En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, nick Al-Duende, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

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Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20100210

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Penélope y Telémaco... por lo menos

Confidencialba, la Columna del Editor



Si no eres tú, lector –y me permites esta vez el tuteo–, tiene que ser tu pareja. Y si no tu padre. Y si no tu tía la que se fue a vivir a Cádiz. Pero a uno de los cuatro os toca, por ley estadística, haber estado la semana pasada pegadico a la pequeña pantalla formándose, abriendo la mente, recorriendo mundo, invirtiendo su tiempo en todos los verbos en gerundio que signifiquen adquirir cultura, educación, ideas críticas, dimensión global, pensamiento constructivo, acción ciudadana, compromiso vital y lucidez filosófica. Esto es. Pendientes de la nosecuántis reposición de ese paradigma de discernimiento e historia de la evolución titulado Gran Hermano.

No se preocupen. Al menos 18 de ustedes están disculpados de antemano –ya ven, ahora les trato de usted–. Porque estadísticamente están libres de semejante sindiós de decencia televisiva. Se lo digo porque los otros seis de la estadística, los correspondientse espectadores enganchados a la morfina de la bazofia de las vidas ajenas, ya me los topé yo. Comiendo. En un restaurante de esos tan modernos y tan nuevos en los que apenas tienes intimidad. Que uno podrá ser probe pero tiene sus euros para clavarse un menú de los de 300 duros. Y allí estaban. Espléndidos. Encorbatados ellos y de tacón ellas. Finos, jóvenes, aparentes y con hambre. Lobos de las finanzas. O de la administración, tanto me da, pero con la misma pinta de lobos que se gastan los antaño engominados señoritos de la madrileña zona de Azca.

La situación se veía venir. Antes o después. Tal nivel de civilización preclara hemos alcanzado en la perra España de los más de cuatro millones de parados –"nunca alcanzaremos esa cifra y nos quedaremos muy por debajo", dijo Corbacho hace menos de un año–, que el premio gordo estaba cantado. El refectorio en cuestión cuenta con dos pantallas de plasma de esas de rebajas del Mediamáster, o de la Cadenamarket, o de por ahí. Que hoy por hoy si no tienes semejante artilugio en un negocio no eres nada. Ni te comes un rosco.

Y se lo juro por mi santísima, en una emitían el Tal Cual Pascual me es Igual, de la cadena de Lara; y en la otra el Sálvame de los inoperantes, el programa de Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, que de no ser porque ya tienen papel asignado en esta vida, habrían encontrado acomodo, sin duda, en cualquier novela de Umberto Eco, de José Luis Sampedro o de Juan Marsé. Qué digo, en el mismo Quijote de Cervantes. Qué tontería: el Telémaco y la Penélope de Homero, como mínimo. De ahí para arriba, si se puede.

Ante tanto derroche de ingenio, era inevitable que alguna mesa hiciera alguna referencia a alguno de los nudos gordianos que se tratan en sus debates de altura: la jubilación a los 67 años, el despido libre, el incremento del periodo de cotización para el cálculo de las pensiones, el sobeteo y manoseo de la clase política con las cajas de Ahorro (Barreda CCM, Esperanza Caja Madrid), o el envío de 500 desgraciados de la soldadesca española a Afganistán, de los que –la estadística manda– se debería ir encargando ya los epitafios, flores y lápidas o féretros de medio centenar. Ea. Pues casi. Por muy poquito. Ya lo verán.

El programa de Mermelada y de "la mujer que se hizo famosa por tocarle la chorra a un torero" –impagable Ángel Martín, Sé lo que hicisteis, La Sexta–, se arranca con el resumen del reestreno de Gran Hermano. "Mira el Kiko, ya la lió otra vez ayer", dice una torda de los tacones. "¿Y ese quién es?, que no m'acuerdo", replica un encorbatado. "¿Pos si es que no te acuerdas, muchaaaacho? ¡El del primer Gran Hermano!", responde una segunda fulana. ¿No les decía yo? Intensidad, altura de miras, elevación del espíritu. Olé nuestros huevos, compadres.

Y en estas me acuerdo de la época en la que fui corresponsal de la Agencia Notimex. Cuando mi buen César Velázquez me agarró por banda y me dijo: "Oye, pues, pinche Piñeiro, tú que le echas ingenio, qué onda wey, por qué no hases las crónicas de estos pendejos del Gran Hermano, que los editores del de-efe no hasen más que pedirme la chingadera esta para los medios de allá; ya les digo que no mamen, pero ni modo, así que pues te lo ofresco, tú me dises". Qué bien lo pasé, recristo. Tirando de metáforas y relecturas del 1984 de George Orwell, novela distópica de la que sale esa figura del Gran Hermano, y que con que conociera la décima parte de la tropilla de reemplazo que se sienta ante su televisor para ver a estos héroes posmodernos, ya me daría con un canto en los dientes.

Por cierto. Dice la leyenda urbana de la literatura que Orwell –es decir, Eric Blair– escogió ese título al darle la vuelta a los dos últimos dígitos del año en que la terminó de escribir, 1948. También el año de máximo apogeo de la represión estalinista, que quedaba retratada en la neolengua, la reinvención del pasado, la arbitrariedad del gobierno, la policía del pensamiento y el omnipresente Gran Hermano. Es decir, el Estado. Quién le iba a decir al bueno de George que 60 años después el narcótico social no vendría en forma de represión, sino del reblandecimiento de las neuronas de todo bicho viviente. Sobre todo si es español. Y que encima le usurparían sus conceptos. Mira que somos.

Y luego, que si la crisis. Amos ya, cohone.

20100118

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Una cortina de humo

Confidencialba, la columna del editor


Resulta que mañana lunes –u hoy, o ayer, vaya usted a saber cuándo lee este texto–, el presidente de los empresarios de hostelería provincial, Juan Sánchez, sus homólogos castellano-manchegos, y su presidente regional, contarán en Toledo "toda la verdad" sobre la futura ley que prohibirá fumar en los bares. Y a mí como que me entra la risa floja. Una risita de esas entre histérica e indolente. No por el negocio de estos empresarios, que al parecer se va a ver seriamente afectado, y la divinidad me libre de desearles mal alguno; sino porque en el fondo todo este asunto me parece un brindis al sol de la hipocresía.

Aclaro en primer lugar que no soy objetivo en este análisis. Ni yo, ni nadie. Mi menda lerenda porque es fumetis, por tanto tan subjetivo y cargado de razones como los que no le dan al vicio, o lo dejaron por las razones que fueran. Tampoco pretendo convencer a nadie de las virtudes de fumar. Es más, en este Confidencial he autorizado algún artículo –Jorge Laborda, concejal de Sanidad y Consumo– contando las virtudes de la prohibición y lo malo malísimo que es el tabaco. Que lo es. Pero, se insiste en ello, todo este asunto no deja de ser una pantomima políticamente correcta. Incluso meapilas.

Primero, porque los hosteleros ya pueden ponerse más gallardos que la tropa reclutada para combatir junto a Villeneuve frente a los ingleses. Que va a ser que les va a dar igual. Con rebote o sin rebote van a tener ley. Más que nada porque el siglo XXI se estrenó en Europa con una sarta de leyes en las que con más o menos retraso, con más o menos matices, con más o menos revueltas, fumar es más perjudicial que "acariciar" a fulanos de piel morena en las cárceles de Abu Grahib o Guantánamo –nótese la finísima ironía con la que se traza que además, en esto, Europa no hace sino una copia vulgar y sonrojante de sus primos de gringolandia–. Así que, Sánchez y compañía: ajo y agua.

No sólo Europa. Es una fiebre global. Cada época tiene su dios particular. Los jacobinos tuvieron a la Diosa Razón, y los bienestarinos –así nos estudiará el futuro, fijo– tenemos a la Diosa Salud. Vean si no las parrillas matinales de televisión, las páginas centrales de los suplementos de fin de semana, los programas de radio más especializados, las páginas web y los foros de Internet más participados –casi siempre con datos a la ligera–, la obsesión por disfrazar el culto al cuerpo como incentivo saludable, la hiperinflación de productos dietéticos sin los que un supermercado hoy no se come un colín, los servicios de urgencias hospitalarios saturados por culpa de una población que a la mínima se pone nerviosa –servidor incluido–. Vamos, estamos como para una gripe A de las buenas, no de las de coña marinera como la última.

La Diosa salud está encima por incluso del dinero, bastante adelantada a las neosectas religiosas, y ni te cuento a qué distancia de una afectividad sincera, una ciudadanía comprometida –ay, la risa floja, que me vuelve–, una clase política honesta –me mondo lirondo–, o una banca transparente –para por favor que me dan agujetas de tanto reír–. Aunque tenga incoherencias de las buenas: Escocia prohíbe fumar en todos los lugares públicos y en los cerrados, salvo las cárceles por motivos "humanitarios". Buen humanitarismo ese que quiere salvar del cáncer de pulmón a todo el mundo menos a los presos. Luego que si la abuela, nunca mejor dicho, fuma.

Es el sino de nuestro tiempo. Y con él hay que apechugar, se dedique uno a la hostelería, al ladrillo, a juntar letras o a ser administrativo del Sescam, mira tú que apropiado por una vez. El problema es que, como toda moda, y a saber: primero, es pasajera; segundo, es más falsa que Judas; y tercero, obedece al lobby de turno, que cuando es contra el sistema al menos tiene su aquel de simpático. Pero cuando es oficialista, como el que nos ocupa, válgame lo ufano que se pone: si hubiera el mismo furor legalista para controlar las evasiones de capital a paraísos fiscales, el cumplimiento severo de la legislación laboral, la vigilancia sobre los metomentodo de la política o el amiguismo que asegura el ascenso en una bolsa de trabajo o en una oposición al cuerpo de bomberos –es un decir–, otro gallo cantaría.

Pero no. Fíjate por dónde que lo que aseguraría un mundo más justo, menos contaminado, menos egoísta, más comprometido y todas esas cosas que
figuran en el discurso de los mandatarios –como la juventud, el futuro y otros tripis que se meten los que alucinan en el poder–, no forma parte de las prioridades reales de los cacicuelos que afilan sus uñas y sus dientes cada vez que se baten el cobre en las urnas.

Porque además, si nos ponemos, nos ponemos. Pero con todo. Por ejemplo, cómo voy a negar, infeliz de mí, que un camarero o camarera tenga el derecho o la derecha de que no le contamine el humo o la huma de los demás. Faltaría plus. Pero por lo mismo, señores míos, tengo la convicción de que el monóxido de carbono de nuestros utilitarios de clase media engreída contaminan más o menos, y más más que menos, como el humo de nuestros diez minutos de felicidad. Esos diez minutos a los que cantó Calamaro –los de la SGAE que no lean esto, pardiez– aquello de "un beso, otro beso, y la pena se va con el humo".

Por lo mismo, tengo la más absoluta y completa seguridad de que las revistas del corazón, la pornografía rosa que inunda la televisión, la soez sociología de los grandes hermanos, el soplagaitismo artístico de los operatriunfos, la endeblez mental de los callejeros viajeros por el mundo de yupi de las casas de los ricos, el cansinismo agotador de los gobernantes con el culo prieto que quieren ver brotes verdes, después de que dos millones de españoles se hayan ido a la calle con una mano delante y otra detrás por todo taparrabos... En fin, esta sociedad en sus múltiples manifestaciones de bajeza moral y del todo vale mientras la fiesta siga, es en suma provocadora de muchas más muertes, enfermedades e infelicidad que un cigarrillo.

¿Qué hacemos, pues? ¿Prohibimos la circulación por carretera? ¿Prohibimos los espacios de cotilleo? ¿Prohibimos los sueños de celebridad de jovenzuelos a los que visten como chaperos o como meretrices porque tienen una voz de ruiseñor, o eso dicen? ¿Prohibimos la curiosidad de quién carajo se habrá comprado ese palacio? ¿Prohibimos la ilusión de salir de una vez por todas de esta maldición bíblica llamada crisis y que en realidad es corrección a lo bestia de un modelo de crecimiento inviable? ¿Prohibimos la pobreza, como cuentan que ha propuesto Zapatero para la presidencia de turno española de la Unión Europea? ¿Prohibimos, a secas?

Todo lo anterior, sin negar que para los no fumadores el humo ajeno es una jodienda. Todos los fumadores hemos sido en algún momento –al menos de niños– no fumadores. Y a todos se nos ha arrugado la nariz cuando nuestros padres o sus visitas se encendían un piti en nuestra presencia. Pero no se aprende mediante prohibiciones, sino educando. Los "esto es malo y no te recomiendo que tú lo hagas" que aprendimos las generaciones de los 60 y los 70 forman mucho más que ver a unos padres, unos abuelos, unos tíos o un simple desconocido, fumándose a hurtadillas, e hiperventilándose con las prisas, un truja cual delincuente. Todo adolescente quiere probar lo prohibido, lo perseguible, lo incorrecto. Podrá equivocarse, pero le resultará más tentador.

Y todo lo anterior, sea dicho también, sin negar conocimiento a don Jorge Laborda, con el que me une la mentalidad abierta, cosmopolita, hasta cierto punto soñadora, el protomotivo de impacto que no supimos perder de bebés, el motivo de impulsar el mundo a base de latidos de justicia social y, mientras los intereses de una de las partes no lo estropee, una franca camaradería. Que además es sana, aunque él no fume, y quien esto firma sí, y por ahora con delectación. Palabra que se parece de manera peligrosa a delito. Ojalá la enfermedad de la Diosa Salud no llegue a esos extremos.

20100108

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París vía quince

Publicado en Confidencialba


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Que me lo expliquen. Que me expliquen por qué los españolitos de a pie perdemos el culo por ser la octava potencia económica del mundo, y somos capaces de tragarnos resignados y repatingados que quienes prestan determinados servicios de interés público nos traten como a delincuentes. O, dicho de otra forma más cursi, que nuestros sistemas de gestión sean en pleno año 2010 tan exquisitamente ineficaces, tan elegantemente insultantes, tan descaradamente quinquis. Es decir, tercera y última comparación: tan rematadamente meritorios de ser calificados tercermundistas. Con perdón. Para los tercermundistas.

Verbigracia. Estación de Madrid-Chamartín. O de Chamartín-Madrid, no se me pierda nadie en menudencias. 31 de diciembre. Tren de Cercanías a Colmenar Cinco (así es como aparece en los carteles, Colmenar V, con V de Cinco, como Telecinco... tele que queda justamente en la carretera de Colmenar V). Hasta tres paneles indicativos: uno de pantallas retroiluminadas, uno de esas minibombillas tan actuales (años 70, pero ahora son el non va plus de la vanguardia), llamadas leds; y la cumbre de la tecnología y el toque retro, a base de paneles electromecánicos.

Quedan cinco, como Colmenar, como Telecinco, minutos para que el Cercanías penetre en el esplendor decadente de Chamartín. De los tres paneles informativos ni uno, rediezla, pero es que ni uno, da cuenta de tan prometedor acontecimiento. Para el resto de destinos funcionan con notable acierto, lo que introduce más inquietud. Pero como no es plan de sangrarse, al menos no en Nochevieja, conviene echarle paciencia a los trenes de doña Esperanza Aguirre, que cobran dos veces y media la tarifa máxima al cliente que ose violar la red de Cercanías sin título de transporte válido.

Faltan cuatro (de fusión con Telecinco), minutos para Colmenar V, y más de lo mismo. Mutismo en la pantalla, mutismo en los leds, mutismo en los paneles. Y también en los altavoces de la torda que graciosamente anuncia las llegadas y salidas por altavoces con eco retestinado de polvo acumulado desde el tardofranquismo. Tres minutos. Nasti. De plasti. Dos minutos. El cachondeo padre, si usted quiere, don Camilo, pero aquí nadie suelta ni prenda. Un minuto. La hora exacta. ¿Te han dicho a ti cuándo llega el de Colmenar V? Pues a mí tampoco.

Casi diez minutos después, la voz enlatada se arranca: Colmenar Cinco, vete perdiendo el culo para la línea Viejo. O viceversa, que cuando se va en plan rally por las escaleras mecánicas el orden de los factores no altera el infarto. Y pasa lo que tiene que suceder: con los higadillos propios ya en la recámara de la campanilla, las puertas del vagón escupen un “pardillo” en forma de pitido mientras se cierran impasibles, parsimoniosas, y más indiscutibles que los caciques que se gasta la política castellano-manchega.

Oficina de Atención al Viajero. Buenas, vengo a agradecerles los servicios prestados: no creo que quieren dar por saco al cliente en fin de año, así que supongo que hoy abonan taxis a cambio de los trenes que la incompetencia de su compañía nos hace perder. Como mucho, caballero, dice un uniformado que prefiere proteger su culo antes que reconocer las cagadas de quienes le pagan la nómina, ponga una reclamación, y en dos o tres meses le responderán. Si eso. Ya, vale, pero no, mire, dígame sólo si ahora tengo que coger un taxí o qué. Usted, responde imperturbable, sabrá lo que tiene que hacer.

Manda huevos. ¿Será Renfe de sus amores la que sabrá lo que copones de bullas tiene que hacer, para no marear al personal? Quince minutos más tarde, sin reclamación ni taxi, y con cierta atonía de esta perra España que nos toca vivir, la cosa pasa por esperar en la plataforma de todos los trenes que van a Colmenar por el culo te la. Y, los Marx (Groucho y Karl) no nos escuchen, la historia se repite: cinco minutos, cuatro, tres, dos, un minuto, y ni el niño jesús ni mahoma se dignan en anunciar la llegada del tren a Colmenar, hasta que no se ha adueñado ya del andén. Todo para ver, un minuto más tarde, a otros incautos que vienen casi rodando por las escaleras mecánicas, y que se quedan con la misma pinta de mecagüenrós mientras se les cierran las puertas en las napias.

Estación de ídem, 3 de enero. 18:30, ningún panel anuncia la salida del Alaris que diez minutos más tarde sale con destino Valencia. En esto que se ven a lo lejos incesantes destellos de flashes. Lo que faltaba: llega la superwoman de la nobleza, la duquesita de Alba (no de Alba-cete), y de los cien mil hijos de san Luis y de la madre que la parió (este título lo tiene sí o sí). El 90% de la estación, poseído por el espíritu del “yo nunca veo esos programas”, se abalanza a echarle una foto. La buena de la señora, que poca culpa tiene, baja por el ascensor de una plataforma que no anuncia tren ninguno. Dos minutos más tarde, con doña Cayetana ya bien acomodada en su trenhotel, ahora sí, a bombo y platillo, París vía 15.

Joderse tocan. El lameculeo, deporte nacional, permite a la más señora de todas las señoras saber de antemano por dónde carallo sale su parisien. Mientras 150 madrileños, albaceteños, valencianos y demás ralea de mala calaña esperan arremolinados a que alguien anuncie su Alaris de triste contribuyente de clase media empobrecida. Al fin, a un minuto del tema, los altavoces retestinados anuncian que el Talgo se retrasa. Y dos minutos después que la salida es inminente. Qué contraste. Y que será, la virgen maría y josé de arimatea, por la vía 2. Esto es, justo en el lado contrario de donde salen todos los medios y largos recorridos.

Y ahí nos ves, a la Mari y a mi menda, como borregos, esquivando a todo meter a viajeros que nada saben de estas prisas, comebabas de la prensa del corazón, asaltacunas de homosexualidades primerizas y de saldo en baños hediondos (anclados en las letrinas de la época de Calvo Sotelo, o por ahí), y toda la baja estofa que, salvo se llame Fritz James Stuart-Álvarez de Toledo y de las Dos Sicilias, abarrota las estaciones del ferrocarril de la que pretende coronarse octava potencia económica mundial. Que alguien me lo explique, porque no atino. Y me fastidia empezar el año sin saber qué camino voy pisando. Siquiera más o menos, incluso más menos que más.

Feliz y próspero 2010.

20091224

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Así sí, así no, y viceversa

Publicado en Confidencialba


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Durante la semana hemos asistido a dos ejercicios de oposición interesantes. Dos ejemplos de cómo someter a control la actividad del Gobierno local. Uno de ellos conecta con la gran masa ciudadana, con sus preocupaciones más inmediatas y básicas: el rifirrafe a propósito de las medidas de contención del temporal de nieve. El otro se sitúa en términos de bolsillo ciudadano, asunto que genera movimientos a largo plazo, y que allí donde se ha impuesto el juego de silencios cómplices y voluntades pagadas no tiene efecto inmediato: la sospecha sobre la transparencia en los contratos del Fondo Estatal, el del plan ZP.

Para un observador externo y acrítico, la comparencia del concejal Francisco Javier Díaz de Prado conecta con la calle: no sólo da salida los desaires de albaceteños y albaceteñas que se caen por culpa del hielo, se estampan contra una esquina por culpa de una calzada resbaladiza, llegan tarde al trabajo por culpa de los atascos monumentales... y, aprovechando qeu el Júcar pasa por Albacete, pueden añadir aquello de "y la alcaldesa en Copenhage, esa sí que vive a gusto".

Por el contrario, la de Juan Marcos Molina queda lejana. Al albaceteño medio no le ha preocupado, ni le preocupa en demasía, si los 29 millones de euros que le cayeron a Albacete están bien o mal gestionados. A fin de cuentas, piensa, se iban a gastar igual. Y la costumbre del bienestar social ha narcotizado hasta el extremo la realidad de que el dinero del Ayuntamiento es el del común de los ciudadanos; es como si lloviera del cielo, como si siempre hubiera estado ahí.

En definitiva, al albaceteño medio le importan más otra serie de valores bastante subjetivos e irracionales, pero institivos: si la calle cortada le supone dar más vueltas, si los ruidos de las obras le fastidian ahora que se ha quedado en paro, si Juanra el del bar de la esquina va a echar el cierre porque no le salen las cuentas, si van a volver a dejar todo en su sitio, o si donde antes podía aparcar ahora le van a poner zona azul y dos o tres vados de regalo. Y, por supuesto, a quién dejo los niños que se han quedado sin clase por culpa de "los inútiles" (lo dice el albaceteño, no este editor) del Ayuntamiento.

En definitiva, podría parecer que para qué invertir esfuerzos en denunciar supuestos precios inflados en los contratos de adjudicación, que además podrán ser negados con todas las artes de la ingeniería económica desde el Gobierno, pudiendo meter palos en las ruedas a base de cizañear con males clásicos de nuestro país. Por ejemplo, nuestra incapacidad manifiesta para gobernárnoslas con la nieve, circunstancia esta de la que se parten a carcajada limpia a partir de la ladera norte de los Pirineos.

Sin embargo, la gran diferencia entre los dos ejercicios de oposición política es que el de las nieves se alimenta de los fantasmas, la quejadumbre, la apatía social y el tan átono y tan patrio cansancio de vivir. Mientra que el de los dineros públicos se basa y se empeña en los datos contantes y sonantes, la suma y la diferencia, los porcentajes y la concreción. Es decir, el primero apela al vientre; y el segundo a la sesera. Y ambos cuentan a la hora de acudir a las urnas, pero por lo general las vísceras inferiores tienen poca memoria, y quién se va a acordar un buen mayo de 2011, florido y hermoso como todos los mayos, de los sufrimientos de las nieves de año y medio atrás.

El PP debe decidir con qué tipo de oposición se queda. Puede optar por la de relumbrón, algo zafia en el fondo y presurosa en las formas. O por la de la conciencia ciudadana, algo pesada, no siempre digerible, de un impacto menor en el día a día pero trascendental, sobre todo cuando se acumula, a la hora de votar. Para la primera depende de que las circunstancias (la crisis, el tiempo, los toros, equis), le acompañen. Para la segunda depende de sí mismo, y tiene todavía mucha madeja que cortar. Y, claro, no vale quedarse con la dos formas de hacer oposición. Para ser creíble hay que optar por una, y esa elección determinará también qué tipo de ciudadanía prefiere para su mandato, si gana las elecciones: llorica pero complaciente, o crítica pero constructiva.

20091217

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Sindicatos fuera de juego

Confidencialba. La columna del editor


Los sindicatos no pasan la reválida. Pueden patelear, berrear, resistirse a la evidencia o beberse unos tragos de soberbia institucional. Pero no pasan la reválida. Ni los medios más optimistas calculan más de 35.000 asistentes a la manifestación de Madrid, la "histórica" del 12-D. En su defensa se puede alegar que es la primera vez que se estiman cifras reales, pero ni así: en julio de 1997, los directores de las cabeceras más importantes se pusieron de acuerdo para cifrar en millón y medio los asistentes contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Fueron menos: unos 700.000. Pero fueron 700.000. 20 veces más.

Dicho de otra manera, la respuesta ciudadana a una crisis que deja 5 millones de parados reales vale 20 veces menos que la ofrecida ante el infortunio de un joven concejal de Ermua. ¿De quién es la culpa? Echársela al respetable, adocenado y manso, es lo fácil. Así que no. Cargar contra los sindicatos por vivir del cuento y de la teta pública es servir en bandeja y demasiado fácil la victoria al coro de plañideras ricachonas que reclaman el despido libre. Así que tampoco. Revisar el papel ejercido por las dos centrales mayoritarias en los últimos 15 años sí es, en cambio, una opción nada descabellada para entender la desafección de los asalariados.

Esos 15 años no son una medida temporal gratuita. Es el tiempo transcurrido desde la salida de la crisis de 1993 y el inicio del periodo más largo de ficción económica que ha conocido España. De crecimiento anclado en la mejora de la productividad vía reducción salarial efectiva, precarización del empleo, depreciación del valor innovación, puesta en circulación masiva de beneficios futuros y contexto internacional favorable. Así, disculpen los señores ministros y ministras de Economía que acaudalan populares y socialistas en este tiempo, lo difícil es pegársela. No tiene mérito. Se siente. Haber elegido la India, o Brasil, donde poner las cifras en verde sí es para sacar pecho.

En ese tiempo, los sindicatos no se han desmarcado en una sola ocasión de la doctrina oficial. Discutieron al Gobierno Aznar su "decretazo" para las prestaciones por desempleo, pero no el modelo de crecimiento español. Igual que discuten ahora a Zapatero su tentación de ceder a los chantajes –no son otra cosa– de la CEOE, pero no ponen en solfa su descuidada labor de previsión, por acción u omisión, desde que en 2004 recibió en sus manos una bomba de relojería llamada burbuja. Más le habría valido no haber seguido exprimiendo la gallina, porque no era la de los huevos de oro, sino la del porvenir turuleto.

Tiempo tuvieron, pero echaron órdago a la grande y ahora descubren que no tenían cerdos (reyes en el argot del mus), ni eran mano, ni habían trucado las cartas. Y que les salió rana. Las pocas voces críticas han padecido en estos 15 años un descrédito constante, incluso histérico, irracional, abrazados como estábamos a la fe de la fiesta nunca acaba. Este mismo editor publicó en agosto de 2007 un reportaje en un medio local –decirles cuál sería muy como "de pueblo"–, advirtiendo de que todos los indicadores apuntaban una recesión inimiganible. "Catastrofista", le llamaron. Pues toma dos tazas. Y mientras, los legítimos representantes de los trabajadores seguían jugando a otras tazas, la del té de las cinco, los bombones moncherí y el peloteo y adulación de la náusea partidista, sin la que en este país no hay billetes, ni palmaditas, ni Cristo que lo fundó.

Por si fuera poco, la única salida digna que le queda al Gobierno socialista es la retirada. El regreso a su Palacio de Vistalegre de Carabanchel, y con mucha suerte quizá el electorado optaría por un mandatario honesto antes que por los proyectos –¿alguien los conoce, los reales?– del gallego que regenta el PP. Pero si quiere ser honesto, debe convocar elecciones. En marzo de 2004 se creció sobre la jugada maestra de Rubalcaba: "los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta". Justo el pecado electoral que tres años después puso en marcha la maquinaria diabólica de la conservación del poder. Desde abril de 2007.

Las citas proceden del usuario PJCyM, del foro de Cotizalia, la sección económica de El Confidencial. Son sólo recortes de prensa. Abril de 2007, Pedro Solbes: "Yo no veo afectado para nada el sector de la construcción. Específicamente , sigue funcionando igual, con una ligera desaceleración que permite ajustarse a una realidad que lógicamente va a exigir una demanda ligeramente inferior". Agosto de 2007, Solbes: "Los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto relativamente pequeño en la economía española". Septiembre de 2007, Zapatero: "Haciendo uso de un símil futbolístico, se podría decir que España ha entrado en la Champions League de la economía mundial".

Hay más. Muchas más. Octubre de 2007: "No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos". Diciembre de 2007, Solbes: "La economía española crecerá a velocidad de crucero durante los dos próximos años, en los que avanzará en torno a un 3%". Enero de 2008, Zapatero: "La crisis es una falacia, puro catastrofismo. Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit". Febrero de 2008, Solbes: "Los que auguran el riesgo de recesión no saben nada de economía. Estoy harto y agotado por la cantidad de tonterías que oigo últimamente sobre el mundo económico". Al fin, Joaquín Almunia, comisario de Economía y futuro de Competencia de la UE, hoy mismo: "Vamos a vivir con tasas de paro y deuda muy elevadas durante años".

Efectivamente, ningún español se merece ningún dirigente, ya sea progre, carca, barbudo o barbilampiño que, una de dos: conozca una gravísima situación y la oculte; o la desconozca, y sea incapaz de advertir el peligro. Por incompetencia o por falsedad manifiesta, pero en todo caso por coherencia, se debe situar el contador de la gobernabilidad a cero. Cuanto más tarden los sindicatos en ponerse en su sitio y advertir a su grey de que, al margen de la propaganda oficialista de los brotes verdes, lo peor puede estar por venir, más alejados se verán de aquellos a quienes dicen representar. El respetable puede no tener ni idea de economía aplicada, pero sí entiende de disfraces. Y está harto de camuflajes. Por eso no deja pasar ni una reválida. Tomen nota también en el Partido Popular. Y, por si las moscas, nunca se sabe, en Izquierda Unida.

Reacciones a la manifestación (y afines) en la prensa (y afines también)

La Verdad de Albacete Responsabilidad sindical
El País Exposición sindical
El Mundo ¿Manifestación o excursión de fin de semana?
Expansión Errónea proclama de los sindicatos
Marc Vidal - Cotizalia Un lustro a la basura
El País Entrevista a Fernández Toxo y Cándido Méndez: "No podemos arriesgarnos a otro fracaso del diálogo social"
El País Entrevista a Joaquín Almunia: "Vamos a vivir con tasas de paro y deuda muy elevadas durante años"
El Confidencial
Anatomía de un asesinato (económico)
José Barea - Cinco Días Déficit en pensiones y sanidad
Diego Armario - Diariocrítico Contra los aprovechados

20091211

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Reforma laboral: trampas del lenguaje

La columna del editor de Confidencialba


Vamos a plantearnos una pregunta ficción para tratar de salir del actual estado de la cuestión en la creación de empleo: ¿y si resulta que sindicatos y patronal, patronal y sindicatos, tanto manda, manda tanto, estuviesen de acuerdo en lo sustancial y sus disputas no fueran más que justas medievales a propósito de lo accesible, de lo prescindible, de los debates de segundo plano? Si se les pregunta, las dos partes estarán de acuerdo: con lo que hay, no sirve. Hay que cambiar. Lo que les diferencia es el cómo, y quizá sólo de cara a la galería.

La necesidad de acometer una reforma no viene dada por apuntarse a una moda, sino por la propia experiencia de la economía española. A saber: a cada batacazo serio, crisis del petróleo o recesión mundial de principios de los 90, a España le ha tocado reorganizar su mercado laboral; pero, estadísticas aparte, como explicó en su Tribuna del pasado viernes en El País José A. Herce, en los siete años siguientes a la salida de la última crisis (92-93), el mercado laboral español se infló a razón de 60.000 trabajadores al trimestre. Un ritmo que, de seguir hoy, nos llevaría unos 10 años para situar la tasa de desempleo para tener “sólo” dos millones de parados. Ergo lo que conocemos, por más que no lo queramos ver, no nos sirve. Hay que reformular la creación de empleo.

Los sindicatos, el Gobierno y las fuerzas progresistas en general hablan de reformar la estructura de la economía, para dejar en el pasado la sobredimensión del ladrillo y situarnos a la vanguardia en cuanto a gestión del conocimiento, motor de la economía del presente siglo. Así lo hace ver el director de estudios de política económica de Hudson Institute, Irwin Seltzer, en su crónica para el Wall Street Journal. Por su parte, la patronal y las tendencias de perfil neoliberal (en lo económico) consideran que es imprescindible acometer cuanto antes, mañana mismo si puede ser, una reforma laboral que, entre otras "virtudes", flexibilice el mercado laboral. Y he aquí la madre del cordero.

¿Flexibilización significa abaratamiento del despido? En círculos oficiales no es así: lo niega el presidente del PP, Mariano Rajoy; lo niega el presidente de la patronal, Gerardo Díaz-Ferrán; y el presidente de los empresarios albaceteños, Artemio Pérez, también lo ha negado cada vez que ha tenido la ocasión. Sin embargo, la sensación es bien otra: en su Tribuna en El País, Herce explica que “siendo de los más elevados entre los países desarrollados, los costes de despido a los que se enfrentan las empresas españolas deben reducirse en su conjunto”. Stelzer, en Wall Street Journal, remata no sin alguna imprecisión: "si posteriormente les despide, les tendrá que pagar el equivalente a entre 30 y 45 días de su salario por cada año trabajado".

Por tanto, ante el “mar de fondo” es normal que sindicatos y Gobierno desconfíen de las recetas que les proporcionan populares y patronal. Además, en la solución "milagrosa" del abaratamiento, se oculta de manera sistemática (y de ahí la imprecisión de Stelzer), la siguiente realidad: esos despidos tienen efectivamente ese coste si, y sólo si, y sólo cuando, se trata de despidos improcedentes. Es decir, despidos porque-me-da-la-gana, porque no me gusta tu cara, tu voz, tu trasero o tus maneras; motivos, quizá, para que el empleador acuda de mala gana a sus obligaciones diarias, pero no para echar a alguien a la calle. Al menos, no legalmente.

El despido es “gratis total” cuando se dan circunstancias muy bien tipificadas y clarificadas en el Estatuto de los Trabajadores. Y es de 20 días por año trabajado cuando concurren “causas objetivas”, es decir, motivos económicos o de organización. La queja de muchos pequeños y medianos empresarios es que, a la hora de la verdad, es muy difícil desprenderse de un mal trabajador invocando falta de celo o de profesionalidad en su tarea. Se reconoce. Reconózcase también que muchos gestores echan mano de la ingeniería contable para camuflar despidos improcedentes en el paquete de las “causas objetivas”. Prueba de ello es que estos despidos se negocian después en tribunales, en la mayor parte de los casos al alza. Por algo será.

Así pues, cabe la sospecha de que se pretende abaratar el despido para fijar un tope superior en la conciliación o en el juzgado, que permita camuflar despidos improcedentes como despidos objetivos, sin una gran diferencia de costes para el empresario. Y eso es, simple y llanamente, un chantaje. Para conjurar esa sospecha, la negociación pendiente, la tan nombrada reforma laboral, no ha de pararse pues en la cuantía del despido, sino en un nuevo pacto de convivencia: qué herramientas jurídicas tendrá el empresario para deshacerse de los empleados que no cumplan con su deber, sin que le sea más barato y ágil pagarle 45 días que demostrar su ineficacia ante los tribunales.

En cuanto a la flexibilización real del mercado laboral, se puede hablar de “transfuguismo” en los términos, pues las propuestas más vanguardistas hablan de lo contrario: se trata de flexibilizar las condiciones de trabajo, con opciones a la alemana (horario reducido, salario reducido compensado con prestaciones parciales de desempleo), pero no de dispersar aún más las modalidades de contrato. Antes bien, se habla de comprimirlas en unas pocas, incluso en una sola, también con un único modelo de indemnización por despido. Es decir, hacerlo más rígido.

Esa es una de las propuestas estrella del documento de los 100 economistas del que se hizo eco hace unas semanas, también en El País, el presidente del Centro para la Investigación de la Política Económica (CEPR, por sus siglas en inglés), Guillermo de la Dehesa. De ahí que algunos análisis planteen una reforma laboral imaginativa y que, al final, la única propuesta viable sea la del concepto “flexiguridad”, que desde los think tanks del Gobierno están tratando de impregnar entre los principales agentes económicos y sociales.