. Cuatro asociaciones de vecinos decidieron que ya estaba bien de hacer de la fuerza de todos un punto de apoyo, y se declararon república independiente de la Fava de Ikea Hurtado. Llevaban el billete de ida y vuelta, pero en el momento de la bravata no lo sabían. El cisma fue sólo un susto. Andando el tiempo, resulta que no sólo no hay ruptura, sino que los vecinos piensan ya en una federación de carácter provincial. A eso le llamo yo conjurar los malos espíritus con acierto y decisión.

Para diabluras, las de la firma Aquadeus, filial de una cárnica murciana de ingente tamaño, que lleva años viendo en el río Arquillo la gallina de los huevos de oro. De un caudalímetro permitido de 9 litros por segundo a secar una fuente de la que manaba, cuentan vecinos de mirada noble y palabra sensata, 11 veces más agua. Una de esas historias que en la profundidad manchega se paga con amenazas veladas e intentos de descrédito informativo. Es para perder la cabeza.

Como lo es, también, que justo antes del petardazo inmobiliario, y cuando ya todos nos olisqueábamos que había que volver al palo y tente tieso, la CCM presentara las mejores cuentas de toda su historia. Pero el caso es que sí, que echabas números y era para quitarse el sombrero. Voilà!

Todo se acelera, para enloquecernos aún más. El flamante presidente de las Cortes se postula como nuevo secretario provincial del PSOE, y lo logra. Mientras Pardo luce y el Dow Jones se resquebraja, un juez de la inmensa talla moral de Juan Gelmán recuerda en Toledo que las pasó putas por querer enchironar al senador Augusto Pinochet. Y, por si no teníamos bastante, Urbanismo echó a patadas a quienes quisieron llegar “Bienvenidos” a la carretera de Jaén.

Pedro Ángel Rubio Lara se hizo con la jefatura de la Policía Local, aunque su estancia al frente duró menos de lo que cabía esperar, porque Angelina Martínez se lo llevó a la flamante Consejería de Justicia y Protección Ciudadana; y, antes de decir amén, Barreda remodeló el Gobierno, dijo, y dijo el Ejecutivo, para dar ejemplo ante la crisis. Aunque para remodelaciones, ninguna como la de Castell. Tú a Boston y yo a California. Carmen Oliver tomó las riendas de Harvar para construir el “futuro inteligente”. A fe mía que no sé si es futuro ni inteligente, pero que bien vale la pena seguir su política, muy diferente a la que nos tienen acostumbrados las y los mandamases. Su acción lleva el perfume de Ernesto Guevara y el temple de Saint-Exupéry. Conviene no perdérselo.

Mientras tanto, los ganaderos se paseaban con más vacas flacas que nunca. Era un ganado perdido, y perdonen el juego de palabras. Tiempos de locura en los que los guardias civiles de Agustín Clemente han logrado para sí muchos más derechos de los que podrían haber imaginar. O, por ser pulcro con el lenguaje, que no se estila, de los que habrían imaginado conquistar.

Y todo lo que les cuento, y lo que no les cuento porque no cabe, pasó en sólo dos años. Oigan, yo no me curo, y firmo por otros dos. Siempre que ustedes quieran... e incluso si no quisieran. Salud.

20081125

10
La turbamulta de los crucifijos

Ala mayoría de los españoles no les molesta un crucifijo en las aulas, dice la Cospe, para justificar que los obispos vuelvan a caer en la connivencia con los postulados más retrógrados del Partido Popular. A mí, de manera escueta y sucinta, tampoco me molesta, a pesar de que el gran negocio de Roma lleve 2.000 años jinchándose a base de meternos el miedo y sacarnos los cuartos.



No, el crucifijo tal cual, amiga María Dolores, cardenal Amigo, Papa de los cardenales, no me molesta. Más bien me la trae floja: oigan, los chavales con más entendederas saben ya, desde los cinco años, que Caperucita Roja se trajinaba al cazador y que, sotana más sotana menos, se puede estar a dios rogando y con el cimbrelillo dando. Así que no hay cruces que se interpongan en su educación, por llamarle de alguna manera a lo que las Logses, las Loces y las Loes han hecho con la enseñanza, hubiera o no hubiera crucifijos con los que espantar a la chavalada.

Lo que me fastidia sobremanera es que la mayoría de los españoles, de este pueblo ingrato y falto de memoria, tan amigo del rencor como de la picaresca, hayan estado siempre dispuestos a morder la bicha –y lamer la picha– de sus mandatarios...

... A hacerles la tres catorce, pero siempre de boquilla; porque en el fondo se arrodillan y practican la genuflexión. Y claro, los que parten el bacalao, que para eso son también españoles, hacen vivaqueo antes que política, sabedores de que hay una opinión pública maleable, amorfa y sin criterio. Española. Pero eso sí, con crucifijo. Siempre con crucifijo.

La mayoría de los españoles, y cuando digo mayoría hablo de turbamulta, de masa, y no de compatriotas, cometió hace 200 años la parvada de salir en tromba a defender sus costumbres premedievales frente a las ilustradas tropas del bonapartismo. Lo que tan bien describió Pérez-Reverte en Una Intifada de navaja y machetazo: “en 1808 –o unos años antes, cuando todavía era posible, quizás, una guillotina en la Puerta del Sol– los españoles nos equivocamos de enemigo. Error del que, doscientos años después, todavía pagamos las consecuencias”, según cita recogida en Wikipedia.

Es decir, a la mayoría de los españoles no le molestó, en 1812 ni en 1823, que continuara el poder escalofriante del monarca más absoluto y más funesto de la siempre nefasta historia borbónica, Fernando VII. Porque él portaba el crucifijo, mientras que el invasor francés extendía la laicidad: el César a un lado, y dios al otro. Han pasado dos centurias, y ni los pepos extremos ni los jerifaltes beatos se enteran de la misa la media.

Disculpen las “molestias”, pero me permito recordar que tampoco molestó a la mayoría de los españoles, qué cosas, expulsar a los moros o arrinconar a los judíos, gracias a los cuales esta Iberia tuvo acceso al álgebra, el tratamiento de aguas, las finanzas, la obra civil y la medicina; por no hablar de las aportaciones literarias, musicales y de organización territorial. Bienes que después, esa misma mayoría, esa misma mano oculta, pagó con exterminios, persecuciones y, cómo no, faltaría más, crucifijos. Muchos crucifijos. Millones de crucifijos.

No le molestó, a la mayoría de los españoles, que las fuerzas monárquicas y mojigatas fueran con el susto del vasallaje por los campos españoles en el año 1931, elecciones ganadas en minoría por los republicanos de aquí. 77 años después, los republicanos de allí, los de EEUU, repiten la misma historia: Obama se impone donde acampan la cultura, la urbe, la amplitud de miras, el cosmos y la polis; y McCain se hace fuerte allí donde impera el silencio, la rudeza, el golpe al pecho y la fe, es decir, el crucifijo; siempre el crucifijo. Monárquico, creacionista o anglicano, siempre hay un crucifijo dispuesto a ser utilizado cual saeta contra el ser humano librepensador, independiente y sin más dios que el dictamen de su conciencia.

No. A la mayoría de los españoles no le molestó que desde el año 1997 las conversaciones en público del “qué barbaridad, donde va a llegar la vivienda”, se quedaran en privado en un “a ver si pillo el próximo chollo”. Como tampoco les molesta ahora que el festival haya tocado a su fin: la culpa es de ZP, y con eso basta. Y sobra. Pero con crucifijo, muchacho, muchacha, no te olvides nunca. Ten fe, y dios proveerá.

Amiga, Amigo: a la mayoría de los españoles sí les molestó no saber qué carajo se nos había perdido en Bagdad, y entonces ustedes no hicieron ni puñetero caso. Pero nos pidieron, como hoy, fe. Devoción. Así que por mí, sin acritud alguna, pueden meterse el crucifijo por el orificio de la verdad que les dejó el primo Bin Laden en El Pozo, Santa Eugenia y la estación de Atocha. Y ahora, a rezar.

20081121

3
Madera de B.O.G.

Estoy por terminar de creerme el asunto éste de la perspectiva de género, que esta semana ha desarrollado con tan buen acierto el Foro de la Participación albaceteño, en lo tocante a su aplicación al planeamiento urbanístico.

Tomemos nota de una realidad que tenemos a mano, la firma de mujer que tiñe de una forma diferente de hacer política el Ayuntamiento de Albacete: Bayod, Oliver, Gualda (B.O.G.). Eso sí que es madera, y no la de Boj, la de Cela.

No son líderes al uso. No hace falta decir nombres, que ya ustedes son mayorcitos, para saber quién es quién y cómo se las gasta. Una aporta la dimensión del alma, lo inmaterial y lo que va más allá de la realidad contante y sonante. Otra es la chispa, vivaracha, deslenguada, ácida, vivaz. Y la tercera es la mordacidad aguda, la mirada despierta, la crítica insaciable, la mosca cojonera.

Vayan y comparen con el sector masculino de la cosa política, da igual el color: agresividad, desplantes, chulería, arrogancia y praxis exasperante campan a sus anchas.

Estas tres damas de la política, aunque no sólo ellas, están a punto de conseguirlo, de que me crea a pies juntillas y sin aspavientos la llamada perspectiva de género. Seguiré pensando que el nombre es inadecuado, como el de “violencia de género”. Antes bien, la considero un “género de violencia”, aquel propiciado en el ámbito doméstico a propósito de la repugnante cultura del sometimiento de las mujeres a los dictados del rey de la jungla humana, el macho hombrío, obturador del poder y procaz extensión de la ambición desmedida.

Pero serán matices. Sí. Hacen falta más perspectivas valientes y con firma de mujer en el mundo. Aunque sólo sea para compensar una herencia bochornosa: el rol de género dispuesto, impuesto y compuesto por y para los hombres.

Vayan y comparen, me permito insistir, con el sector masculino del empeño político: altanería, dictablandas, afán infinito de control sobre la vida ajena. Afortunadamente, hay excepciones. A esos otros hombres también los considero de esa madera especial: la de B.O.G. Ojo, no de Vogue.

(foto: Flickr)

20081119

0
Juro que el camuflaje es involuntario

Publicado el 18 de noviembre

Tengo que estar, me dije. Me disculpen el arrebato de egolatría, pero es uno de los pocos en los que, me atrevo a juzgar, caen desde el hijo de las Calzas Largas hasta la prole del pulimentador: mirarse a ver si está en el listín telefónico, ahora que la más grande entre las grandes, reina de los millones de Villalonga y de los riñones de Alierta, ha vuelto a repartir sus páginas blancas, amarillas y arco iris a los pobres diablos usuarios de la línea de cobre.

Tengo que estar. Es lo mínimo, después de un par de años batiéndome el cobre por ser uno y no más de los descendientes de Figueroa, en una de tantas tierras asoladas por el cainismo. Con lo que me he pegado por que las envidias crean que me dan con formas consagradas hasta en el carné de identidad, sabiendo, yo más que ellas, que sus cuitas y mis broncas eran, para el común de los mortales albaceteños, menos que diabluras. Directamente no existen. Pero los errantes y los pobres de alma creen que la fama bien merece incurrir en el ajusticiamiento. Allá ellos.

Así que sí, tenía que estar. Después de haberle llamado de todo a los peperos y haberme callado menos de lo que sé sobre los rojeras progres. Después de haber puesto en la picota a todos los gremios altaneros que se me han cruzado en el camino, algunos con más verborrea que otros... y peor baba. Después de haberme puesto gorra contra quienes querían correrme a gorrazos, y haberme quedado calvo para quienes quisieron dedicarme un calvo, lo mínimo era estar presente. Contante y sonante, rediós, piticlin, dígame, sí, aquí teléfono de la esperanza, el lugar adecuado para ponerme verde.

Lo mínimo que esperaba era un recuadro, tipo anuncio, con el dibujo de un tomate al lado, en clara y nada sutil referencia a lo que cualquier desalmado podría echarme a la jeta. Siempre y cuando se le antojara. Porque enemigos no faltan, en potencia: los chavales de ETA, a los que por activa, por pasiva y por perifrástica he llamado niños de papa y muchachos de teta fofa: mamá, sácame de la cárcel o me pongo en huelga de hambre.

Más: los curas más preocupados de las cosas de la moral que de los vericuetos de dios, amigos de la pandilleja de desagradecidos con la historia que les hizo libres y con derechos democráticos, reyes y reinos incluidos, expertos en oponerse al todo invocando el nombre, léase matrimonios homosexuales. ¿Me tenía ganado o no el hueco en el listín?

La verdad es que sí. Por listín, justamente; que ya lo dice el colega J.A., que somos un país de listos. De listos, y de inteligentes, remacha, por si a alguien no le queda claro. Sobran ejemplos: ¿ZP se queda sin ir al G-20?, será porque es un inútil diplomático; ¿ZP consigue la silla en el G-20?, ah, en ese caso es que va de prestao, así que también es un inútil diplomático. País demencial donde no importa el argumento, sino la conclusión. Estas mismas líneas son vivo reflejo del escupitajo verbal que campa a sus anchas en la neurona ibérica, barbitúrica, impávida, embustera.

Por eso, además, por darle caña a los míos, sean de donde sean los míos, que no tengo más patria que la bondad ni más frontera que la ilusión de un mundo mejor, creía yo que me tenía ganado un sitio brillante y pulcro en las páginas de los muchachos del ADSL capado. Una reseña en negrita, gorda, palpitante. Solicitada por quienes espolearon a Francisco José Alcaraz como agente político, por quienes dijeron que esto de las inmobiliarias eran cuatro pipas, o por quienes se subieron al carro para azotar a un Gobierno que tiene tanta culpa como las cuentas de Rodrigo Rato: empleo precario más despidos gratuitos igual a pleno empleo. Así cualquiera. Y que la banca gane, eso siempre.

Pero nasti. Mis ilusiones al traste. Algún inepto se ha comido la eñe en la ofimática de los telefónicos, y estoy donde no debo, sin eximentes de enajenación mental transitoria o las que pudieran aplicarse al caso. Ya lo siento. Paciencia. Lo mismo el año que viene tenéis más suerte, y me encontráis a la primera de cambio: juro que el camuflaje es involuntario.


(foto: Flickr)