En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, nick Al-Duende, publicados en cualquier soporte, con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse... y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

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Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor. Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

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ContraTitulares Primera experiencia blogger. Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google. La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20090709

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Pleitesía a la ineficacia

Publicado en Confidencialba el 8 de julio de 2009


Comisaría provincial de Albacete, Cuerpo Nacional de Policía. Media mañana. O algo más tarde. En todo caso, sol, calor. Julio. Y la estepa manchega no ayuda a aplacar la justicia de Lorenzo. En la puerta el curioso crisol de ciudadanos que hay a la entrada de cualquier comisaría de España: entre pintoresco y decadente, como la calle Montera de Madrid y la clientela media de un supermercado de barrio, todo bien agitado en coctelera y servido sin pedir perdón. Pepe Pérez está citado a las 12.58 para renovar su Documento Nacional de Identidad. Y sin confesar.

Pepe Pérez es español. Lo cual le pesa cada día más. No llega al grado de Sánchez Dragó, que no se ve español, ni expañol, ni antiespañol; pero le pesa. Una lástima, piensa, con lo divertido que es el país. Pero que cainitas somos, jodíos de nosotros, añade. Pasa como Pedro por su casa a la comisaría, y si no se detiene él a preguntar, nadie le dice nada. Adelante, adelante. Ya, ¿pero qué hago?, se inquieta. Ahí, ahí, en la puerta están los nombres y el número que les corresponde. Ah, vale.

Pepe Pérez, como buen ciudadano que cree ser, ha llegado antes de la hora. Unos quince minutos. Su hora y su nombre dicen que es el 59. Echa un vistazo, y van por el 38. Carape, se dice, tendrán que ir rápido. Ni siquiera se da la opción de temerse lo peor, el típico retraso administrativo sine die. Eso era antes, se convence, antes de estos tiempos digitales, no hay más que ver las dos pantallas planas tan cucas ellas que han puesto por mesa. Nada. A sentarse que enseguida llaman. Y se sienta.

Han pasado diez minutos y están estancados en los números 40, 41 y 42. Vaya, algún problemilla habrá surgido. Pepe Pérez, que tiene el feo vicio de fumar, tiene la ocurrencia de matar el tiempo consumiendo(se entre) humo. Pero se aplaca, no vaya a ser que la cosa se acelere. De haberlo sabido, se habría traído un libro. Porque tiene otro feo vicio que, como el tabaco, cada vez se estila menos: la lectura. Así que mata el tiempo de la mejor forma que se le ocurre: silborroteando alguna melodía inventada, y estirando las piernas con esos pasos medidos, calculados y hasta contados que todo mortal pronuncia cuando no sabe muy bien a cuento de qué está dándose un paseo.

El tiempo de cortesía se ha agotado. Pasan diez minutos de la una y están en el 45. A fumar. Fuera, se las ingenia para controlar el turno. Cuando reingresa, no han pasado del 48. Algún SMS, mirar otra vez las caras que siguen y las que han llegado. Un ciudadano monta un pollo porque unos que van sin cita son atendidos… Lo dicho: Montera más supermercado de barrio. Pasan unos cuantos números sin ciudadano, lo que acelera el asunto. Pero hace tiempo que el reloj dejó atrás la una y media.

Al fin. 59. Vamos allá. Pepe Pérez, que además de correcto y resignado está al día en lo digital, tiene cuentas en varias redes sociales, edita un par de blogs y tiene casi más conocidos sin rostro que rostros conocidos, ha leído las indicaciones en la página web del Ministerio del Interior. Ahí dice que DNI antiguo y fotografía 26x32 milímetros. Y Pepe Pérez, con esas manitas que dios le ha dado, se ha fotografiado y se ha impreso a sí mismo en su casa en papel de a 200 gramos el metro cuadrado. Lo tiene controlado. O eso cree.

“DNI antiguo, fotografía y 10 euros”, le sueltan tras los buenos días. Vaya, el tercer elemento no consta en la web de Interior. Pero todo sea por el trámite, de suerte está que el día anterior cambió un billete de 50 con el menú de mediodía. Las fotos son estas. A ver, dice la mujer que le atiende… Ay no, pero estas no valen, mira, tienen que ser de este tamaño. Pepe Pérez calcula el tamaño que le indican y alucina en más colores que ofrece la Nikon con la que se autorretrató. Pero si eso no es 26x32, apunta, eso es mucho más. Pues si quieres, fuera hay un fotógrafo… O te pido vez para las 8.30 de la semana que viene. Que, dentro de lo malo, no es lo peor: con la cita a primera hora se asegura uno no tener que esperar casi 60 minutos desde que llega a comisaría.

Lo pactan, y la mujer le indica por triplicado –cosas de la función pública, fijo¬–, que es un favor personal. Fíjate bien en la puerta, agrega, que indica cómo han de ser las fotografías. A la puerta va, y allí un cartel desmiente a la web de Interior por un milímetro… pero también a la señora que le atendió: 25x32 milímetros. Las fotos que acaba de ver como buenas son mayores, eso es seguro. Y por si fuera poco, el cartel de la puerta aporta un matiz: la cara debe tener entre 20 y 25 milímetros de largo. Vale, pero ya puestos y por si acaso, decide preguntar al fotógrafo, que encuentra a la entrada del supermercado con pinta de “ya ves, echando la mañana”. ¿25x32, entonces? No, hombre, no, 25x35, creo. Hala. Sin dar crédito, Pepe Pérez pregunta "y a cómo", que así se pregunta en los mercados –y en Montera–. A seis euros las cuatro, le responde el menda.

Pepe Pérez da las gracias y se marcha. Como no sabe para qué carajo le hacen falta cuatro fotos no ha pagado seis euros. Y se va cuesta abajo pensando en que no tiene fotos, ni sabe si acertará con las que traiga la semana que viene, ni le han explicado por qué hay que pagar 10 euros ni, por supuesto, sale con el DNI renovado. Y que en este país entre todos matamos a la seriedad y ella sola se muere asco. Extasiada. Anonadada. Y que, con todo y eso, está de enhorabuena, porque sin comerlo ni beberlo resulta que encima le han hecho un favor personal.

Después de lo visto, poco ha de importar que la web de Interior no dé la información precisa. O que una cita a una hora tan concreta como las 12.58 sea, a la hora de la verdad, dúctil y maleable. Porque el dolor de ser español se compensa con una España divertida, caótica, estrafalaria, ruidosa, y con un favor personal. O con dos. Y encima el paro ha bajado, dicen el INEM y el FEIL. Es el non plus ultra de la buena suerte. Pues hasta la semana que viene, y que dios reparta suerte.

20090701

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El gendarme de color

Extracto de un artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en 2002, y recogido en su recopilación No me cogeréis vivo.


Esta semana también va la cosa de moros y negros de color. Porque estoy sentado en el café parisién que es uno de mis apostaderos gabachos favoritos, cuando observo algo que me recuerda lo que tecleaba el otro día: un gendarme franchute, negro azul marino, multa al conductor de una furgoneta. Y el multado, untito rubio, y con bigote que parece un repartidor del Seur del Pueblo de Astérix, asiente contrito. Y hay que ver, me digo. Tanto que se habla en España de integración racial. Estamos a años luz, o sea, lejos de cojones. Porque integración es exactamente esto: que un guardia negro ponga una multa, y que el conductor baje las orejas. Y aquí paz y después gloria.

Me imagino la escena en España. Y me parto. Ese guardia municipal negro que dice ahí no puede aparcar, caballero, o no se orine haciendo zigzag en la acera, o haga el favor de no pegarle a su señora en mitad de la calle. Y la reacción del interpelado. ¿A mí me va a decir un negrata de mierda dónde puedo aparcar o mear o darle de hostias a mi señora? Venga ya, hombre. Vete a la selva, chaval. A multar en un árbol a la mona Chita. O metidos en carretera, en la nacional IV por ejemplo, ese guardia civil que se quita el casco y aparece la cara de un moro del Rif diciéndole al conductor oiga usté, acaba de pisar la continua. Documentación, por favor. No veas la reacción del fulano del volante, y más si lleva una copa de más y va a gusto. ¿A mí? ¿Pedirme un moro cabrón los papeles a mí? ¿Y que encima sople? Anda y que le soplen el prepucio los camellos de su tierra. No te jode el Mojamé, de verde y en moto. Etcétera.

Y sin embargo, ahí está la cuestión. En España, donde la demagogia y el cantamañanismo confunden integración con política y beneficencia, la cosa no estará a punto de caramelo hasta que uno suba a un taxi y el taxista sea de origen peruano, y el guardia tenga un abuelo nacido en guinea, y el médico de urgencias provenga de Larache, y lo veamos como lo más normal del mundo, y por su parte todos esos taxistas, guardias, médicos, funcionarios o lo que sean, dejen de considerar a España un lugar donde ordeñar la vaca mientras están de paso, y la sientan como propia: un lugar donde vivir echando raíces, del mismo modo que otros se establecieron en Gran Bretaña o Francia, y al cabo de una o dos generaciones son tan británicos y franceses como el que más.

(…) Cuando miembros de sus ex colonias o inmigrantes diversos quisieron mudar de condición, a ellas viajaron y en ellas se reconocieron; o en su mayor parte procuraron adoptarlas, para ser también adoptados por ellas. Ese sentimiento de pertenencia, a veces hecho de lazos muy sutiles, se fomenta todavía con una política exterior brillante y con una política cultural inteligente que nadie allí cuestiona en lo básico. A quien acojo y educo, me ama. Quien me ama, me conoce, me disfruta y me enriquece.

Y al cabo ésas son las claves: educación y cultura como vías para la integración. Pero mal pueden educar ni integrar gobernantes analfabetos, oposición irresponsable, oportunistas animales de bellota sin sentido solidario ni memoria histórica. A diferencia de Gran Breaña o Francia, el inmigrante no encuentra en España sino confusión, amnesia, ignorancia, insolidaridad, cainismo. A ver cómo va a integrarse nadie en cinco mil reinos de taifas que se niegan y putean unos a otros. Aquí todo depende de dónde caigas, cómo respire el alcalde de cada pueblo y si la oenegé local está a favor o en contra. Y para eso los inmigrantes ya tienen su propia cultura, a veces vieja y sólida. Así que nos miran y se descojonan. Que primero se integren los españoles, o lo que sean estos gilipollas, dicen. Que se aclaren, y luego ya veremos. Mientras tanto conservan el velo, exigen mezquitas, salones de baile angoleños, restaurantes ecuatorianos con derecho de admisión, y pasan de mandar niños a la escuela. A falta de una patria generosa y coherente que los adopte, reconstruyen la suya. Se quedan al margen, dispuestos a no mezclarse en esta mierda. Y hacen bien.

20090611

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Shakespeare o Luis Miguel

Publicado en Confidencialba el lunes 8 de junio


Son las diez menos cinco de la noche del domingo 7 de junio. En la sede socialista en Albacete, en la calle Pedro Coca, se agita algún banderín. El Salón de Actos de la planta baja no registra ni la mitad del lleno. "A unas europeas vendrá poca gente", había asegurado a mediodía un ideólogo del partido. Bueno, contando con lo que hay, abstención, crisis, desencanto... Contando con todo eso, no está del todo mal. Faltan cinco minutos, cuatro ya, para que la televisión escupa los resultados de las elecciones. Pero en la pantalla sólo se ve Cuatro. Se ve, pero no se oye. Y emite Callejeros. A ver si vamos a ser los últimos en enterarnos. Que tendría delito si hemos ganado.

30, 29, 30, 32. La improvisada porra arroja cifras entre la ilusión agazapada de las miradas septuagenarias, y las cantidades esbozadas al tuntún. "¿Cuántos se eligen, caballero?". Así está el patio. Ni siquiera todos los que militan, y por tanto votan, saben del todo qué es lo que se vota. Pero sí a quién votan. Y quién quieren que gane. "Socialista, siempre, sí señor, a la derecha nunca. ¿Cuánto es la mitad? ¿Veinticinco? Pues pon dos más". El abuelo, así llamado con total cariño, erguido, orgulloso, desafiante, no escucha a razones. Más de la mitad no creo que sean, le dicen al lado. "Si no se sueña no se consigue". Salvatore Roncone, el protagonista de La Sonrisa Etrusca, estaría orgulloso. "Estos son de los míos, partisanos, calabreses, amantes del vino, el queso y las mujeres", habría dejado escrito José Luis Sampedro.

22, 23, 20, alguno incluso 18. Los tecnócratas, así llamados también con total cariño, gente de la base pero que quien más quien menos tiene su negocio hecho con, para, en o desde el partido, saben que el hueso es duro de roer. No se arredran pero, cabizbajos, sólo admiten una sorpresa como argumento para salir airosos del lance electoral. Son la generación intermedia entre los jóvenes de 70 años y los carcas de 20 en que se ha convertido la generación con mayor formación académica de la historia de España. Al menos, los de 20 aquí presentes no se adocenan. Bastante tienen, como sus colegas de Nuevas Generaciones, o los de las Juventudes Comunistas, con ser parte de la política activa y en directo. En primera línea. Jugándose el tipo, y a veces jugando con fuego. Quemándose incluso.

'Soft punk' y Frente Popular
El secretario local de los cachorros de la rosa y el puño, llamados también y dicho sea por tercera vez, y cuantas veces sea necesario, con todo el cariño del que es capaz la tinta digital, Manuel, se afana en agitar el banderín socialista. Ha sido el primero en hacerlo, y al final de la noche será el último en batirse en retirada. Mientras tanto permanece en duelo con el destino. Se ve David contra el Goliat de los cuatro millones de parados, pero a fin de cuentas en la pasada campaña el PSOE ha hecho de la necesidad virtud: agitó en la coctelera la estética soft punk, el agitprop del Frente Popular, la desvergüenza de Ernesto Guevara y una exhibición de poder a razón de 11 mítines diarios en la provincia.

Y lo que le salió no ha estado del todo mal. Tres puntos y medio, con el vendaval presente, es victoria pírrica del PP. Claro que su rival le ayudó: hacía tiempo que no se recordaba una campaña tan low profile (bajo perfil) de los de Génova-Muelle. Los de mediana edad lo saben y dan palmas con las orejas. Se han liado a hablar del Falcon, del aborto y se han quedado en garzones con algunos asuntos, y mientras El País abría tres días seguidos con las señoritas de compañía de Berlusconi, no vaya a ser que algún Pedro Jota o similar se dé cuenta de las pifias.

Los de 20, aun formados, aun críticos, aun participativos, sólo intuyen la campaña de bajo perfil. Pero eso, así, sin estudio científico, les da más fuerza: trabajadores vs. especuladores, reza el slogan clave del PSOE-2009. Tienen tiempo de crecer y decidir si se les caen, como cantaba Javier Krahe, la O y la S de las siglas. Incluso, depende de Obama y de sus sucesores, hasta la E: "¿Es socialista? ¿Es obrero? ¿O es español solamente? Pues tampoco cien por cien, si americano también. Gringo ser muy absorbente. Cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú, por Manitú. Hombre blanco hablar con lengua de serpiente".

"Venga, lo que cuenta"
Basta de cantautores. Son las diez y algún genio de la te-de-té ha conseguido sintocinar la primera y darle volumen. Datos de participación. Algún comentario susurrante. Expectación. Conexión con la vicepresidenta y el ministro del Interior. Rubalcaba da ocho pasos hasta el atril. De la Vega da dos más: son más cortos y su puesto queda un poco más lejos. Desde que aparecen en escena transcurren 17 segundos hasta que se escucha un sonido reconocible: el ministro desdobla un folio con resultados. 11 segundos más en total silencio. María Teresa rompe el hielo: "¿Empezamos? ¿Sí? Buenas noches".

Jornada tranquila, agradecimientos a la ciudadanía y a los agentes de la seguridad, otra vez datos de participación. "Venga, venga, lo que cuenta", grita un militante a 250 kilómetros de distancia. Es decir, en Pedro Coca. Murmullos. "Silencio, ssshhh". Dos minutos. Y nada aún. Tres. Ahora, ahora sí. Parece que ya. "Uff, qué seriedad", observa un espectador. "Es ella, es así", repone otro. Ahora: Partido Popular, 5.802.890 votos, porcentaje del 42,03, 23 escaños; Partido Socialista Obrero Español, 5.336.994 votos, porcentaje del 38,66 y 21 escaños. El recuento sigue, pero entre socialistas y populares no hay nada más allá del bipartidismo. En algún sitio sonarán botellas de cava (o de champagne, por si queda catalanofobia) descorchadas. Aquí lo único que se bebe es la decepción. Y lo peor está por llegar.

"Te voy a decir una cosa, y pon mi nombre si quieres", dice un periodista que ha trabajado en varias administraciones, Subdelegación, Ayuntamiento y ahora Sescam y Bienestar Social, "medio millón de votos no es nada, no han ganado". No está aplicando ningún bálsamo, ni a sí mismo ni a nadie. El retroceso medio de los partidos socialistas europeos se estima de tal calibre, que sortear una crisis de caballo con sólo 3,5 puntos porcentuales de voto por debajo del vencedor es pecata minuta. Cierto, pero es un allegro ma non troppo. Lo peor, se insiste, está al caer.

Dos y dos son cuatro
Llega al lugar de autos la alcaldesa. Se diría que Carmen Oliver está algo descompuesta. Sonríe y se muestra atenta, que es cosa que además de aprendida es seguro que lleva en la genética. Pero va con prisas, con la mirada algo desencajada. Quizá sea el cansancio de la campaña. Quizá el de la jornada. Quizá el de algún recuento en alguna mesa. En la del periodista mencionado, la victoria del PP ha sido apabullante: 8 a 1. Aparece en acción un concejal socialista de la capital. Violento, no, pero sí contrariado; enojado antes que abatido, más bloqueado que distante. "20 puntos, hemos perdido por 20 puntos". En la ciudad, claro. Doce mil votos menos, que con dígitos impacta más: 12.000. Dice el edil que en su mesa la proporción también ha sido brutal: 7 a 1. Se ha salvado Fátima, parece ser, y algún que otro barrio.

Es cosa de ciencia: dos y dos son cuatro, pero cuando alguien se empeña en ver tres, la desautorización de la realidad humilla más que la propia realidad. De la calle Muelle llegan noticias: los del PP se van a celebrarlo a La Posada Real. En Pedro Coca las celebraciones tienen otro cariz: "voy para casa", "¿te acompaño?", "bueno, pues a seguir", "a esperar unos añitos". Nadie pregunta por Europa: el centro-derecha se hincha hasta las dos terceras partes del Parlamento.

Populares, socialcristianos, democrata-cristianos, liberales y conservadores (menuda amalgama), van a tener cinco años para sacar sus propuestas adelante, aunque no cuenten con la complicidad de las izquierdas moderadas, como en la pasada legislatura. El PSOE tiene cinco años para decidir si sus tambores anticapitalistas de los últimos 15 días han sido de Shakespeare o de Luis Miguel. Esto es, el sueño de una noche de verano, o "toda una vida me estaría contigo". En España, cuando la guerra, la de Irak, a punto estuvieron de lo segundo.

20090603

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El socialismo que fue

Publicado en Confidencialba, el martes 2 de junio


Y quizá ya no será. Hay un lugar en Albacete en el que se respira la magia de la transfusión entre la meseta y las pinceladas de los primeros valles con aroma de sal mediterránea; un lugar en el que la historia de las mansiones que acogían a los patricios camino de Zaragoza o de Valencia se torna vanguardia de carril bici, el más extenso de Europa; un lugar en el que los sudores de millares de manos esforzadas, no sumisas, laboriosas, no resignadas, dio lugar a una generación de titulaciones superiores. Un lugar que huele a campo y a política, y donde, por eso mismo, el fue y el será no siempre están unidos por una línea coherente. Ese lugar se llama Valdeganga.

Por eso algunas cosas que iban a ser no fueron. Y no serán. Por ejemplo, el mitin que dieron el pasado lunes dos de las joyas de la corona del socialismo albaceteño, que reivindican su presente, con o sin el permiso de algún capo, y el futuro de todos, con o sin el aplauso del respetable. Seis toros, seis, para el ex presidente de las Cortes y ex secretario general del PSOE albaceteño, Fernando López Carrasco; y para el ex alcalde de Alcaraz y ex presidente de la Diputación provincial, Juan Francisco Fernández Jiménez, que nos interesa aquí, sobre todo, por ser también ex director de la Oficina de la Junta de Comunidades en Bruselas.

El Aniversario que no fue
Primer botón de muestra de cosas que pudieron ser y nunca serán: un cartel de lleno en la Casa de la Cultura de Valdeganga. Los rejoneadores de la tarde quizá lo merecieran, pero un exceso de confianza o un defecto de timidez limitaron la promoción de la corrida a una vuelta de 20 minutos en un coche con micrófonos. Y que vivan los años 80, ¿cierto?, que son ya historia y bien enterrados queden. A partir de ahí, varias son las pinceladas del mitin que pudieron ser otra cosa y, quizá, nunca lo serán. Queda al juicio del lector, y en todo caso a beneficio de la duda, si las palabras que allí fueron (de ir) también lo fueron (de ser), y si por ventura alguna vez serán.

Segundo botón de muestra. Fue tanto el ímpetu europeísta que puso en su intervención Fernández Jiménez, JFFJ en lo sucesivo y para los amigos, que cambió de significado un 30º Aniversario: lo es, sí, de los primeros ayuntamientos democráticos; y no, como se obcecó el orador, de las primeras elecciones europeas. Ése fue su arranque. Su primera verónica. A partir de ahí, si su mitin se hubiera producido ante una plaza de toros, y no ante una cincuentena de simpatizantes, habría cosechado galones para pasar a la historia. Todos los elementos jugaban en su contra y, de forma extraña, en coalición para salir por la puerta grande. Empiezan las cornadas.

Segundo pase torero. JFFJ reivindica el orgullo de propagar la fe socialista a partir de pequeños escenarios como el del lunes. Y remacha: “Somos los terminales inteligentes del partido”. A continuación, el metal del pie de micro y el del atril hacen “base” y los efectos especiales sacados de la peor pesadilla industrial inundan la modesta Casa de la Cultura. Más de un corazón sensible estuvo, en ese momento, más cerca de ser “terminal” que de ser “inteligente”. O de acabar “partido” que militando en el partido. Pudo ser una máxima de campaña. Pero la tecnología lo impidió, y ya nunca lo será.

¿Qué se perdió de 1978?
Más. El ex presidente de la Diputación rescató algunos episodios cruciales de la historia de España para enfundarse en defensor de la importancia del sufragio activo. Uno de ellos, el 6 de diciembre de 1978, fecha del refrendo popular a la Constitución española. Su observación, si se diera por cierta, nada tiene de objetable: “la fuerza del voto en el 78 empezó a pararle los pies a los nostálgicos”. Sea. Pero apúntese que también resulta nostálgico mirar al 78 —han pasado casi 31 años—, y que aquel espíritu hoy perdido puede estar en el origen de que la importancia del voto, que pudo ser, quizá ya nunca será. ¿Qué se perdió de la Constitución a esta parte? Una oportuna reflexión evitaría recordatorios innecesarios en una democracia, como es la de la importancia de votar.

Otra. Europa como “necesidad” y como “decisión inteligente”, surgida para poner fin a la barbarie de los 50 millones de muertos invertidos por el poder en el control de las minas de hierro y carbón entre Francia y Alemania. “Jean Monet y Robert Schumann —nota del cronista: busquen en Wikipedia si es preciso—, determinaron que aquello no podía ser, que se podían explotar las minas en común, y en paz”. Las hemerotecas, que tienen esa capacidad —aunque han perdido la costumbre— de ser Pepitos Grillo, recuerdan que en 1995 los dirigentes europeos consintieron el bombardeo sobre Serbia, aun sin mandato de la ONU. Es pues, tanto “necesidad” como “decisión inteligente” de su ciudadanía que, rotos los principios filosóficos que dieron nacimiento a la UE, se replantee su participación en la elección de unas instituciones que pudieron ser, pero que quizá ya nunca serán.

El Botín de Emilio y el frac de Vlad
Una de las ovaciones más sonadas se la llevó en el lance de los jóvenes del pueblo, ya no tan jóvenes. Esos “35 ciudadanos universitarios del máximo nivel”, que le dieron pie para hablar del “relevo generacional” y recordar que “han podido serlo gracias al sacrificio de sus padres y de sus abuelos”. Emotivamente es irreprochable. Económicamente habría sido pertinente recordar la entrada de las Empresas de Trabajo Temporal, el crecimiento urbanístico desordenado iniciado en 1996 y consentido por propios y extraños, así como la apertura de la veda de los nombramientos y las golden share al frente de corporaciones públicas privatizadas.

Vaya. Que no se puede vestir a la vez la gorra del Che, el Botín de Emilio y el frac del conde Vlad —se insiste en las bondades de la Wikipedia para quien pierda comba—. El capitalismo salvaje pudo ser y ya nunca será, General Motors dixit, aunque es una lástima que haya habido que esperar hasta el siglo XXI para volver a leer a Rosa Luxemburgo. Nos habríamos evitado bochornos de stock options y quién sabe si casi 4 millones de parados. De qué valores se haya insuflado en el espíritu de esos 35 ciudadanos universitarios dependerá, en buena parte, la gestión que hagan de la presente crisis y de su más que previsible salida. El debate no es recuperación sí o recuperación no, sino recuperación cómo.

JFFJ lo sabe bien. Porque se inflama al denunciar que se ha incrementado el egoísmo, y que se ha primado el “llegar primero” por encima de “llegar a la vez y a tiempo”, que es lo bueno y es lo justo. “No se puede adorar al mercado, ¡ya esta bien del vellocino de oro! ¿Pero es que estamos en la época de Moisés o qué?”, estalló el ex bruselense de adopción. Y en su cólera anticapitalista fusionó en uno el mito helénico con el “becerro de oro” que los israelitas fundieron en ausencia de su rey, que estaba de charleta con el dios Yahvé para plasmar en diez mandamientos las leyes. ¿Cuántos de ellos no vendrían hoy a cuento? No robarás, no levantarás falso testimonio, no codiciarás los bienes ajenos… ¿Se pagan los socialistas de 2009 una ronda por los pecadillos que puedan ser confesados, cometidos en épocas de vacas gordas? Y que, así, lo que fue, nunca vuelva a ser.

Un mal pacto, un buen pleito
Pudo ser, y ojalá nunca sea, la directiva para establecer una jornada laboral de 65 horas semanales. Presume el socialista, y con razón, de que fue un colega del Parlamento Europeo, Alejandro Cercas, quien dio el alto al desparrame laboral que algún marciano pretendía institucionalizar. Vale. Bien. Pero las leyes no van para la primera ni para la segunda vez que son holgazanas respecto a la realidad. Esta corre más, y la política ha de ser a pie de calle más que en despacho de leguleyo. ¿Cuántas empresas “amigas” no hay que practican, si no 65, sí 60, 55 o 50 horas semanales como hábito? De haber empezado por ahí, ciertas directivas que quisieron ser quizá ya nunca habrían sido. La clase política goza del poder coercitivo suficiente. Hay miles de ciudadanos esperando su uso, antes de que les repitan, a cinco minutos del estrado en el caso por "despido objetivo", aquello de que “mejor un mal pacto que un buen pleito”.

En total, el de Alcaraz echó 50 minutos, con su estilo irónico y ácido, en los que se pudo oír desde referencias como “Durao Borroso”, con o, hasta atribuciones de intenciones al PP: “¿Quién mató a Manolete? La dirección del Partido Popular diría que José Luis Rodríguez Zapatero”. Un asiduo de los mítines socialistas y de este Confidencial asegura que a JFFJ se le puede puntuar con un seis, y al otro maestro de la tarde, Fernando López Carrasco, con un siete. Este último fue un mitin de casi tres cuartos de hora. Y sí, esta segunda crónica también pudo haber sido. Pero ya nunca será. Eso es lo que ocurre por elegir un lugar como Valdeganga.

20090527

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Blog al ralentí

Hace un mes que no paso por el blog. Simplemente esta nota para explicar que el proyecto beta Confidencialba, y su refuerzo en Twitter, me están ocupando todo el tiempo. Saludos.

20090508

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Presumiendo de gónadas

Publicado por Rafael Retuerta en Confidencialba


Recuerden los cientos de visionados cinematográficos en los que aparecen graciosos y ocurrentes gringos, afroamericanos los más, formando tropas en los Marines y canturreando. Pongan la tonadilla, e intenten cantar en inglés: “Hitler has only got one ball / Göring has two but very small / Himmler has something sim'lar / But poor old Goebbels has no balls at all”. La estrofa es real, de allá cuando el desembarco de Normandía. Habla de cuatro jinetes del apocalipsis nazi. Y de sus gónadas. De ellos, sólo nos interesa este último, Goebbels. Por maestro de cuanto acontece en Castilla-La Mancha.

Al ministro de la propaganda de la Alemania más ignominiosa de la Historia se le atribuyen citas tan maquiavélicas, con permiso de don Nicolás, como las siguientes: “una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”, “más vale una mentira que no pueda ser desmentida que una verdad inverosímil” o “miente, miente, miente que algo quedará, mientras más grande sea una mentira más gente la creerá”. ¿Por qué nos mienten nuestros políticos? Los nuestros de verdad, los de esta tierra. ¿Qué extraños, poderosos, ocultos motivos les llevan a ello? Con la debida distancia, pues no se les puede achacar ideología extrema ni deseos genocidas, ¿por qué se empeñan en apellidarse Goebbels en lugar de, es un decir, Barreda o Cospedal?

Porque es matemáticamente cierto que uno de los dos (sino los dos), con sus correspondientes asesores, correveidiles, altos cargos, mandos medios y medio mandos (no son lo mismo), nos mienten. Lo hacen como la sequía de Panchito Pantanos alias Franco, con pertinacia. Y como el que fue sonado despido de Julia Otero en la radio, con agostidad y alevosía, dijo ella; con aeronáutica y terrenos, decimos en Castilla-La Mancha. Cuando a un lado se afirma sin tapujos que no hay pelotazo en el entorno del Aeropuerto de Ciudad Real, y cuando desde el otro lado se insiste en que sí lo hay, incluso con menos tapujos, no hay escapatoria: de las dos versiones, una es mentira.

Resuélvelo, Lewis Carrol, resuélvelo si puedes. Los dos guradianes dicen que ellos siempre dicen la verdad, y que el otro es el que miente. Así las cosas, es taxativamente imposible que los dos estén en lo cierto. Es una mentira del tipo embarazo: no se puede estar un poquito o un mucho preñada, se está o no se está. No cabe el justiprecio, el término medio, la virtud aristotélica. Aquí Parménides gana la batalla a Heráclito: A es A y jamás podrá ser B.

Ayer mismo el director general de CR Aeropuertos, Escolástico González, anunciaba su deseo de mantener un encuentro con los administradores del Banco de España y con los nuevos directivos de Caja Castilla-La Mancha. Quizá peca por exceso en el deseo y en el reconocimiento a los nuevos hombres fuertes de CCM, pues es de todos sabido (¿o no lo es, con transparencia, luz y taquígrafos?), que todos los ex consejeros insisten en que esa boca es suya. Que quieren volver a comer de ella.

Dice González que su decisión es a raíz de las informaciones “falsas” hablando de pelotazos. Que eso hace mucho daño a los futuros clientes, proveedores e inversores. Que debido a la prensa hay “inseguridad jurídica”. Pues no. Imagínese lo contrario, sostener que debido a los jueces hay “silencios informativos”. Lo informativo es lo informativo y lo jurídico lo jurídico, señor mío, al menos mientras nos creamos que vivimos en un Estado de Derecho. Si no nos lo creemos, a otra cosa, pero sin máscaras.

La queja de Escolástico no tendría pega si no fuera porque, precisamente, hablando de lo periodístico y lo leguleyo, la Constitución consagra límites precisos a la libertad de información. Uno de ellos, mira por dónde, es que no transmita falsedades. Ergo, si tan falsas son y tanto daño hacen, su obligación democrática es denunciar al medio. Pero en los tribunales, no ante los micrófonos de otra prensa, esta más al sur, más habituada a sobrevivir que a vivir de su oficio.

Coincidencias de la vida, el director general contó con la compañía del portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en las Cortes, Santiago Moreno. —Hombre, cómo tú por aquí. —Ya ves, vengo a hablar de lo mío. —Ah, pues mira, ya si eso voy contigo que tengo un ratillo. Extraña que un partido de gobierno demande la necesidad de una inversión privada como el aeropuerto para relanzar la economía regional, y que tamaño proyecto necesite además el respaldo, o cuanto menos el calor, de una de sus figuras más destacadas. Valorado en el intento de primeras nupcias con los árabes en 4.000 millones de euros, lo suyo es que los mandamases del aeropuerto se valieran ellos solos para salir de apuros y añagazas informativas. Pero se ve que no. Stupefacente, ma vero.

A la cuestión en liza introduce matices de preocupación un hecho, contrastable y mesurable. De las mentiras de unos, si lo fueran, nos enteramos por la prensa “extranjera”; esas cabeceras sediciosas que se editan en Madrid o en Barcelona, y que obedecen siempre a las consignas de una tal María Dolores; no importa si una de esas cabeceras tiene su sede en Miguel Yuste y ha sido considerada tradicional portavoz de los intereses del puño y la rosa. Fíate, que con la crisis cualquiera se cambia de chaqueta.

En cambio, de las mentiras de los otros, si las hubiere, contamos con resúmenes, dossieres, informes, ruedas de prensa sin preguntas y entrevistas de perfil bajo en nuestro querido papel, en nuestras queridas ondas, en nuestras queridas pantallas. Válgame el Altísimo, coincide que muchos de sus propietarios y editores son empresarios de indubitada fama y reconocido prestigio, ligados aunque sin culpabilidad probada a esas presuntas corruptelas (apenas 3.000 millones de euros, dicen en el “extranjero”), que hablan de cajas intervenidas, aeropuertos sin productividad y otros sinsabores que al ciudadano de a pie, en definitiva, sería mejor que le importaran un rábano. ¿Acaso preocuparse le va a ayudar a llevar a los críos al colegio, soportar al ingrato de su jefe, quitarse esos kilillos de más y dejar el feo vicio de fumar? Pues eso. Usted a lo suyo. Y con Dios.

Pues perdón por la insistencia: o el periodismo con firma madrileña y barcelonesa tiene algo en contra de sus compañeros de gremio entre Seseña y Hellín, entre la Alcarria y Puertollano; o una de las dos prensas miente. O, por decirlo de un modo más afinado y refinado, no cuenta toda la verdad… o toda la mentira. Una de las dos versiones, en todo caso y por imperativo categórico no negociable, es falsa.

Hay que agradecer a aquellos mozalbetes negros o rubios, aguerridos y algo prepotentes, que liberaran a Europa del oprobio nazi. Y que se insuflaran valor cantando aquellas rimas sobre los atributos masculinos del Káiser y sus hienas. Pero se equivocaban. Quien más miente no es quien menos pelotas tiene. Para lo que aquí acontece, hacen falta un par de ellas bien puestas; ya sea hombre o mujer, diputado o diputada, empresario o empresaria, quien esté presumiendo de ellas.