En tres retazos

Al mismo que me condena Articulos de Alfonso Piñeiro, publicados en cualquier soporte,
con memoria o sin fortuna, que llegaron o que no quisieron quedarse...
y algún experimento de periodista que busca su espacio en la red

Facebook / Twitter

Confidencialba Mi actual proyecto profesional, del que soy editor.
Sus principios son independencia, crítica, certeza e información.

También en Twitter y en el desaparecido Soitu.es

ContraTitulares Primera experiencia blogger.
Única referencia durante mucho tiempo con ese término en Google.
La aventura terminó cuando dejé Madrid por Albacete... pero cualquier día regresará

Adios, Madrid

20101005

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amqmc ha muerto, viva amqmc

Me he mudado. Si algún navegante llega hasta esta humilde morada digital, sirvan estas líneas para advertirse de que mis pasos se pueden seguir ahora en www.alfonsopineiro.es.

Están tod@s invitados a esta mi nueva casa. Toda suya, también.
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20100728

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El decálogo de Café y Twitts

Con motivo de la publicación del libro Líneas desde el páramo y la celebración del III Café y Twitts el administrador de este blog y autor de dicha obra propone a los participantes en el evento un experimento. A partir del artículo Manual de supervivencia, que se encuentra recogido en el libro y que se reproduce a continuación, se pide a los asistentes al III Café y Twitts que de cara a la próxima cita, en septiembre salvo impedimentos de última hora, escriban su propio decálogo acerca de la ciudad que en alguna ocasión les acogió, o aquella en la que nacieron.


Con el conjunto de textos se confeccionará un libro colaborativo que se publicará en la plataforma digital o editorial que se estime oportuna, y bajo un título que habrá de decidirse durante este III Café y Twitts.


Manual de supervivencia fue escrito durante la etapa albaceteña del administrador de Al mismo que me condena, durante la cual ejerció como periodista en diversos medios y fue editor de su propio proyecto web, la primera etapa de Confidencialba.


Mi muy querido amigo: enterado quedo de tu próxima visita a las llanuras manchegas, y sorprendido doblemente. Primero, porque unir como elección Albacete y mes de agosto es una unidad de destino más friki que la que proponía Falange “en lo universal”. Segundo, porque por mucho bombo y platillo que le hayamos dado al súper-híper-mega futuro Centro de Recepción de Visitantes, cual Faro de La Moncloa retro-chic, me parece demasiado pronto para que sus efectos pudieran justificar tu viaje. Sea como fuere, hete aquí que me veo obligado a transmitirte mis escasos conocimientos para sobrevivir al estío –que no hastío– albaceteño. Si ves que tal, toma nota.

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Estampita doble y sin timo

Con motivo de la celebración del III Café y Twitts


Ustedes me disculpen, periodista
es quien les habla, y esclavo de tal
condición, versifica más bien mal,
recita peor, y es un optimista

con experiencia, esto es, pesimista
con pinceladas de humor desigual.
Por eso, con ribetes de actual,
se les presenta hoy este sonetista.

Para decir que si fueran ustedes
toros, jamás prohibiría la fiesta
de quienes son maestros de las redes;

que si fueran de compra una propuesta,
sus acciones vistieran mis paredes
pues soy Vivo con tanta gente honesta.

Que si fueran wikileaks militares,
protegería su sabia amistad;
si iPhone fueran de la movilidad,
hasta su antena iría a mis altares.

Si fueran mis guardametas sin pares,
Carbonero sería con lealtad;
si glorias del balompié sin fealdad,
yo afición que les sigue a todos lares.

Que si fueran una Campus Partís,
ojalá fuese quien esto recita
juego digital, siquiera el parchís.

Doble y sin timo es esta estampita
pues es doble placer el CafeyTwitts:
uno, ustedes; dos, esta terracita.

20100716

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Con estas marcas no hay quien haga negocio

La última vez que recibí un meme corría el año 2006 y administraba entonces el blog ContraTitulares, hoy en estado latente, aunque algunas voces me piden de forma insistente que regreso a él. En 2010 he recibido dos vía Twitter. Uno lo tengo aparcado. Al segundo, que recibo de Iván Fánego, no puedo negarme. Se trata de citar mis tres marcas favoritas.

Me produce una pereza terrible citar tres marcas de las que sea fan. Directamente, no consumo marcas. Y si lo hago, es por un motivo tan concreto, como un perfume recomendado, que elevarlo a la categoría de marca que idolatro me parece indigno, no tanto por mí como por la propia marca, pues seguro es que cuenta con fans de mayor categoría y adicción. Así que me propongo no tanto hablar de marcas comerciales, como sí de marcas vitales: tres espacios de mi vida sin los cuales no sería lo que soy.

20100622

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Pasear con la dueña de CaféyTwitts

Cafés, conversaciones, música de fondo, comentarios jocosos, algunos cigarrillos humeantes (más bien escasos)… Aparentemente, nada que se salga de una reunión social en una cafetería tipo, en el glorioso año de los prometidos brotes verdes. Pero algo hace que esta cita sea distinta. Para empezar, casi todo el mundo tiene en su mano, o lo más cerca posible, uno de esos aparatos antes llamados teléfonos móviles y hoy conocidos como smartphones. Y además, buena parte de los asistentes no se conocen entre ellos. Mejor dicho, no se han visto hasta la fecha. Es el CaféyTwitts.

Quien ha sacado alguna vez a pasear a un perro por un parque de una gran ciudad, lo sabe: lo normal es cruzarse con otros perros, que también salen a pasear con sus respectivos dueños. Y entre ellos lo normal es mencionarse como “el dueño de” o “la dueña de”. En la red de microblogging Twitter sucede algo similar. Conocer a alguien por su nombre es lo menos frecuente. Quizá por su foto de perfil, si ésta reproduce con cierta fidelidad el aspecto físico de su “dueño”. Así que todo el mundo se pregunta por el nick, es decir, su identidad digital.

20100618

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Mi primo y cinco millones de lumis

Publicado en Confidencialba. Columna del editor

Esta crisis no es como otras: yo siempre he tenido faena, y nunca hasta ahora había estado con la máquina parada seis meses. La confidencia la suelta mi primo en lo que nos echamos el café de desatascar en la cita de todas las mañanas. El café con el que se enjuga esta crisis que tiene a cinco millones de desengañados buscándose las cosquillas sociales, a ver si le quedan ganas de reír por algo más que por la histeria del hundimiento de su propio Titanic. Y lo de me primo, al que no conocía hasta hoy, pero me tiene tan cara de noblote y saludable que es difícil no fiarle el pan y los cafés, me parece de traca. Veintidós años removiendo tierras, con su mono, sus empleados cuando los necesitó pagados en tiempo y forma, sus clientes de toda la vida y su Paco, o su Luis, o quien le tocara en suertes en la oficina del pueblo renovándole confianza y crédito… y ahí me lo tienen, al hombre, apretando los dientes y el culo hasta que vengan vientos mejores, si es que han de soplar.

No me canso de decir a mis amigos, e incluso a mis enemigos, que no se fíen, salvo que sea para fiarse entre ellos. Mejor dicho: que no se confíen. Que si le pegan un repaso a algunos amantes de la economía ficción, todo lo agoreros que se quiera pero que vienen acertando una sí y otra también desde mediados de 2007, o antes, lo mismo se les corta la digestión. Agoreros o demiurgos como Marc Vidal que insisten en que lo peor está por venir, que de aquí a seis meses el ambiente va a ser irrespirable, y que el recorte de derechos, prestaciones, salarios y días de indemnización por despido va a pegarle veinte vueltas y media a la moto que ahora nos están vendiendo. Pesimistas, les llaman algunos. Y ellos, los futurólogos, lo niegan: su vida consiste en emprender, y en ponerle al mal tiempo buena cara. Como hace mi primo, exactamente, desde hace 22 añazos, con su mono, sus empleados, sus clientes y su Paco, o su Luis, etcétera.

20100521

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Váyase usted también ahí, ahí mismo, a la P.M.

Recibo en el e-mail esta carta de un funcionario en un foro, y no puedo hacer otra cosa que tratar de redifundirla.

Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.

20100512

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Mi lobezno y el euro helénico

Publicado en Confidencialba como Columna del Editor

A veces me sorprende hasta qué punto el personal puede llegar a confundir las churras con las merinas. Porque además de eso va: de ovejas. Y de los que se las comen en plan salvaje, con las fauces sangrientas, aullidos estentóreos, instinto asesino y demás vituperios y vilipendios que le caen a los pobres animales a los que me refiero.

Es decir, a los lobos. Porque andan ahora echándoles a los pobres, a los “lobos” especuladores, la culpa de todos los meneos que se está pegando la bolsa, acumulando festines de ganancias en unas pocas manos, pérdidas descomunales en unas muchas, y que se invita a rondas de chupitos broteverdianos a cuenta de saber que los intereses griego, portugués, español y ya veremos si italiano e irlandés, le van a pagar las copas, el baile, las putas y el desayuno a los matones gabacho y teutón.

20100506

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Con libros y con teorías, mejor que con sangre

Visión personal de la presentación del libro colaborativo "Open Government", coordinado por César Calderón y Sebastián Lorenzo. Miércoles, 5 de mayo de 2010, 19.30, Fundación Ortega y Gasset (c/ Fortuny, 53).


Clic en la imagen derecha: acceso al PDF de una revista imaginaria: Net-tec@. Diseño y maquetación del autor del texto.

Conozco a César Calderón desde los tiempos inmemoriales de mi primer blog, ContraTitulares. Una bitácora dormida desde hace más de tres años pero que me permitió entrar en contacto con alguien que, de aquellas, pergeñaba una red digital de perfil progresista. Con el tiempo ha devenido en un espacio de referencia indiscutible a la izquierda de la red: Lasideas.es. César, o Netoratón, nunca ha ocultado su militancia ideológica. Y bien que hace: quien evangeliza sobre la transparencia debe dar ejemplo, si quiere resultar creíble.

A Ortiz de Zárate, aunque él no lo recordará, también lo conozco de mi aún reciente etapa albaceteña –no lo recordará en parte por eso, porque La Mancha nace y muere en La Mancha–. La llamada “capital del llano” presume, con o sin razón, de estar a la vanguardia en la participación ciudadana. Y el teléfono y las fuentes me llevaron a donde debían llevarme: a la lehendakaritza, al Gobierno vasco. Esto es, al lugar donde se están dando pasos en la dirección que sí o sí marca la agenda política de futuro: el Gobierno Abierto, la puesta de los documentos públicos al servicio y al alcance de la ciudadanía. Poner a la clase dirigente en continua fase beta. A prueba. Experimentando. Obligándola a implicarse más allá de la cita electoral cada cuatro años.

Hasta ayer, con motivo de la presentación del libro colaborativo que nos ocupa, no tuve el placer de “desvirtualizarlos”, como se dice en el siempre guerrillero lenguaje de Internet. Ponerlos en tres dimensiones. Saber que se les puede tocar, y que no son intocables. Quizá esta última idea sea la que más y mejor nos acerque a esa idea del Gobierno Abierto.

Los gobiernos, sean del tipo que sean, las instituciones en general, deben abandonar el aire de superioridad que históricamente les ha acompañado. Y se dice bien deben. Calderón, Zárate y sus contertulios Rafael Ceballos y Jesús Sánchez Lambás coinciden en una idea: ahora que la ciudadanía puede acceder a todo tipo de información de manera casi instantánea, mediante el uso de las nuevas tecnologías, una institución que corte el acceso genera desconfianza. O apatía. O, peor aún, desafección. Si se da por válido que la desafección es el germen sobre el que un autoritarismo puede crecerse, cualquier político con convicciones democráticas debe saber que la salvación del concepto “democracia”, con tintes de izquierda o de derecha, debe esforzarse por desactivar ese veneno llamado desafección.

Ese es el camino por andar. Y estos son sólo los primeros pasos. Al otro lado de varios charcos, como Estados Unidos o Australia, los dirigentes se han puesto las pilas. Han incentivado el compromiso de los empleados públicos; han tratado a sus administrados no como rebaño, sino como usuarios autónomos, adultos y con criterio.

Podrá concebirse esta aventura como utopía irrealizable. De igual modo reaccionaron las monarquías absolutas ante el auge de las ideas liberales. Y la burguesía ante el advenimiento del movimiento obrero. Es hora de dar un paso más. Y con libros y teorías, mejor que con sangre.

20100504

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Stainway de las finanzas y sindicatos embarrancados

El desempleo descendió en abril en 24.000 personas. Hay quien se alegra y todo

Volvemos a las tasas de paro de antes de la crisis, sonríen ufanos desde nuestras portavocías oficiales. ¡Claro, de toda la vida de Dios! 24.000 parados menos, sobre más de 4.100.000 según las cifras oficiales, son indicio claro, exacto, potente e indiscutible no ya de aparición de los brotes verdes, sino de reactivación de la economía en su conjunto, forja de la recuperación, despedida del bache para otros diez años de festín, y tira millas que a la próxima racha de crecimiento no hay quien le ponga freno.

O quizá va a ser que no. Quizá va a ser que en esta España cainita de reinos de taifas por doquier todavía cuesta mucho desprenderse de las joyas de la corona que son las cajas de ahorro. Porque esos Stainway de las finanzas, no nos olvidemos, han alentado todo tipo de aventurerismos inmobiliarios, de irresponsabilidades industriales y de favores políticos a precio de saldo, a cambio de que nadie se mueva de la foto y cierren filas, todos a una, en torno a la figura del gran Mesías que dirige las riendas políticas de cada patria chica.

Va a ser que en esta España de espantapájaros industriales, la patronal de las marsanes quebradas permite a los sindicatos embarrarse ellos solitos en el discurso de los días de despido por año trabajado, en lugar reclamar oportunidades reales de negocio para los cuatro millones de proyectos quebrados de este país. Atención: el 40 por ciento de los nuevos negocios se ponen en marcha desde el desempleo. Ahora bien, ¿cuántos aguantan el tirón del primer año de vida? ¿Cómo hacerlo cuando el autónomo se ve obligado a declarar por aquello que factura pero cobra a 180 días... si es que cobra? Y la patronal, que es lo suyo, encantada: la peña con el trasero prieto por si pierde comba, se queda sin curro y se va a pasar frío en la calle. Que lo hace. Claro que lo hace. ¿Productividad? Claro, con pólvora del rey.

Pero para la España oficial, tanto la de quienes la dirigen –perros con collar rojo hoy, azul mañana–, lo importante es que las cifras del paro den un respiro: un 0,5% menos de parados que en el mes anterior. Quieras que no, supone todo un mes de alivio para preparar más menús de propaganda, y perpetrarlos cuando corresponda: en la próxima intervención del Banco de España, en el siguiente batacazo del Ibex 35, o cuando se trate de explicar por qué las cifras de la EPA no coinciden con las del SPEE. Qué país. Es para sentarlos a todos en el banquillo. El de los acusados, no; el de los reservas. Aunque por menos le buscan las cosquillas a un juez.

20100426

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Corresponsal en la calle Velázquez

Publicado en Confidencialba como Columna del editor el 25 de abril

La crónica imposible del III Café&Periodismo, en 1.612 palabras


(Más información: Twitter @cafeperiodismo, organizado por Bárbara Yuste, @byuste, y Millán Berzosa @mberzosa)

Dos horas para contrastar. Misma ciudad, Madrid; misma fecha: sábado 24 de abril de 2010. La calle acoge dos citas: una para defender a un juez al que le quieren buscar las cosquillas de la prevaricación, y otra, enfrente, en esta España cainita y sin cura de guerracivilismo, convocada por quienes buscan dichas cosquillas. A escasos metros, en un pequeño local en el 39 de la calle Velázquez, se celebra la III edición del Café y Periodismo.

En la calle están las pancartas, las consignas, los coros, las disputas, el agitprop, las banderas, los "y tú más", los derechos secuestrados y los privilegios añorados. El siglo XX. O el XIX. En el reducido espacio del Loft 39, que así se llama el local, conviven teléfonos móviles de tarifa plana Internet (smartphones), profesionales de todo pelaje y edad variada, estudiantes, curritos, parados, funcionarios, veteranos juntaletras, la primera agencia de noticias digital bajo demanda (Ágora News), el debate, la reflexión, las dudas, la reinvención de un oficio. El siglo XXI.

El siglo XX, o el XIX, reúne a miles de personas. El XXI no llega al centenar... más otros cuantos miles que desde sus casas, sus oficinas o sus smartphones, en la misma ciudad o a cientos de kilómetros de distancia, siguen la emisión en directo. Y además la comentan, la ponen del revés, la discuten, la incentivan. Todo a través de esa red de microblogging llamada Twitter. Al poco de comenzar la sesión, el organizador del evento, Millán Berzosa (@mberzosa), da la buena nueva. La etiqueta o hashtag #cafeperiodismo es "trending topic" número uno en el cibermundo en español. Muy por delante de Garzón. O #garzon. Es decir, en el espacio del futuro, el siglo XXI se lleva la partida.

Ojo. En esa penitencia lleva también su pecado. El III Café&Periodismo provoca a Internet porque está, sobre todo, en Internet. Porque se discute el futuro comercial de una profesión de capa caída, porque de ella participan quienes se mueven o se interesan en la misma. Tiene un algo de endogámico. Como corresponde al mundillo, también aquí se deja notar el toque narcisista: quienes bucean en Twitter, siguen la señal en directo o asisten en vivo al evento creen estar, en su mayoría, liderando un proceso de revolución. Por si acaso tienen razón, sírvase aquí la crónica imposible de un evento de dos horas a ritmo de 140 caracteres por pensamiento. El que pauta, precisamente, la dictablanda de la red de microblogging.

Los protagonistas de la jornada son Ramón Lobo (@ramonlobo), corresponsal por medio mundo hoy en las filas de El País; y Mathieu de Taillac (@blogal), corresponsal del francés Le Figaro en España y, contradicciones de la vida, uno de los primeros resultados de la búsqueda por "periodista madrid" en el imperio Google, acotada la búsqueda al sitio Twitter.com. Si no se lo creen, hagan la prueba en este enlace. El tema del que se trata, con estas credenciales, es el que resulta fácil adivinar: corresponsales.

Taillac se arranca con sinceridad. El corresponsal escribe para su país. Tiene que contextualizarlo todo. Hable las veces que hable de ETA, por poner un ejemplo, debe recordar que acumula 800 muertes en la grupa de su historia criminal. Olvidarse de lo que leerían las audiencias en el país que le acoge. Este sería el tweet de su reflexión.

@blogal Hay que tener cierto cuidado porque se puede padecer síndrome de Estocolmo y escribir para el público español que no es el que me va a leer


ETA, decíamos. Papeleta histórica la de los corresponsales franceses. ¿Grupo separatista, grupo armado, banda terrorista? "Cuando dices que han matado a 800 personas, la gente no es tonta. O decir que usan métodos violentos para fines políticos... Eso se acerca bastante a la definición de terrorismo; pero se ha usado tanto, y tan mal, no aquí, pero sí en otros lugares, que ha perdido valor", afirma Taillac.

@blogal Aquí está muy claro que ETA es "grupo terrorista", pero luego el mismo periódico habla de Hamás, paramilitares, FARC; es un adjetivo fuerte


Ramón Lobo, que ha probado la medicina de haber viajado, antídoto para cientos de diagnósticos de estrechez mental, remacha el comentario. Y el tweet.

@ramonlobo Estoy en contra de los adjetivos, y hay sitios conflictivos: si Hamás es terrorista, ¿qué es un ataque israelí con niños y civiles muertos?


Como no cree en los adjetivos, tampoco cree que exista un "periodismo de investigación". "Todo periodismo debe ser investigación", afirma; y lamenta la poca tradición de esa máxima en España, excepción hecha de notables salvedades. Y añade una confidencia: todas las grandes investigaciones (¿a alguien le suena el caso Watergate?) son "algo que te cuentan". La labor del periodista, corresponsal o local, blanco o negro, hombre o mujer, guapo o feo, es contrastar. Que lo dicho sea cierto. Y verificable. Y hoy en día, ya que estamos, twitteable.

@ramonlobo No creo en el periodista ciudadano; ni el mecánico ciudadano o en el bombero ciudadano. La relación periodista-lectores siempre ha existido


Es decir, y "sin talibanismos", que los inventos del "yo periodista" tienen un marcado carácter economicista: si los editores se ahorran el trabajo del profesional de los medios, la jugada les sale redonda. Entiéndase la profesionalidad según Lobo, al margen de corporativismos, titulitis y demás parafernalia proteccionista. "Es un trabajo que puede hacer cualqueira, pero también requiere cierta preparación, manejar unos códigos, contrastar las fuentes". Esa línea delimita al profesional del ciudadano. Lo cual no resta valor a la inmensa fuente de información que constituye la red.

@ramonlobo Hay gente que dice que en Internet hay mucha basura, pero si vas a un quiosco también, y si vas a una libería también; hay que saber buscar


Esa permanente búsqueda acerca culturas, lima fronteras, y arroja luz sobre los matices del conocimiento. Como el que se establece entre la aconfesionalidad del Estado español, y la laicidad del francés, República construida "contra la iglesia" y con un sentido transversal de lo laico, explica Taillac. Así, la conversación fluctúa entre las vivencias de los corresponsales para con su público, incluso asuntos del día...

@blogal Explicar lo de Garzón es "sencillo": hay una cuestión jurídica, pero en España lo que se oye más ahora mismo son los argumentos políticos


@ramonlobo En una guerra la información puede ser mucho más brillante que en el Congreso de los Diputados, porque es brutal lo que estás contando


...y una profesión instalada en la sempiterna precariedad, que conoce Taillac en primera persona: "salvando los corresponsales únicos, los demás tenemos que pelear por vender un tema". Y de ahí a la falta de profundidad hay un paso. Riesgo que pretende conjurar su contertulio de El País...

@ramonlobo Hacer buen periodismo es el buen camino; cómo se va a pagar, si se va a pagar o no, o tendremos que ir por la calle convenciendo, eso no sé


@blogal La crisis financiera económica es un problema de empresarios, no de periodistas; que encuentren la forma de hacerlo rentable, con publi o...


...o en todo caso con el necesario rescate de fórmulas de credibilidad que se han visto sacudidas por las vicisitudes de las nuevas tecnologías. Y por un "cuarto poder" demasiado sujeto a la información "de corbata", institucional; una dinámica que no duda en calificar con un sustantivo con voz de figura penal:

@ramonlobo Estafa: si divides el número de corbatas que salen en el periódico por el número de páginas, tiene el índice de aburrimiento del periódico


El local de la calle Velázquez, instalado en el siglo XXI, también deja hueco para las viejas batallas. Las que se cuentan junto la máquina de café, por más que el café de máquina en este país de países sea imbebible, bromea el español y ríe su auditorio. En esta liza, venezolano de origen y con 55 eneros a sus espaldas, Lobo se lleva el gato al agua. Tiene tela para cortar. Recuerda cómo su primer jefe tiró a la papelera una entrevista con Antonio Gala, sin leerla siquiera. El entonces joven gacetillero lo intentó una segunda vez. Y su jefe le espetó: ¿tú quieres que se publique como está, y si no me gusta te despido, o quieres que la corrijamos juntos?. Lo segundo, jefe, acertó a responder Lobo. Y su superior, lapiz bicolor en mano (rojo por un lado, azul por otro), no tuvo piedad: "un adjetivo, ¡fuera!; una coma, pero ¿esto que es?, una coma es una mierda, ¡fuera!". Asaetado a rojos por los cuatro costados, el zagal de la redacción preguntó si debía reescribirlo. "¡Pues claro! Hale, hale, venga". Jefes de los de antes. De los que enseñaban. Y que ambos echan de menos.

@ramonlobo Ahora no hay ningún redactor jefe que te tire la página a la papelera, que te dé el libro de Herodoto como a Kapuscinsky para ir a la India


@blogal Uno de los dramas de esta crisis de los medios es que yo quero que me vengan periodistas con experiencia y me digan: esto es mejor así


El local donde se aborda el siglo XXI echa de menos, en última instancia, las herramientas más válidas del siglo XX. Incluso del XIX. En la calle se oyen consignas que también echan de menos las órdenes recias o la memoria histórica. O el derecho. O el revés. Taillac se lo contará a su público. Lobo nos contará las lágrimas de una familia asesinada por un misil israelí, el dolor de unas manos agrietadas por la codicia occidental en el África negra, o el error del último gurú que pronostique la desaparición del papel: "morirá antes de que el papel desaparezca".

Aquí finaliza esta crónica imposible de 1.612 palabras. Que son 9.520 caracteres, es decir, 69 tweets.

Extras
A.n.n.y.e. Secuencia fotográfica del III Café & Periodismo
mberzosa.com Café & Periodismo, trending topic nº.1
Rascar el cielo: III Café & Periodismo
Guerreando: Nuestro trabajo sigue siendo el mismo
Vídeo completo del III Café & Periodismo, aquí.

(Los tweets atribuidos a sus autores no son reflejo de lo que se puede leer en sus perfiles públicos de Twitter, sino mera recreación a partir de extractos de sus intervenciones en el III Café & Periodismo)

20100414

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Reforma laboral con retrogusto amargo

“Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta”. La frase la pronunció el hoy ministro del Interior y entonces portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, Alfredo Pérez Rubalcaba. Corría el 13 de marzo de 2004 y el dirigente del PSOE hablaba sobre la memoria reciente de 192 asesinatos. Seis años y un mes después, un martes 13 de abril, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, afirma que “la reforma laboral no recortará derechos de los trabajadores”. Y lo dice sobre la memoria de más de 4.000.000 de trabajadores en desempleo, y en la misma rueda de prensa en la que anuncia una rebaja en la indemnización por despido improcedente, de 45 a 33 días por año trabajado, en los denominados “contratos de fomento”.

Esta contradicción puede ser el primero de los muchos colofones a una historia plagada de mentiras: la de la respuesta, con hecho o con palabras, del Gobierno frente a la crisis económica. Y que desautoriza la máxima con la que Rubalcaba logró, hace seis años, el despertar de una masa de votantes que sólo tres días antes daba la batalla por perdida.

Basta un repaso superficial a un servicio sin aparente tendencia editorial como Google News para darse de bruces con el rosario de falsedades que, del estallido de Lehman Brothers (otoño 2008) a esta parte, nos han traído en volandas hasta el primer asalto a las indemnizaciones por despido. Entre 2008 y 2009 se publicaron del orden de 2.300 noticias que incluyeron el concepto “abaratamiento del despido” en su redacción. Basta con visitar la primera página de este imperio de Internet para tomar nota de algunas afirmaciones muy jugosas.

Por ejemplo, el 25 de septiembre de 2008, en un despacho de la agencia EFE recogido, entre otros, por finanzas.com, el presidente del Gobierno replicó a la patronal en su petición de abaratar el despido de la siguiente manera: “Si me piden mi opinión, esa propuesta, sinceramente, creo que no ayudaría a recuperar esa confianza que necesita el mercado financiero”. También sostuvo que cualquier reforma laboral se haría en la mesa de diálogo social. Sin embargo, y aunque con matices, los sindicatos UGT y CCOO expresaron ayer su rechazo a las medidas del Ejecutivo en lo tocante a la reducción de las indemnizaciones por despido improcedente.

Sarcasmo yankee
Cinco meses después, y esta vez como respuesta al presidente del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Zapatero expresó que “no debemos ir por ese camino”, en referencia al abaratamiento del despido. Más aún, y con cierto sarcasmo, añadió que “EEUU tiene el mercado laboral más flexible del mundo y sin embargo destruye empleo”, según la información recogida en su momento por el diario El Mundo. Si de verdades y mentiras se trata, este caso resulta especialmente significativo, porque las declaraciones se realizaron en el marco de un encuentro con la Asociación de Periodistas Europeos.

Sólo una semana más tarde, y como respuesta a una pregunta del diputado por IU Gaspar Llamazares, Zapatero reiteraba que su Gobierno jamás propiciaría ninguna reforma que supusiera un abaratamiento del despido. La nota que se puede leer en este enlace de Elperiódico.com también traza una especie de reconvención amable del presidente del Gobierno al del órgano regulador: “el debate está alejado –apuntó– de quienes lo reducen a si se debe o no abaratar el despido”.

Suma y sigue, el jefe del Ejecutivo fue incluso más tajante en junio de 2009, cuando espetó al homólogo de Ordóñez en Bruselas, Jean Claude Trichet, que “no está ni en el plan del Gobierno ni en el programa de investidura abaratar el despido ni hacer reformas que restrinjan los derechos laborales”. Sólo un día antes el presidente del BCE había solicitado públicamente una reforma laboral en España, país donde, en su opinión, las cargas sociales que soportan las empresas son “excesivamente onerosas”, según un teletipo de Europa Press rebotado por la Cadena Ser.

Medidas para el gallinero
Si nos vamos al otro lado de esta trinchera de medias verdades cruzadas, nos topamos con el mandamás de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Gerardo Díaz Ferrán. Al presidente de la patronal las medidas anunciadas ayer por el Gobierno le deben parecer insuficientes, pero al menos un paso en la dirección correcta. Y sobre todo tardías. Líneas arriba se cita la fecha del 25 de septiembre de 2008, en la que Zapatero había replicado a Ferrán. Y éste, efectivamente, había sido taxativo esa misma jornada: “ha llegado la hora de que se conciencie de que ésta es la peor crisis que ha pasado el mundo occidental. Ante problemas excepcionales se deben tomar medidas excepcionales como un abaratamiento del despido”. La información recogida en Cinco Días habla también de otra medida excepcional que el propio jefe de los empresarios había solicitado sólo una semana antes: nada menos que “un paréntesis en el libre mercado”. Entre ambas expresiones distan siete días… y dos reacciones muy diferentes de su gallinero interno. Un profundo malestar al “paréntesis”, y una aceptación generalizada al abaratamiento. ¿Diálogo social?

Y todo lo anterior, tan sólo revisando la primera de las 65 páginas que ofrece Google News al introducir el término de búsqueda “abaratamiento del despido” en los años 2008 y 2009. Quien quiera seguir investigando, puede servirse a gusto en este enlace. Han pasado seis años y un mes, de un 13 de marzo a un 13 de abril, y la pregunta sigue en el aire: ¿los españoles se merecen un gobierno que no les mienta?

20100412

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Si empuramos a Garzón, a Bush también

Primera columna de la nueva versión de www.confidencialba.com, de inminente puesta en marcha


Deseo con toda mi buena razón y mi mayor fe, que es poca en parte por culpa de quienes pregonan lo de “arrodillaos hijos, arrodillaos siempre”, que el escándalo destapado por Wikileaks se convierta en un “viral” con mucha más fuerza de la que ya ha generado. Me refiero a la matanza del Apache en uno de esos paraderos en los que Cristo perdió el mechero y el Tío Sam el petróleo, y a donde mandan a pobres marineritos yankees de medio pelo, media casta, media hipoteca y media clase social –que no clase social media– a jugarse el pellejo por los caprichos de los halcones que mandan en la América “de las libertades”.



Se lo puse a una amiga en su perfil de Facebook días atrás, tal cual se lo cuento ahora a ustedes. Si no han visto el vídeo, están tardando en hacerlo. Sigan este enlace –si sobrevive a la censura, que no existe, pero como las meigas haberla hayla–, y juzguen por sí mismos. Dura 17 minutos. Pero pesan como 17 segundos. Echo Charlie Bravo, fucking bastards, shit, fire, ratatatá. Fulminados 11 civiles, dos niños heridos. Y la mala sangre de saber que los que disparan son de nuestro bando, es decir, el de “los buenos”.

Sí. Que se convierte en viral. Que siente a la Administración Bush al completito y sin distinción por razón de sexo, edad, género o color de piel, en el banquillo de los acusados del Tribunal Penal Internacional. Si aquí tenemos la santa huevera de sentar en el banquillo al juez Garzón porque dos organizaciones ultras dicen que se pasan por el forro la Amnistía de 1977, digo yo que no será tan difícil combinar metralletas, Apaches, rangos militares y acabar apretándole el pescuezo y la conciencia a George Walker Bush, y a la plétora de compañeros de pelota del patio de colegio del Gobierno estadounidense.

(Los nostálgicos de tiempos remotos que quieren apartar las “sucias manos” de Garzón de la judicatura ignoran, por cierto, que la Amnistía en la que se pretenden amparan no tiene rango superior a la Convención Internacional sobre la Protección de las Personas Físicas contra las Desapariciones Forzadas, firmada por España en 2009. Si quieren saber por qué, lean este fantástico análisis publicado en Periodismohumano.com).

20100322

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Costumbrismo sobre raíles

Confidencialba. La columna del editor. Imagen: elmundo.es


La verdad es que ser español se convierte, en ocasiones, en un ejercicio diario de ciudadano coraje. Si te cuento, coliflor, que este puñetazo verbal me lo inspira de nuevo la Renfe, tienes todo el derecho del mundo mundial a mandar a paseo a esta servidora. Porque no sería la primera vez ni –seguro, a este paso– tampoco la última. Mis colegas los ferroviarios son como las añadas vinícolas de cuando no existían sumilleres chic, ingenierías agrícolas ni Cristo que los fundó: que un septiembre te salían excelentes y al siguiente servían como desatascador. Pues igual, pero de un día para otro.

La cosa es como sigue. Aquí mi menda tiene previsto viaje Albacete-Madrid para la tarde de un día. Pero como debe algún café y alguna honrilla en la capital del Llano, no le queda más que llamar al 902 de turno para que le cambien el billete. Para la mañana siguiente. Salvando la mala baba de tener que llamar a ese impuesto revolucionario legal que son los 902, manos arriba, la bolsa o la vida, hay que reconocer que los muchachos y las muchachas renferas, y su administrador de infraestructuras (ADIF), se lo tienen bien currado: tres minutos, nuevo localizador y una penalización de 3,45 euros. Fetén. Salvando, ya digo, el 902 y… el muy mejorable entendimiento de su página web con los estándares de Internet. Pero esto último es carnaza de tecnicismos, y no quiero aburrirte, coliflor mía.

Así que, de momento, puturrú de fua. Pero... como decía mi colega el músico digital –no toca un instrumento a derechas, el tío, pero tiene una jartá de oído–, “siempre hay un pero”. En realidad hay varios “peros” cuando uno pisa la estación provisional de trenes del harvar manchego. Entre ellos, el peaje que tuvieron que pagar siete empleados de la extinta cafetería de la antigua estación para que el progreso se abriera paso en forma de máquinas expendedoras, bocadillos de plástico, latas de jugos de colores y un kiosco franquiciado. No me repliques, maricoliflor, que aquella cafetería era cochambrosa y que hasta las moscas huían del inframundo que concitaba. Eso ya lo sé. Pero si ese era el problema –que va a ser que no–, cerrarla tampoco era la solución adecuada. Que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

El caso es que tragamos con todo. Yo mismo, querida, cuando me personé a la mañana siguiente en la estación me eché al cuerpo un combinado de leche y frutas en forma de tetra brik mini, pagado con lo que no me había gastado la tarde de antes –no me dejaron invitar al café, ventajas de la militancia en el INEM, digo yo–. Y me lo tragué. Tanto el zumo... como el pequeño estertor de conciencia proletaria que le queda a servidora, después de haber conocido diferentes versiones de la rosa y el puño socialistas, y hasta del palomo cojo del PP. Y si me apuras, de la sirena de ambulancia electoral: IUIUIU. Volviendo al relato, acababa de pasar por elautochecking, o como quiera que se escriba, y pa quitarse el sombrero, oyes: número de localizador, impresión, billete en mano. En menos de un minuto marchando billete oído máquina, y con estas manitas. De vicio, el progreso. A pesar de los pesares de la cafetería. Qué quieres que te diga. Cómo quieres que te lo pinte, si no.

Pero… –así, con puntos suspensivos me lo decía el músico; así que repetimos–: pero… cuando la que ahora te entretiene ya se las prometía felices, justo antes de pasar el control de rayos y toda la vaina, va y me aparece una sonriente, presta y disciplinada empleada de la empresa, para decirme que me olvide de lo que está impreso en el billete que tan solazado acabo de retirar de la máquina. “Es que han cambiado la plataforma –me suelta sin pedirme disculpas–, y ahora ya no vale. Ni tu coche ni tu asiento. Tienes que subir entre los coches 14 y 20 y sentarte donde haya un asiento libre”. Pero así tal cual, coliflor. Del 14 al 20. Y al bollo. El vivo. El muerto al hoyo. ¿Y no les ha dado tiempo de cambiarlo?, inquiero. “Es que no nos han avisado”. Con tiempo, se entiende.

Así que ya en el control de rayos –y centellas, que diría el capitán Haddock, mil millones de trillones de rayos y centellas, panda de bachibozuks–, mascullo algo tipo tié huevos que esta gente siempre me dé una excusa para escribir algo. Pues estaba dispuesto a pasarlo por alto, como lo de la cafetería, como lo del 902. Pero estáte ahí. A la hora prevista el Alaris hace acto de presencia, y los que nos creemos más listos que Santo Tomás de Aquino contamos: el 20, el 19… aquí para el 18… me voy unos metros más allá, donde no esté todo el personal apelotonado, a subirme en el 14 o en el 15.

Y allá que vamos cuatro infelices: el 18, el 17… ¡Carape, el 6! Oiga, ni el 16, ni el 15, ni el 14; ni toda la ristra de vagones que faltan hasta el 6. Es decir, que “del 14 al 20” nasti de plasti. Del 17 al 20, que es así como la mitad. Imagínate el pastel, mariflor, armados con maletas y sueños de puente –perderlos no es condición sine qua non de la condición sociolaboral de esta crisis de cinco millones de parados y cinco ricachones complacientes–, ahí nos ves al medio centenar, o más, de supervivientes del páramo, repartidos como a cada cual le dé a entender la sesera, para andar segundos después con la cantinela de que es triste de pedir, pero más triste es de robar: ¿está libre este sitio? ¿Hay alguien aquí sentado? ¿Tendría problema si…?

Ya ves, drama ninguno, coliflor. Sólo faltaría. Bueno, cariño, te dejo que aunque sea festivo quiero ver si hay novedades con lo de los ultras que quieren empurar a Baltasar. O con el buenazo de Roldán, que ahora es un santurrón para toda la prensa que lo utilizó como ariete para cargar contra Felipe –otro que tal–. O a leer a mi primo Marc Vidal, que nos cuenta las verdades del barquero de la economía, puntito mesías salvador, sí, pero valiente y tocapelotas, que falta nos hace. Sobre todo con lo que no nos quieren decir de la infartante deuda público-privada, como la que me han dicho le ha col(oc)ado Castilla-La Mancha al Santander –o Botín a la Junta de Comunidades, ves y busca–. O con tantísimas otras cosas por las que se hace tan cuesta arriba, como te decía al principio, tan de chirigota, tan de greguería, tan de sainete, quererse como español.

Que te vaya bonita la mañana, y besos a tu Paco. Dile que castos, no me mires así, que ya sabes que me lo conozco, por más que sea tu hombretón.

20100315

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La curva de marras de la carretera de Colmenar

Confidencialba. La columna del editor


Dios mío de mi vida, por favor, qué hijos de puta. Las palabras no son de este articulista, sino de la señora que a finales de febrero grababa cámara en mano la carretera de Madrid-Colmenar Viejo, M-607, km. 28. Es decir, justo donde la endiñó y se la endiñó su hijo hace dos años. Dios mío, qué hijos de puta, dice la señora y con razón, porque mientras se afana en su labor de camarógrafa le pasa un vehículo por la izquierda, y unos metros más adelante las ruedas se salen del trazado y acaba volando por encima del quitamiedos con las consiguientes vueltas de campana. Justo como su hijo. Pero ni Cristo se ha hecho responsable jamás de este cirio pascual del tráfico.


Ni de este, ni de ninguno en una carretera comarcal con aspecto de autovía y en la que se cuentan más puntos negros que en la jeta de un adolescente. Una carretera donde sólo en Nochevieja fueron "capaces" de salirse de la calzada –en el mismo punto– hasta nueve vehículos. Donde las muertes se cuentan por decenas, y donde el santo y seña diarios de cualquier conductor son el accidente de la jornada –¿ha habido muertos?–, el cambio de asfalto, con baches y parcheados cada dos por tres, y los peraltes a medias o realizados con el sentido de la topografía en el mismísimo trasero. Si es que es cosa de los topógrafos. O de quien sea.


Pero ni uno, oigan, ni un responsable público, de la Delectación General de Tráfico, de la Crapulidad Autónoma de Madrid o de la cosa pagada con impuestos de todos y competente en el asunto, ha salido jamás a decir esta boca es mía aunque me pongan el careto como un tomate de Mazarrón. En Colmenar, en las Alpujarras, en la Costa da Morte o en Albacete. En la España de la poltrona nadie es responsable nunca de nada: ni tan siquiera el conductor que entra a todo trapo en una curva marcada a 50, con gravilla, obras, lluvia y escasa visibilidad. Que haberlos haylos, como las meigas. Pero bien raro es que todos se hayan puesto de acuerdo para ir a matarse ahí, precismente, entre Colmenar y Tres Cantos. O en cualquiera de los puntos negros de la piel de toro. Así que algo más debe haber.

Cuando la cosa empezó a ponerse chunga de veras, por aquello de que cada vez más madrileños de nacimiento o de adopción hacían las maletas y tomaban las de la Sierra, se amplió un carril en la salida de Madrid y se colocaron un par de señales más de las de "cuidado que esto es peligroso que te rilas". Eso, y algunos "curas tumbaos" como les llama mi buen amigo el taxista. Es decir, badenes reductores de velocidad. ¿Oiga, y lo de curas? Porque son los que peor me caen, me dijo el muy bandarra en una ocasión: ponga usted ahí generales, banqueros, políticos o lo que le plazca, y así mientras a usted se le chafan los riñones, por lo menos se lleva la satisfacción de darle matarile a algún pez gordo. Que visto así es más que nada.

Ahora que una señora ha tenido la coincidencia, y no feliz, de grabar con su cámara a otro desgraciado del volante que prueba a dejarse los piños en esa carretera, entonces van y se ponen las pilas. Me lo cuenta la buena de Carmina, que hace día sí día no el trayecto Madrid-Sierra-Madrid. Que ahora pasa cualquiera de ustedes por allí y aquello es la repera de la obra civil. Vamos, que ni crisis ni formas consagradas en vinagre: excavadoras, obreros, vigas, asfalto, cemento, protecciones. Ni Montmeló. Lo están dejando requetepintao y maravillao, como el cacao.

Es entonces cuando uno se malicia, y les invita a ustedes a que lo hagan con toda la peor baba del mundo, que algunos de estos chupasangres de la res pública, esos que no han dado un clavo en su puñetera vida, y si pueden palmarán sin hacerlo, sólo son profesionales de la cuentitis y la carguitis. Y que no mueven un dedo ya se les pongan farrucas las circunstancias, salvo que alguien con la mala cabeza de contar las verdades del barquero armado con una cámara doméstica deje en paños menores su incompetencia, su incapacidad y su olvido sistemático de que está donde está, pagado por quienes les pagamos, para servir al respetable y no a sí mismo.

Échense una cámara al hombro, que las hay de andar por casa por menos de lo que cuesta el seguro del coche, y hagan revista de todo aquello que les consta que está mal, y les consta además que a los mandamases también les consta. Es decir, lo que hace el PP albaceteño con los barrios, pero aplicado a todo. Y acuérdense, cuando consigan los 30 segundos que dejen en paños menores a los que gobiernan, de buscarse un amigo informático que se lo suba a Youtube, y de decir bien clarito, antes de parar la grabación, "Dios mío de mi vida, por favor, por favor, por favor, qué hijos de puta, qué hijos de la gran puta".

20100308

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8-M: el feminismo como fin

Confidencialba. La columna del editor


A ver cómo se lo digo para que me copien rápido. Mi menda con su mecanismo se va a meter él solito en un follón de mucho cuidado, ¿vale? Así que no dejen después que me vaya lamentado por las esquinas de mi mala sombra. Esta calavera ya ha sobrevivido a alguna crucifixión, así que una más tampoco creo que vaya a ser para apagar las luces e irnos. Pero ya que se lo anuncio, tómense también la molestia de no quedarse en la superficie, como hizo el jueves Julia Otero con Arcadi Espada con lo de Rosa Díez y los gallegos –si no lo oyeron búsquenlo en Internet–. Quiero hablarles de ese apaño que es el 8 de marzo.

Sí, apaño. Digo bien. A ver si de primeras dejo claro lo que pienso del machismo en general y de los machitos en particular: pueden meterse por donde les quepa su complejo de inferioridad, sus fobias, sus hormonas, sus deportes televisados, sus María que son las diez, sus Gertrudis el cuello de la camisa cuántas veces te lo voy a decir, sus aspavientos, sus botellines en el bar, sus “mujeres…”, sus “todas sois iguales” y sus “en el fondo lo que buscan es alguien que les dé caña”. A esos, los pasamos por la cámara de gas y el mundo no pierde gran cosa –salvo, obviamente, un sentido universal de justicia que impone la desaparición de toda forma de pena capital, y que también suscribe este articulista–.

Pero con la misma, dejen que me ponga como una moto y hecho un basilisco con la tontería políticamente ignorante y velozmente correcta –o viceversa, tanto da–, que ha contaminado la memoria de tantas mujeres que lucharon por tener voz, y la ha transfundido en una feria de gangas, en un todo a cien con etiqueta del Corte Inglés ministerial –me disculpen los de don Isidoro, no va con ellos la cosa–, en un ágape febril de oportunidades políticas de bajo coste, discursos de saldo, fingimientos hiperactuados y trapicheos de ademanes impostados. Amén, que esa es otra, de una neolengua que ni en sus peores pesadillas habría imaginado el bueno de Eric Blair, conocido como literato George Orwell. Lean a Pérez-Reverte, y sabrán de qué les hablo.

El triunfo del feminismo como doctrina absorbida, y espoleada en su versión de bata y pantuflas por la clase política, es la mejor muestra de dos verdades incómodas: una, que el feminismo no ha sabido actualizarse para plantar cara y permanecer a la vanguardia social; dos, que ningún contrapoder puede amancebarse con el stablishment si quiere sobrevivirse a sí mismo sin convertirse en mono de feria. Debe combatirlo, abrirse hueco en él y desde dentro cambiar las estructuras, pero no para situar al contrapoder como nuevo foco de poder, sino como mosca cojonera y con un algo de Elliot Ness; es decir, incorruptible –si bien corren tiempos propicios para darle la vuelta a la tortilla y que los imputados denuncien a los garzones–.

El feminismo lleva en su actual definición sociogenética el virus que lo convierte en fenómeno de referencia mediática pero de irrelevancia ciudadana: su conversión en fin político indubitado, en axioma y en tótem, ha arruinado su histórica condición como medio. Como medio de control, como medio de modificación de patrones, de inquietud, de contestación al sistema o a sus derivas. El feminismo actual, al igual que el socialismo reconvertido en socialdemocracia –y si me apuran el cristianismo travestido en misa del gallo, comunión de la niña, boda desvirgada ante el altar y limosna "si ves que tal"–, es poco más que un grano de mosquito: una hinchazón de egos con tintes rosáceos que si un buen día le da por fastidiar, con aplicarle pomada, caricias y no hacer mucho caso, aquí paz y después gloria. Lo van pillando, ¿no?

En lo tocante a los posicionamientos institucionales del 8 de marzo, conviene no fiarse de ninguno: los que proceden de bastones de mando, porque jamás se van a pillar los dedos; los de oposiciones de tinte conservador, porque bastante tienen con parecer de centro reformista; los de oposiciones de tinte progre, porque les va en el ajo no dejar de apuntarse los tantos que regala este espléndido 8 de marzo; y los del feminismo mal llamado “radical”, los de color morado y mucho alambique simbolista, porque hablan para su propio mercado interno, sin dominar las claves de la comunicación social, y sin dejar que nadie les aconseje al respecto porque dicha comunicación es “márketing concebido en una época y un mundo de hombres”. Para orinar y no echar gota, oigan.

En cuanto a la desnutrición del mensaje original del feminismo, en este Occidente cargado de moralina y falto de ética, y en esta España abotargada de flojera mental y atonía intelectual, basta con ver cómo se han copiado los peores registros del machismo para darles la vuelta: hoy lo más in son los chulazos en lugar de las buenorras, la caracterización de hombres torpes donde hubo rubias tontas, el desprecio a lo masculino tras siglos de confinamiento de lo femenino. Y toda una generación hasta ahora inexistente de chonis cuyos méritos como mujeres son hablar, conducir, mascar chicle y despreciar la materia gris igual que sus poligoneros del alma. Así nos va, queridas; y queridos.

En cuanto a los spots televisivos, cruzada sin igual del feminismo oficial –Institutos de la mujer y sacacuartos por el estilo, ¿dónde están los Institutos del Hombre?–, cierto es que perdura el uso y abuso de estereotipos “macho alfa versus belladonna" –planta venenosa–. Pero a falta de una respuesta inteligente, también se ha impuesto el arquetipo hombre metrosexual dispuesto a todas horas para atender a una mujer ejecutiva, altiva, exigente y hasta displicente. ¿No sería conveniente cargar también las tintas contra esos roles de la dictadura publicitaria, que sólo intoxican la convivencia entre hombres y mujeres?

Que si defiendo algo del feminismo, me preguntarán a estas alturas. Claro que sí. Defiendo ir a decirle a las mujeres de nuestros pueblos y nuestras aldeas que hay más futuro que la vida limitada de los niños, el piso, la compra y el chicharreo al fresco o a la lumbre. Defiendo los valores de la escuela mixta y los equipos mixtos frente a los nuevos embistes del puritanismo disfrazado de ciencia bajo la etiqueta de “diferenciación”. Defiendo que las mujeres estén presentes en el habitual mundo de los hombres, de la crítica social y política mediante la polémica, la discusión y la argumentación lógica, de igual modo que los hombres han de saber incorporarse al mundo atribuido a las mujeres –intimidad, acuerdo, hogar, psicología–. Pero sin necesidad de renunciar a ningún rol, que es la buena nueva que nos ha vendido el triunfo del feminismo como fin, y no como medio.

Y no me fustiguen con banalidades lingüísticas de violencia de género –es al revés: género de violencia– o de invisibilidad. Mi menda no es más invisible por ser periodista en lugar deperiodisto, aunque todo se andará: la estulticia es así de invasora. La “invisibilidad” es otro concepto acuñado por y para los virtuosos del eufemismo, que sirve para referirse a mujeres, a niños soldado, a mendigos, a pobres y a presos. No me vendan motos. Pongámonos a trabajar en serio. Y ahora sí, si quieren, me muelen a collejas, pero no me sean soplacirios –ni soplacirias– con este tema, que es mucho más serio que el festival flower power del 8 de marzo.

20100304

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Carta "cerrada" y con lacre

De Confidencialba. La columna del editor.


Hola, Josemari. Me permites el tuteo, ¿verdad? Es que va a ser entre tú y yo, así, de mí para ti por ser tú, si tú quieres. La carta la pongo en público en vez de enviártela a Fuensalida, por motivos que ya si eso te cuento después. No pretendo hacer un remake de la carta abierta que te escribió días atrás el zagal éste de Ciudad Real, Otto-Reuss. No. No tengo necesidad ni ganas de ponerme en plan Émile Zola con el caso Dreyfus, y además es que creo que eso queda muy efectista y todo lo que tú quieras, pero no va a parar a ninguna parte. Así que te escribo en confidencia. Y en Confidencialba. Para que sea como más amable, más cercano y quizá, quién sabe, hasta más eficaz.

El motivo de mi carta, Chema, es que no sé a qué carallo (modismo gallego, la sangre siempre tira), estáis jugando. Sí, vosotros, los del socialismo obrero y español de La Mancha. No todos, sino los que tenéis la sartén por el mango y no la queréis soltar ni a perdigonazos. Que, ojo, lo entiendo y así te lo digo: si yo estuviera en tu lugar seguro que mi deseo sería el mismo, por una sencilla razón: a quienes llevamos en la genética la preocupación por la res pública, lo que más nos puede poner del concepto “poder” es la posibilidad de organizar la convivencia conforme a criterios ideológicos que consideramos los más válidos y apropiados para el progreso común. Es decir, eso tan manido y desgastado del “servicio al ciudadano”.

Ya ves que huyo de la crítica facilona y previsible: que si no trabajas, que si estás sólo por pillar cacho, que si seguro que te lo llevas crudo… Paparruchas: las mentes chicas critican a las personas, las mentes promedio polemizan con los hechos, y las grandes mentes discuten sobre las ideas. Y en el terreno de las ideas quiero situarme. Con la misma intensidad quiero huir del halago almibarado, pero debo reconocer que embelesas, tío. Tienes un don para cautivar al auditorio, y bien lo sabes. Y se pongan como se pongan, en esta tierra no tienes rival a la altura (todavía, le falta una primavera y alguna lección de telegenia). Además, parece que te crees lo que dices. Eso, así en general, es todo un puntazo. Adminístralo.

Pero con la misma, me vas a permitir que te diga que no entiendo tu obsesión, o la de tu Gobierno, por evitar que se critique vuestra gestión. Ni tú ni nadie sois perfectos y cometéis vuestros errores, como todo “hijo de cristiano”, Bono incluido. Y la verdad es que ahí, cuando tratáis de tapar lo que huele mal, patináis con estridencia. Que la gente no se chupa el dedo y bien está que, técnicas de marketing mediante, intentéis darle la vuelta a lo negativo para ponerlo en positivo. Pero tenéis que cortaros en lo tocante a soltar vuestros perros de presa allí donde se levantan voces críticas. O directamente cambiar el chip, colega.

Mira, no estoy por la labor de creerme las leyendas que circulan acerca de tus orígenes ideológicos. Eso es pornografía rosa del personaje, que como todo lo de los comebabas del corazón, me parece propia de mentes chicas. Así que doy por hecho que eres un demócrata integral, sin tacha; y como tal habrías de saber que nada es más estimulante para el ejercicio del poder en democracia que una crítica saludable. Porque la otra crítica, la que no es constructiva, se cae por su propio peso cuando el poder admite, y fomenta, cierto grado de contestación. Cuanto más amplio, mejor. Además, todas las vanguardias de la sociopolítica apuntan en esa dirección: más open Government y más transparencia. ¿O crees que lo de la Administración Obama es casualidad?

Lo que no puede ser es que en esta región haya tantos mecanismos aparentes de participación ciudadana, de información pública y de protección social, pero que en cuanto cualquiera de ellas se mueve un mínimo del guión “correcto”, lo mejor que puede pasarle es que no releven a sus dirigentes, aunque se les castigue el hígado en el ring de la esfera pública. Sobran ejemplos, pero no quiero caer en los hechos (mentes promedio). En particular, y porque lo conozco de cerca y lo he vivido, vuestra política para con los medios de comunicación llega al puntito de lo abrasador. ¿De verdad se necesita tanta presión, tanta advertencia y tanta moneda de cambio con la publicidad institucional a editores y periodistas que, sólo con que levantarais el pie del pedal, fomentarían un debate público más enriquecedor?

Es más, José María. Conozco, con nombres y apellidos, a hombres y mujeres de esta tierra, o que no lo son pero llegaron a ella para quererla y amarla, con tanta o más pasión que le echas tú al defender los derechos de la cuenca cedente, la potencia en energías renovables o tus 101 planes estratégicos. Hombres y mujeres que son socialistas desde la punta del flequillo hasta el juanete del pie izquierdo, de carné indestructible, de los de sangre roja y el corazón a la izquierda. Hombres y mujeres que participan en los centros donde se toman decisiones para la cosa pública, hombres y mujeres con formación en sus alforjas, cientos de lecturas como respaldo intelectual operativo, y bocanadas de conciencia social en cada uno de sus más livianos gestos.

Son también hombres y mujeres que en privado, con languidez en la mirada, pesadez en la conciencia y tristeza en la experiencia, hablan de las losas que todavía el caciquismo tardofranquista impone en La Mancha; amparadas, cuando no consentidas, ampliadas o protegidas por casi 30 años de Gobierno de tu partido. ¿Qué te parece? Hombres y mujeres que, sin querer queriendo, explican con rubor que lo mejor en esta tierra es guardarse las espaldas, andarse con mil ojos, traficar con la doble intención de las palabras y, hablando en plata, mirar por el culo de uno mismo antes que por el de los demás. Casi siempre, qué cosas, cuando se habla de asuntos referentes a tu Gobierno o a tu partido. O a sus adlátares. O a los negocios. O a la cultura. O a casi cualquier cosa. Porque lo tenéis invadido casi todo (casi).

Y eso cansa, Chemari. Aburre, hastía, y aunque la gente no se rebele en sus cuitas de a diario, provoca el peor cáncer que puede padecer una democracia: la indiferencia, el pasotismo, el “esto no va conmigo”. Y te quiero proponer algo que sé que da miedo, mucho miedo; pero no tienes ni idea del enorme favor que te harías a ti mismo y a tu Gobierno si mañana (o pasado, tómate el tiempo que necesites para decidirte), salieras a la palestra a reconocer una pifia en una entidad financiera, un despropósito en una infraestructura de 12 millones de metros cuadrados, un carajal de desvergüenzas en ciertas fundaciones, más de un ayuntamiento que se pasó de listo y de frenada con el becerro de oro de la especulación inmobiliaria, los flirteos de esta tierra con la industria militar, o algún contratillo de esos en los que no se cumplen plazos de entrega, precios o condiciones, y que terminan por dejar hecho un cirio pascual el perfil de contratante.

Sería la bomba si añadieras, así como guinda, que se acabaron la tontería, el trapicheo, el cachondeo, la corruptela, el abuso, la chulería y el despotismo. Que en ello pones tu cargo y tu credibilidad. Que vas a ir de frente, sin demora ni complejo, a por quienes hablan en tu nombre para vaya usted a saber para qué tipo de intereses espurios. Y que decretas el fin del peloteo, del mameneo, del colegueo y del enchufismo, con no sé qué herramientas legales que amparen de manera recia a cada uno de tus administrados. Para que puedan criticar, con transparencia, con libertad. ¿Tú sabes los puntos que ganarías?

Si tuvieras una más mínima idea de la afección ciudadana que eso te generaría, te pondrías mañana mismo a ello. Y aunque se te echaran encima ciertos dinosaurios, que están en esto por la pasta o por cualquier cosa peor… ¡Pues al cuerno con ellos! ¿Son acaso aliados fiables? No, compadre, son rémoras, sabandijas de la política. Lastres del entusiasmo. Deshazte de esa chusma (la misma que llama chusma a quienes tratan, desde la crítica, de mojarse e implicarse por el bien común), que nada bueno trae bajo el brazo. Respeto, ya te lo digo, que te dé pavor. A casi todos los gobernantes, seáis de izquierdas o de derechas, os pasa lo mismo, criaturicas. Pero una vez que te decidas lo único que lamentarás es no haber dado antes el paso.

En tus manos está. Y te lo cuento así, en carta cerrada, que no “abierta” como haría un Otto-Reuss o un Zola del montón, sino en sobre virtual y con su lacre digital. Lo de que sea pública es lo de menos, que una carta es como un regalo: la intención es lo que cuenta.

20100301

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La dieta de la oposición

De Confidencialba. La columna del editor.


Hola, doctor. Mire. Perdone que venga por una tontería, pero es que no me come. ¿Cómo dice? No, perdón, me refiero a que no me come bien. Y no soy endocrina, pero creo que es por culpa de eso por lo que está echando tripa y poniéndoseme fofo. Yo le pongo mis estofaditos de ajusticiamientos sindicales, mis adjudicaciones a la sal o a la espalda, mis láminas de becario cubriendo funcionarios en pepitoria, y no se lo come. Pero es que entre horas se atiborra de hamburguesas de mejoras en barrios y bolsas de gusanitos demagógicos. De vez en cuando, todo lo más, una pizza de feria centenaria, pero sólo con eso no se me va a criar en condiciones.

No, no me diga que vayamos al psicólogo de las urnas. Estuvimos en él hará cosa de ocho meses y el zagal salió requetecontento. En el test de felicidad electoral le sacó 20 puntos a Partido-Pardito. ¿Y sabe qué le digo? Que fue peor el remedio que la enfermedad: ahora me replica que no le hace falta tener cuidado con el estómago, que se las puede tragar dobladas, porque ninguno de sus compañeros de clase, ni Pedrito el Santo, ni Dieguito Poco Barato, ni Agustito No Rubio ni, por supuesto, Carmencita Ja Quiero le pueden hacer sombra. Porque si mi chiquillo me come mal, ni te cuento sus amiguitos, que se inflan a bollicaos de oscurantismo y a tartaletas de sombras chinescas.

Verá. Le pongo un caso. Hace cosa de unos tres meses le serví en su punto, ni muy hecho ni muy crudo, un secreto ibérico de líneas aéreas con puré de publicidad institucional, y por la noche una pasta fresca venida de Italia y con la garantía de su Mayordomo, sí, doctor, sí, el que acaban de pulirse como criado a conveniencia en la casa de Carlitos Rocoso. Como era de una calidad exquisita, la broma me costó seis millones, ¿sabe? Vamos, que con la crisis que hay y aquí me ve usted pagando el plato a tres años y con la ayuda de tito Chema Barrendero, que si no ni de coña.

Bueno, pues el niño se me puso con una sonrisa ladina que ya me la conozco de otras veces y que significa que sí, que vale, que tiene una pinta de la muerte y que tal y que cual, pero que no es plan de indigestarse con los gorrinos ni con la pasta, porque muchas veces los primeros son los que mejor manejan la segunda. Y no vaya a ser que alguien diga que se indigesta porque no entiende de altos vuelos culinarios, ni sabe surcar los aires gastronómicos. Total, que se relamió con delectación y apariencia, pero a la hora de la verdad, para que nadie le acusara de pijotero por comerse semejante manjar jugoso y excepcional, apartó el plato y se merendó sin decir ni media un pudding de frutos rojos de los de a riñón la ponencia en la José Saramago.

Así que eso. Que si usted dice que lo deje estar, que ya me comerá bien cuando crezca, y que no me empeñe en ponerle rebozados de TDT, pues aquí donde hay patrón no manda marinero y lo que usted mande que para eso es el especialista. Pero mire a ver si un qué sé yo, unas pastillas o un algo que le devuelva el tono, porque a este paso lo que me da miedo es que se me apoque. Que se me despiste y me venga cualquier mes, un decir, mayo del año que viene, con lloriqueos y con lamentos, con don Penseques y don Creíques, que ya me sabe usted que son hijos de don Tonteque.

Vamos, que si la cosa es que no me preocupe, porque seguro que él solito se pone las pilas, pues bueno, pues oye, pues tampoco es para ponerse en plan histérico. Pero ya le digo, que si me sabe algún remedio aunque sea en plan casero, para que el niño me coma de más a menudo un revuelto de plusvalías y contratos, por ejemplo; o unas lentejas con… chorizo de la marca Hacendado, mismamente; o una sopa de letras crediticias… con coca en los bares, o sea, con coca-cola y en el bar quiero decir, fíjese, hasta con coca-cola y en el bar si hiciera falta, pero al menos el niño se me pondría fuertote.

Y si tenemos suerte quizá sus amiguitos del barrio le imiten. Una suerte, ya le digo, que es que no es plan, ya le digo yo también, que las generaciones del día de mañana, las que han de decidir su destino y además el mío, se anden con esta flojera general y esta atonía de hambre política. ¿O no, doctor? ¿Qué me dice?

20100217

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Carnaval sostenible

De Confidencialba. La columna del editor.


La columna del editor Por Alfonso Piñeiro

Qué bueno, me digo, que estemos en Carnaval. Es una manera sandunguera, si acaso una de las mejores, de saber que todo puede ser tomado a ritmo de chirigota. Samba de Janeiro y de Belén Esteban, para asombrarse con los mensajes travestidos de los drag-queens de la cosa pública, y aplaudir el disfraz de cierta gentuza que es imposible que se crea lo que dice. A lo loco , a lo loco el discurso en tanga desvergonzado de mengano, el plumaje verde y sostenible de fulano, la traca de voces impostadas… No es como el 28 de diciembre, no. Pero casi: baile de máscaras de quienes visten el traje del emperador.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Así, por unos días, el funcionario temporal de turno (pues no otra cosa son los políticos), pueden ponerse sensibleros en una Convención sobre Cambio Climático y Sostenibilidad. Decir que se creen esto y lo de más allá. Confundir 70% de energías verdes con 70% de electricidad consumida procedente de fuentes renovables. Todo el mundo sabe que es una explosión súbita de fuegos de artificio, porque es Carnaval. Y así ha de ser, para que nadie se lleve a engaño.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Permite a empresas que reciben “amargos” por su falta de transparencia informativa –no siempre, no todas, seamos justos– ser a la vez sponsors de la cosa ecologista, mientras los congresos que patrocinan dejan fuera de juego a los sesentayochistas que toman el micrófono en el turno de preguntas presentándose como “un simple ciudadano”. Turnos de preguntas que, por cierto, son el único reducto en los que hacer posible, si es que se hace posible, esa máxima de la “participación ciudadana” de la que presume todo Ayuntamiento que se considere contemporáneo. Y sostenible, faltaría más.

Qué bueno que estemos en Carnaval. Porque así saben esos nostálgicos de Jean Paul Sartre, el Che y Mahatma Gandhi, como saben los ponentes del “cine de barrio” del cambio climático (acaso lo sepan desde antes y con más convicción), que esta función casposa de sobremesa es una tómbola, tom, tom, tómbola, de luz y de color. Como la vida, como las ideas, como el poder. Como el terruño pacífico de los Eurocpoters EC135, los programas de entrenamiento de pilotos de la OTAN y los aeropuertos de seis millones de euros en publicidad institucional. Elementos de pro que aseguran el desarrollo y el porvenir.

Qué bueno que estemos en Carnaval, se dice, se repite y se insiste en ello. Así los muchachos y las muchachas de la prensa saben, conocen e identifican la broma ligera de traer a un Nobel llamado Pachauri, a una ex primera ministra de Noruega o al creador de la campaña climática de Barack Obama, guanche para más señas. Es decir, quizá no orgullo pero sí reseña de la capacidad patria. Chuminadas, concluyen, los plumillas o casi mejor sus jefes. Quiere decirse sus editores, los mismos que trafican con la información en función de quién suelte prenda financiera, sobre todo ahora que estamos en crisis. ¿Independencia? Déjate de tanta gravedad, chaval, y baila, que estamos en Carnaval.

Qué bueno este Carnaval permanente. Las ponencias marco del indio de la India, de la noruega o del canario yankee son operetas bufas de lo que a fin de cuentas importa. Y quien no lo sabe es que todavía no se ha enterado de qué va la fiesta. Se toma nota de la rueda de prensa tasada a veinte minutos, y se toma prestada la nota de la agencia de turno; que para eso se paga, aunque luego sus plumillas y los de cada casa cobren una miseria sonrojante, y a los políticos se les hinche la moral hablando de los medios de comunicación, tan necesarios, tan objetivos, tan patatín y tan patatán. Por eso la hiperinflación de cámaras de televisión sólo se hace presente en la introducción y en la clausura de tres jornadas de perfil internacional. Esa introducción y esa clausura donde largan por esa boca pecadora que las urnas les han dado nuestros mandarines de patria chica. Curioso que sean tan mandarines y bocazas, cuando de todos es sabido la boquita de piñón que se gastan en la República Popular China.

Suma y sigue, qué bueno que estemos en Carnaval. Mientras Albacete descorcha botellas de champán de comercio justo por la buena nueva de la revolución verde, el azote de los curritos allende la capital, sr. Díaz-Ferrán, pide que el despido improcedente cueste 20 días. Y todo el mundo sabe que es un disfraz: ni 20, ni 45; si nos pusiéramos serios sería gratis total, para que despedir a un albañil porque me sale del colgajo o de la bisectriz (según género), no me cause traumas. Que estamos en crisis, ceporros, y hay que ahorrar. Y no me aprieten no vaya a ser que recuerde Auschwitz.

Hace días otro Ferrán, el Adriá, anunciaba el cierre temporal de su Bulli. Ayer corrigió: el cierre es definitivo. Y menos mal que estamos en Carnaval, rediezla, sapristi, porque de otro modo ni él ni nadie se atrevería a llamar restaurante a lo de Adriá. Pero en esto, como en todo, si no habláramos el lenguaje de la mentira oficial que hasta el más tonto se gasta en esta España cateta y envidiosa, y de pandereta, no nos enteraríamos. Por eso en Carnaval nos disfrazamos. Para ser más naturales que nunca. Para ser lo que querríamos ser. Carnaval, carnaval, carnaval te quiero.

20100210

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Penélope y Telémaco... por lo menos

Confidencialba, la Columna del Editor



Si no eres tú, lector –y me permites esta vez el tuteo–, tiene que ser tu pareja. Y si no tu padre. Y si no tu tía la que se fue a vivir a Cádiz. Pero a uno de los cuatro os toca, por ley estadística, haber estado la semana pasada pegadico a la pequeña pantalla formándose, abriendo la mente, recorriendo mundo, invirtiendo su tiempo en todos los verbos en gerundio que signifiquen adquirir cultura, educación, ideas críticas, dimensión global, pensamiento constructivo, acción ciudadana, compromiso vital y lucidez filosófica. Esto es. Pendientes de la nosecuántis reposición de ese paradigma de discernimiento e historia de la evolución titulado Gran Hermano.

No se preocupen. Al menos 18 de ustedes están disculpados de antemano –ya ven, ahora les trato de usted–. Porque estadísticamente están libres de semejante sindiós de decencia televisiva. Se lo digo porque los otros seis de la estadística, los correspondientse espectadores enganchados a la morfina de la bazofia de las vidas ajenas, ya me los topé yo. Comiendo. En un restaurante de esos tan modernos y tan nuevos en los que apenas tienes intimidad. Que uno podrá ser probe pero tiene sus euros para clavarse un menú de los de 300 duros. Y allí estaban. Espléndidos. Encorbatados ellos y de tacón ellas. Finos, jóvenes, aparentes y con hambre. Lobos de las finanzas. O de la administración, tanto me da, pero con la misma pinta de lobos que se gastan los antaño engominados señoritos de la madrileña zona de Azca.

La situación se veía venir. Antes o después. Tal nivel de civilización preclara hemos alcanzado en la perra España de los más de cuatro millones de parados –"nunca alcanzaremos esa cifra y nos quedaremos muy por debajo", dijo Corbacho hace menos de un año–, que el premio gordo estaba cantado. El refectorio en cuestión cuenta con dos pantallas de plasma de esas de rebajas del Mediamáster, o de la Cadenamarket, o de por ahí. Que hoy por hoy si no tienes semejante artilugio en un negocio no eres nada. Ni te comes un rosco.

Y se lo juro por mi santísima, en una emitían el Tal Cual Pascual me es Igual, de la cadena de Lara; y en la otra el Sálvame de los inoperantes, el programa de Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, que de no ser porque ya tienen papel asignado en esta vida, habrían encontrado acomodo, sin duda, en cualquier novela de Umberto Eco, de José Luis Sampedro o de Juan Marsé. Qué digo, en el mismo Quijote de Cervantes. Qué tontería: el Telémaco y la Penélope de Homero, como mínimo. De ahí para arriba, si se puede.

Ante tanto derroche de ingenio, era inevitable que alguna mesa hiciera alguna referencia a alguno de los nudos gordianos que se tratan en sus debates de altura: la jubilación a los 67 años, el despido libre, el incremento del periodo de cotización para el cálculo de las pensiones, el sobeteo y manoseo de la clase política con las cajas de Ahorro (Barreda CCM, Esperanza Caja Madrid), o el envío de 500 desgraciados de la soldadesca española a Afganistán, de los que –la estadística manda– se debería ir encargando ya los epitafios, flores y lápidas o féretros de medio centenar. Ea. Pues casi. Por muy poquito. Ya lo verán.

El programa de Mermelada y de "la mujer que se hizo famosa por tocarle la chorra a un torero" –impagable Ángel Martín, Sé lo que hicisteis, La Sexta–, se arranca con el resumen del reestreno de Gran Hermano. "Mira el Kiko, ya la lió otra vez ayer", dice una torda de los tacones. "¿Y ese quién es?, que no m'acuerdo", replica un encorbatado. "¿Pos si es que no te acuerdas, muchaaaacho? ¡El del primer Gran Hermano!", responde una segunda fulana. ¿No les decía yo? Intensidad, altura de miras, elevación del espíritu. Olé nuestros huevos, compadres.

Y en estas me acuerdo de la época en la que fui corresponsal de la Agencia Notimex. Cuando mi buen César Velázquez me agarró por banda y me dijo: "Oye, pues, pinche Piñeiro, tú que le echas ingenio, qué onda wey, por qué no hases las crónicas de estos pendejos del Gran Hermano, que los editores del de-efe no hasen más que pedirme la chingadera esta para los medios de allá; ya les digo que no mamen, pero ni modo, así que pues te lo ofresco, tú me dises". Qué bien lo pasé, recristo. Tirando de metáforas y relecturas del 1984 de George Orwell, novela distópica de la que sale esa figura del Gran Hermano, y que con que conociera la décima parte de la tropilla de reemplazo que se sienta ante su televisor para ver a estos héroes posmodernos, ya me daría con un canto en los dientes.

Por cierto. Dice la leyenda urbana de la literatura que Orwell –es decir, Eric Blair– escogió ese título al darle la vuelta a los dos últimos dígitos del año en que la terminó de escribir, 1948. También el año de máximo apogeo de la represión estalinista, que quedaba retratada en la neolengua, la reinvención del pasado, la arbitrariedad del gobierno, la policía del pensamiento y el omnipresente Gran Hermano. Es decir, el Estado. Quién le iba a decir al bueno de George que 60 años después el narcótico social no vendría en forma de represión, sino del reblandecimiento de las neuronas de todo bicho viviente. Sobre todo si es español. Y que encima le usurparían sus conceptos. Mira que somos.

Y luego, que si la crisis. Amos ya, cohone.

20100118

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Una cortina de humo

Confidencialba, la columna del editor


Resulta que mañana lunes –u hoy, o ayer, vaya usted a saber cuándo lee este texto–, el presidente de los empresarios de hostelería provincial, Juan Sánchez, sus homólogos castellano-manchegos, y su presidente regional, contarán en Toledo "toda la verdad" sobre la futura ley que prohibirá fumar en los bares. Y a mí como que me entra la risa floja. Una risita de esas entre histérica e indolente. No por el negocio de estos empresarios, que al parecer se va a ver seriamente afectado, y la divinidad me libre de desearles mal alguno; sino porque en el fondo todo este asunto me parece un brindis al sol de la hipocresía.

Aclaro en primer lugar que no soy objetivo en este análisis. Ni yo, ni nadie. Mi menda lerenda porque es fumetis, por tanto tan subjetivo y cargado de razones como los que no le dan al vicio, o lo dejaron por las razones que fueran. Tampoco pretendo convencer a nadie de las virtudes de fumar. Es más, en este Confidencial he autorizado algún artículo –Jorge Laborda, concejal de Sanidad y Consumo– contando las virtudes de la prohibición y lo malo malísimo que es el tabaco. Que lo es. Pero, se insiste en ello, todo este asunto no deja de ser una pantomima políticamente correcta. Incluso meapilas.

Primero, porque los hosteleros ya pueden ponerse más gallardos que la tropa reclutada para combatir junto a Villeneuve frente a los ingleses. Que va a ser que les va a dar igual. Con rebote o sin rebote van a tener ley. Más que nada porque el siglo XXI se estrenó en Europa con una sarta de leyes en las que con más o menos retraso, con más o menos matices, con más o menos revueltas, fumar es más perjudicial que "acariciar" a fulanos de piel morena en las cárceles de Abu Grahib o Guantánamo –nótese la finísima ironía con la que se traza que además, en esto, Europa no hace sino una copia vulgar y sonrojante de sus primos de gringolandia–. Así que, Sánchez y compañía: ajo y agua.

No sólo Europa. Es una fiebre global. Cada época tiene su dios particular. Los jacobinos tuvieron a la Diosa Razón, y los bienestarinos –así nos estudiará el futuro, fijo– tenemos a la Diosa Salud. Vean si no las parrillas matinales de televisión, las páginas centrales de los suplementos de fin de semana, los programas de radio más especializados, las páginas web y los foros de Internet más participados –casi siempre con datos a la ligera–, la obsesión por disfrazar el culto al cuerpo como incentivo saludable, la hiperinflación de productos dietéticos sin los que un supermercado hoy no se come un colín, los servicios de urgencias hospitalarios saturados por culpa de una población que a la mínima se pone nerviosa –servidor incluido–. Vamos, estamos como para una gripe A de las buenas, no de las de coña marinera como la última.

La Diosa salud está encima por incluso del dinero, bastante adelantada a las neosectas religiosas, y ni te cuento a qué distancia de una afectividad sincera, una ciudadanía comprometida –ay, la risa floja, que me vuelve–, una clase política honesta –me mondo lirondo–, o una banca transparente –para por favor que me dan agujetas de tanto reír–. Aunque tenga incoherencias de las buenas: Escocia prohíbe fumar en todos los lugares públicos y en los cerrados, salvo las cárceles por motivos "humanitarios". Buen humanitarismo ese que quiere salvar del cáncer de pulmón a todo el mundo menos a los presos. Luego que si la abuela, nunca mejor dicho, fuma.

Es el sino de nuestro tiempo. Y con él hay que apechugar, se dedique uno a la hostelería, al ladrillo, a juntar letras o a ser administrativo del Sescam, mira tú que apropiado por una vez. El problema es que, como toda moda, y a saber: primero, es pasajera; segundo, es más falsa que Judas; y tercero, obedece al lobby de turno, que cuando es contra el sistema al menos tiene su aquel de simpático. Pero cuando es oficialista, como el que nos ocupa, válgame lo ufano que se pone: si hubiera el mismo furor legalista para controlar las evasiones de capital a paraísos fiscales, el cumplimiento severo de la legislación laboral, la vigilancia sobre los metomentodo de la política o el amiguismo que asegura el ascenso en una bolsa de trabajo o en una oposición al cuerpo de bomberos –es un decir–, otro gallo cantaría.

Pero no. Fíjate por dónde que lo que aseguraría un mundo más justo, menos contaminado, menos egoísta, más comprometido y todas esas cosas que
figuran en el discurso de los mandatarios –como la juventud, el futuro y otros tripis que se meten los que alucinan en el poder–, no forma parte de las prioridades reales de los cacicuelos que afilan sus uñas y sus dientes cada vez que se baten el cobre en las urnas.

Porque además, si nos ponemos, nos ponemos. Pero con todo. Por ejemplo, cómo voy a negar, infeliz de mí, que un camarero o camarera tenga el derecho o la derecha de que no le contamine el humo o la huma de los demás. Faltaría plus. Pero por lo mismo, señores míos, tengo la convicción de que el monóxido de carbono de nuestros utilitarios de clase media engreída contaminan más o menos, y más más que menos, como el humo de nuestros diez minutos de felicidad. Esos diez minutos a los que cantó Calamaro –los de la SGAE que no lean esto, pardiez– aquello de "un beso, otro beso, y la pena se va con el humo".

Por lo mismo, tengo la más absoluta y completa seguridad de que las revistas del corazón, la pornografía rosa que inunda la televisión, la soez sociología de los grandes hermanos, el soplagaitismo artístico de los operatriunfos, la endeblez mental de los callejeros viajeros por el mundo de yupi de las casas de los ricos, el cansinismo agotador de los gobernantes con el culo prieto que quieren ver brotes verdes, después de que dos millones de españoles se hayan ido a la calle con una mano delante y otra detrás por todo taparrabos... En fin, esta sociedad en sus múltiples manifestaciones de bajeza moral y del todo vale mientras la fiesta siga, es en suma provocadora de muchas más muertes, enfermedades e infelicidad que un cigarrillo.

¿Qué hacemos, pues? ¿Prohibimos la circulación por carretera? ¿Prohibimos los espacios de cotilleo? ¿Prohibimos los sueños de celebridad de jovenzuelos a los que visten como chaperos o como meretrices porque tienen una voz de ruiseñor, o eso dicen? ¿Prohibimos la curiosidad de quién carajo se habrá comprado ese palacio? ¿Prohibimos la ilusión de salir de una vez por todas de esta maldición bíblica llamada crisis y que en realidad es corrección a lo bestia de un modelo de crecimiento inviable? ¿Prohibimos la pobreza, como cuentan que ha propuesto Zapatero para la presidencia de turno española de la Unión Europea? ¿Prohibimos, a secas?

Todo lo anterior, sin negar que para los no fumadores el humo ajeno es una jodienda. Todos los fumadores hemos sido en algún momento –al menos de niños– no fumadores. Y a todos se nos ha arrugado la nariz cuando nuestros padres o sus visitas se encendían un piti en nuestra presencia. Pero no se aprende mediante prohibiciones, sino educando. Los "esto es malo y no te recomiendo que tú lo hagas" que aprendimos las generaciones de los 60 y los 70 forman mucho más que ver a unos padres, unos abuelos, unos tíos o un simple desconocido, fumándose a hurtadillas, e hiperventilándose con las prisas, un truja cual delincuente. Todo adolescente quiere probar lo prohibido, lo perseguible, lo incorrecto. Podrá equivocarse, pero le resultará más tentador.

Y todo lo anterior, sea dicho también, sin negar conocimiento a don Jorge Laborda, con el que me une la mentalidad abierta, cosmopolita, hasta cierto punto soñadora, el protomotivo de impacto que no supimos perder de bebés, el motivo de impulsar el mundo a base de latidos de justicia social y, mientras los intereses de una de las partes no lo estropee, una franca camaradería. Que además es sana, aunque él no fume, y quien esto firma sí, y por ahora con delectación. Palabra que se parece de manera peligrosa a delito. Ojalá la enfermedad de la Diosa Salud no llegue a esos extremos.